La agroindustria argentina enfrenta una presión creciente por trazabilidad en los mercados internacionales, en un contexto de márgenes ajustados, altos costos logísticos y demandas de sustentabilidad. Con proyecciones de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) que estiman una liquidación de divisas superior a los US$ 36.111 millones para este año, impulsada por la recuperación de la soja y el maíz, el foco se desplaza del volumen cosechado a la eficiencia en la gestión de datos a lo largo de la cadena.
En América Latina se generan más de US$ 90.000 millones en exportaciones anuales y más del 60% de los compradores globales exige trazabilidad certificada a sus proveedores agrícolas, de acuerdo con un análisis regional de Zebra Technologies. En ese marco, los métodos tradicionales basados en anotaciones en papel o planillas de Excel cargadas de manera diferida exponen a las empresas a errores logísticos, rechazos de carga y demoras regulatorias ante normativas como la FDA FSMA de Estados Unidos, GlobalG.A.P. o BRC.
El diagnóstico de la compañía identifica cuatro brechas operativas que impactan en la rentabilidad del exportador. La primera es la falta de captura digital en origen: el registro manual diferido durante la cosecha deriva en datos inexactos, pérdida de visibilidad en tiempo real de los rendimientos por lote y falta de control fitosanitario preventivo.
La segunda brecha es el descontrol de activos retornables. Sin trazabilidad de pallets, bines y envases plásticos de agroquímicos, se generan pérdidas por reposición y multas por incumplimiento ambiental. La tercera es operar con inventarios estimados en lugar de reales: en bodegas o plantas de acopio, la falta de identificación automática de bultos puede provocar errores de rotación bajo criterios FIFO/FEFO (primero que expira, primero que sale), con mermas por productos vencidos o despachos cruzados.
La cuarta brecha se vincula con la trazabilidad discontinua para auditorías. Ante una alerta regulatoria o una sospecha de contaminación, rastrear un lote hacia atrás con registros físicos puede demandar días completos, cuando el mercado externo exige respuestas en minutos.
“El productor argentino adoptó rápidamente herramientas avanzadas en la siembra o la fertilización selectiva, pero el procesamiento logístico, el empaque y el despacho siguen arrastrando procesos fragmentados”, dijo Alejandro Prosper, vicepresidente para América del Sur y country manager en Zebra Technologies Argentina. “Un error de etiquetado o la falta de respaldo digital de un lote puede paralizar un barco entero en destino”, agregó.
Según métricas relevadas por Zebra en cadenas agroalimentarias globales, la migración hacia sistemas automatizados con cómputo móvil robusto, tecnologías de identificación por radiofrecuencia (RFID) e impresión descentralizada puede reducir hasta 30% los errores de despacho y pérdidas de producto, acortar el tiempo de respuesta ante un retiro de mercado de 72 horas a cuatro horas e incrementar 25% la eficiencia de los operarios rurales al eliminar la doble carga de planillas.












