Por Juan Pablo Martínez
Adolfo Aristarain comenzó trabajando en cine a mediados de los ‘60, y fue asistente de dirección en varias películas, incluida Érase una vez en el oeste de Sergio Leone, cuando fue a adquirir experiencia a Europa. A su vuelta, siguió trabajando como asistente en varias películas argentinas hasta que en 1978 estrenó La parte del león, su opera prima y un policial muy a contramano del cine que se estaba haciendo en el país, protagonizado por Julio De Grazia, Luisina Brando, Arturo Maly y un joven Julio Chávez.
Héctor Olivera y Fernando Ayala, dueños de la productora Aries Cinematográfica, vieron esta película y le ofrecieron dirigir dos entregas de una franquicia en coproducción con la discográfica Microfon. Fue así que nacieron La discoteca del amor y La playa del amor (ambas de 1980), películas con ambiciones comerciales cuyo requisito era que debían incluir varios números musicales de artistas del sello. Aristarain cumplió pero armó dos historias que elevaron muchísimo el material: La discoteca del amor es un policial totalmente cinéfilo, lleno de referencias al cine clásico estadounidense (el personaje que interpreta Darín se llama Eddie Ulmer en homenaje al director Edgar G. Ulmer; el villano que interpreta Tito Mendoza se apellida Lugosi), mientras que La playa del amor es una comedia de enredos muy por encima de la calidad promedio del cine comercial local de la época. Ambas películas comparten elenco: Cacho Castaña, Mónica Gonzaga, Ricardo Darín, Stella Maris Lanzani y el subvalorado comediante Carlos del Burgo.
Un año después, y también para Aries Cinematográfica, Aristarain estrenó Tiempo de revancha, obra maestra que no hacía más que evidenciar el talento de Aristarain como narrador, y una de las pocas películas que denuncian la dictadura durante la dictadura. Fue su primera colaboración con Federico Luppi, quien se convertiría en su actor fetiche. Al año siguiente fue el turno de Últimos días de la víctima, adaptación de la novela homónima de José Pablo Feinmann.
Aristarain viajó a España y en 1986 llegó Pepe Carvalho, una miniserie policial de ocho episodios basada en novelas de Manuel Vázquez Montalbán, con Eusebio Poncela interpretando al personaje principal. Un año después tuvo su primera y única experiencia con el cine de Hollywood. The Stranger (también conocida como Deadly) fue una producción de Columbia Pictures filmada en Buenos Aires y protagonizada por los estadounidenses Bonnie Bedelia, Peter Riegert y Barry Primus, pero con apariciones de Cecilia Roth (con quien ya había trabajado en Pepe Carvalho), Ricardo Darín, Julio De Grazia y Federico Luppi. Aristarain nunca estuvo conforme con el resultado final.
Fue recién cinco años después que llegó Un lugar en el mundo (1992), que marca el inicio de su segunda etapa como realizador, más centrada en los personajes y los diálogos, en los que comenzó a colaborar su esposa Kathy Saavedra, también vestuarista de sus películas. Filmada en San Luis, con muchos elementos del western en general y de un western en particular (Shane, el desconocido, de George Stevens) y protagonizada por Federico Luppi, Cecilia Roth, José Sacristán, Leonor Benedetto, Rodolfo Ranni y Hugo Arana, la película es una de las más grandes del cine argentino, si bien tuvo un pequeño escándalo en su momento cuando terminó siendo nominada al Oscar representando a Uruguay (Argentina había mandado El lado oscuro del corazón de Eliseo Subiela) y después se le revocó la nominación cuando se descubrió que la producción era mayoritariamente argentina.
En 1995, Aristarain filmó en España La ley de la frontera, una película de aventuras hecha y derecha ambientada a comienzos del siglo 20 y protagonizada por Achero Mañas, Pere Ponce, Aitana Sánchez-Gijón y Federico Luppi. La película fue un fracaso de taquilla, y hoy en día está bastante olvidada, pero merece una revalorización ya que se trata de una de sus mejores películas.
En 1997 llegó el turno de Martín (hache), otra de las películas más recordadas de Aristarain, filmada, al igual que sus dos películas posteriores, entre España y Argentina y con un elenco compuesto por Juan Diego Botto, Federico Luppi, Cecilia Roth y Eusebio Poncela en las que tal vez sean las mejores actuaciones de las carreras de cada uno.
Aquí hubo otro bache de cinco años en la carrera de Aristarain, y en 2002 llegó Lugares comunes, con Federico Luppi como un profesor universitario a quien obligan a jubilarse y decide, junto a su esposa (interpretada por Mercedes Sampietro) irse a vivir al campo. Una película muy conmovedora que incluye una pequeña pero inolvidable intervención de María Fiorentino.
Finalmente, en 2004 Aristarain estrenó Roma, que terminó siendo su última película (más adelante estuvo por rodar una adaptación de la novela La muerte lenta de Luciana B. de Guillermo Martínez pero el proyecto quedó trunco). Acaso su mejor película, e indudablemente la más personal de su carrera, en Roma Aristarain vuelve sobre su infancia en Parque Chas y su adolescencia y primera juventud, desde un presente en el que su alter ego está interpretado por José Sacristán (y, antes, por Juan Diego Botto y el pequeño Agustín Garvíe). Lo más recordable de la película es la extraordinaria actuación de Susú Pecoraro como su madre, cuyo nombre da título a la película.












