La modernización de sistemas críticos heredados empezó a sumar un nuevo impulsor: la inteligencia artificial aplicada al ciclo de desarrollo de software. Camuzzi actualizó su portal de compras, una herramienta central para gestionar las adquisiciones, mediante un proyecto desarrollado junto a Baufest que incorporó herramientas de IA. El trabajo migró más de 45.000 líneas de código y redujo 24% las horas necesarias para completar la actualización.
En grandes organizaciones, estas aplicaciones pueden haber sido desarrolladas hace diez, veinte o incluso treinta años y, aun cuando continúan operando, suelen estar construidas sobre tecnologías difíciles de mantener. La falta de documentación, la escasez de especialistas y, en muchos casos, plataformas que ya no reciben actualizaciones, vuelven rígidos esos sistemas para acompañar la evolución del negocio, sumar funcionalidades o integrarse con otras soluciones.
Diego Cinto, Client Account Lead de Baufest, describió el problema de fondo: “El problema de estos sistemas no es que anden mal, sino que el negocio cambia y esos sistemas ya no pueden cambiar al mismo ritmo”. En ese contexto, hasta hace poco la alternativa consistía en reconstruir por completo la aplicación o reemplazarla por una nueva, con inversiones elevadas, plazos extensos y un nivel alto de riesgo operativo.
Cuando la IA llega a los sistemas heredados
La incorporación de IA apunta a modificar esa ecuación de costos y tiempos. “La principal barrera nunca fue tecnológica, sino económica”, dijo Cinto. En su lectura, la inteligencia artificial permite modernizar estos sistemas con menos esfuerzo y acelera proyectos que antes resultaban difíciles de justificar desde el negocio.
En el caso de Camuzzi, la iniciativa incluyó herramientas de IA en distintas etapas del ciclo de desarrollo. Además de la migración de código y la reducción de horas de trabajo, el proyecto incrementó la productividad tanto en la migración del software como en la generación de pruebas y la corrección de deuda técnica.
Mariela Nara, gerente de Innovación de Camuzzi, enmarcó la decisión en términos de adopción operativa: “Decidimos asumir el riesgo y hacer punta en la adopción de herramientas de inteligencia artificial para nuestra operación”. La ejecutiva agregó que el objetivo fue aplicar la IA en el presente para modernizar las bases y ganar flexibilidad para sumar funcionalidades al negocio con mayor velocidad.
La supervisión humana como condición
El uso de estas herramientas también plantea exigencias de criterio técnico. “La IA puede generar código funcional, pero eso no significa necesariamente que sea el mejor código posible. Sin una metodología y sin supervisión humana, el tiempo que se ahorra durante el desarrollo puede terminar perdiéndose después en calidad, corrección de errores o mantenimiento”, advirtió Cinto.
A medida que estas herramientas maduran, la IA comienza a ocupar un lugar cada vez más relevante en la modernización de aplicaciones que sostienen procesos centrales del negocio, con foco en reducir tiempos de ejecución y permitir que los equipos concentren esfuerzos en decisiones de arquitectura, validación y evolución tecnológica.












