Las “pausas de hidratación” que se vieron en el Mundial de Fútbol 2026 reactivaron un debate que excede al deporte: la dificultad de incorporar el descanso como parte del trabajo y como herramienta de prevención del burnout. En ese marco, la presidenta y fundadora de Vacation is a Human Right (VIAHR), María Méndez, planteó que las críticas hacia ese breve parate exponen la distancia que todavía existe para asumir el valor de la pausa en ámbitos de rendimiento exigente.

En el fútbol, las pausas de rehidratación y enfriamiento comenzaron a aplicarse en un partido de la Copa Mundial de la FIFA 2014, aunque antes ya se habían realizado parones en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Con el aumento de las temperaturas globales, la FIFA y distintas ligas pasaron de utilizarlas solo ante emergencias climáticas a estandarizarlas en torneos de verano, con el objetivo de proteger la salud de los futbolistas.

Del campo de juego al mundo del trabajo

Ese antecedente se traslada a otros sectores expuestos al clima. Méndez sostuvo que sindicalistas europeos lanzaron una petición global para generalizar las pausas en actividades especialmente afectadas por las altas temperaturas. Entre los rubros mencionados figuran trabajadores de la construcción, agricultores, choferes, personal de limpieza y otros empleos que implican trabajar durante horas bajo condiciones peligrosas, sin descanso.

El calor extremo, de acuerdo con el planteo de la autora, aumentó el número de víctimas mortales en casi todo el mundo, pero no constituye el único riesgo a considerar. Aun con condiciones óptimas de climatización, la pausa en el trabajo resulta imprescindible para prevenir el burnout, cuidar la salud mental y aumentar la productividad y el sentido de pertenencia.

“Aunque trabajemos en oficinas perfectamente acondicionadas, también podemos morir por agotamiento laboral”, comentó Méndez.

Micropausas, desconexión y licencias

La autora diferenció la pausa de una simple detención ocasional. En su enfoque, el descanso no funciona como un premio posterior al desgaste ni como una concesión del empleador. “La pausa consciente es un derecho humano fundamental”, señaló Méndez, al describirla como parte de una infraestructura organizativa orientada a mitigar el síndrome del trabajador quemado y a romper con la cultura de estar “siempre conectados”.

Para estructurar ese descanso, propuso distintos niveles. Las micropausas diarias buscan desactivar la respuesta de estrés en tiempo real: cortes intencionales de uno a cinco minutos entre tareas, sin revisar el celular ni consumir redes, con ejercicios de respiración reguladora o estiramientos. La pausa semanal apunta a garantizar la desconexión digital fuera del horario laboral, con el efecto de detener el “goteo constante de cortisol” asociado a las notificaciones y favorecer el sueño reparador. Por último, la macro-pausa —vacaciones y licencias— apunta a una desconexión prolongada para la renovación mental y la recuperación fisiológica profunda, con impacto en la salud emocional y la creatividad.