La escasez de profesionales de la salud en América Latina y el Caribe presiona a los sistemas sanitarios a revisar cómo planifican, distribuyen y administran sus dotaciones. Una estimación de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) proyecta que el déficit de trabajadores del sector podría ubicarse entre 600.000 y 2 millones hacia 2030, incluyendo médicos, odontólogos y profesionales de enfermería y partería.
El problema no se limita a incorporar más personal. En varios países, los equipos sanitarios se concentran en las grandes ciudades, mientras que los establecimientos rurales y de zonas apartadas enfrentan mayores dificultades para atraer y retener especialistas. A ese cuadro se suman la rotación de trabajadores y una demanda asistencial con variaciones relevantes según la temporada, las especialidades requeridas o la situación epidemiológica.
Planificación anticipada y carga laboral
En este contexto, la planificación de jornadas adquiere un rol operativo para sostener la cobertura, distribuir de manera equilibrada la carga laboral y responder ante ausencias imprevistas sin trasladar el peso al resto del equipo. También permite aprovechar mejor las capacidades disponibles y anticipar brechas antes de que afecten la continuidad de la atención.
Federico dos Reis, CEO de INFORM para América Latina, planteó que el desafío exige mayor precisión en la gestión. “El déficit de trabajadores de la salud no solo plantea un desafío de formación y contratación. También exige gestionar con precisión las capacidades disponibles, anticipar las necesidades de cobertura y construir turnos que protejan tanto la continuidad de la atención como el bienestar de quienes la entregan”, dijo Federico dos Reis, CEO de INFORM para América Latina.
Durante años, la organización de turnos se apoyó en planillas, calendarios independientes y ajustes manuales. Ese esquema puede funcionar en organizaciones pequeñas o en entornos relativamente estables, pero pierde efectividad cuando se deben coordinar múltiples unidades, perfiles profesionales, competencias, restricciones laborales y cambios de última hora.
De planillas a plataformas digitales
La planificación avanza hacia modelos más dinámicos, apoyados en plataformas digitales capaces de integrar en un mismo proceso variables como la demanda esperada, la disponibilidad del personal, sus competencias, las reglas laborales y, cuando corresponde, sus preferencias. Este tipo de herramientas permite anticipar eventuales brechas de cobertura, evaluar distintos escenarios y tomar decisiones antes de que una dificultad termine convirtiéndose en un turno descubierto.
El directivo sostuvo que estas soluciones no resuelven por completo la falta de profesionales, pero sí ayudan a utilizar de manera más eficiente los recursos disponibles, distribuir las cargas de trabajo y reaccionar con mayor rapidez ante cambios en la operación. En particular, la diferencia entre una planificación reactiva y una anticipada puede ser significativa: mientras la primera obliga a responder sobre la marcha frente a ausencias o aumentos inesperados de la demanda, la segunda permite identificar con anticipación dónde podrían generarse déficits y adoptar medidas para mitigarlos.
“Gestionar mejor el tiempo y las capacidades disponibles es parte central de la estrategia para sostener la atención a los usuarios”, concluyó dos Reis.












