Costos del transporte de cargas: suben 30,3% y crece el foco en datos

Con una suba de 30,3% en nueve meses y un alza de 2,55% en septiembre, el Índice de Costos de Transporte de Fadeeac vuelve a poner en agenda la eficiencia operativa de las flotas, donde el análisis de variables como kilómetros innecesarios, ralentí y mantenimiento puede ayudar a sostener la productividad

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Los costos del transporte de cargas en Argentina acumularon una suba de 30,3% durante los primeros nueve meses del año, según el Índice de Costos de Transporte (ICT) elaborado por la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (Fadeeac). En septiembre, el indicador registró un aumento de 2,55%, impulsado, entre otros factores, por peajes, neumáticos, combustible y personal.

En un escenario donde buena parte de esas variables queda fuera del control directo de las empresas, la discusión sobre eficiencia se desplaza hacia la operación cotidiana. El foco pasa por entender cuánto valor genera cada unidad, qué parte de los kilómetros recorridos resulta necesaria y en qué puntos aparecen ineficiencias que pueden corregirse.

En esa línea, Juan Cardona, vicepresidente Ventas LATAM de Geotab, planteó que la gestión interna abre oportunidades concretas de mejora aun con costos externos en alza. “Una empresa no puede decidir cuánto va a costar el combustible o un peaje el mes que viene, pero sí puede entender qué está pasando dentro de su propia operación”, dijo Cardona.

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De medir actividad a entender productividad

La disponibilidad de información operativa y del vehículo aparece como una herramienta para comparar unidades y detectar excepciones. A través de soluciones como MyGeotab, las empresas pueden analizar en conjunto datos sobre utilización, viajes, ralentí, consumo de combustible, rutas, comportamiento de conducción y variables provenientes directamente del motor. Ese cruce permite ubicar dónde se generan pérdidas de productividad y priorizar acciones.

Dentro de las variables que pueden mostrar margen de mejora, se incluyen los kilómetros innecesarios: desvíos, trayectos redundantes o una asignación poco eficiente pueden sumar distancia sin aumentar la cantidad de entregas o servicios. También se destaca el análisis de ralentí y consumo, al comparar unidades que realizan tareas similares para identificar diferencias asociadas a conducción, rutas, tiempos de inactividad o al estado del vehículo.

Otro eje es la utilización de los activos. Una flota ocupada no siempre es una flota productiva: el análisis de tiempos de conducción, detenciones y períodos sin actividad permite identificar unidades subutilizadas antes de sumar nuevos vehículos. A esto se suma el mantenimiento antes de la falla, a partir de datos de diagnóstico obtenidos desde los vehículos para detectar señales de deterioro y anticiparse a problemas que podrían dejar una unidad fuera de operación.

Medir antes de recortar

La presión por controlar gastos puede derivar en decisiones de corto plazo, como postergar mantenimientos o extender ciclos de utilización, con el riesgo de trasladar costos hacia otras áreas de la operación. En ese marco, Cardona subrayó el valor de seleccionar indicadores accionables: “Gestionar una flota con datos no significa llenar una pantalla de indicadores”, dijo.

El enfoque propuesto apunta a establecer líneas de base, comparar operaciones similares y concentrar esfuerzos donde exista mayor margen de mejora. En ese sentido, Cardona sintetizó la diferencia entre medir y gestionar: “Cuando cruzas consumo, kilómetros, utilización, tiempos de detención y datos del vehículo, entiendes por qué te costó eso”, concluyó.

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