“El cine es oficio con imaginación”, decía Adolfo Aristarain, y pocas filmografías argentinas explican mejor esa idea que la suya. Frente a la tristeza por su partida, el Cine York elige volver a cuatro de sus películas más decisivas: Últimos días de la víctima, Lugares comunes, Un lugar en el mundo y Tiempo de revancha. Cuatro maneras distintas de entender el cine como relato popular, político y profundamente humano. Dueño de una puesta en escena precisa, diálogos invencibles e irrepetibles y personajes —personajes nuestros— atravesados por dilemas morales, Aristarain construyó un cine donde conviven el thriller, la emoción, la bronca y la ternura, siempre sostenido por una confianza absoluta en los actores y en la potencia de las historias bien contadas —como buen narrador con corazón clásico—. Revisitarlo hoy no es un gesto nostálgico: es volver a encontrarse con un cineasta que entendía el cine como una forma apasionada de encontrar un lugar en el mundo.

Dir. Adolfo Aristarain
En Últimos días de la víctima, Adolfo Aristarain transforma el policial en un retrato inquietante de un país atravesado por la violencia y la desconfianza. Federico Luppi interpreta a un asesino profesional metódico y silencioso que acepta un nuevo encargo sin imaginar que, detrás de esa rutina criminal, empieza a abrirse un territorio cada vez más ambiguo y peligroso. Basada en la novela de José Pablo Feinmann, la película combina tensión narrativa, climas opresivos y personajes al borde del derrumbe para construir uno de los grandes thrillers del cine argentino, donde cada conversación parece esconder una amenaza y cada movimiento anuncia que algo está por estallar.

Lugares comunes
Dir. Adolfo Aristarain
El cansancio de una generación, la fragilidad de los ideales y el amor como último refugio atraviesan Lugares comunes, una de las películas más personales de Adolfo Aristarain. A partir de la historia de un profesor obligado a jubilarse en plena crisis, el director construye un relato atravesado por la experiencia del exilio, el desarraigo y cierta melancolía política compartida entre Argentina y España. En el centro aparecen Federico Luppi y Mercedes Sampietro, componiendo una pareja de una intimidad extraordinaria, capaz de discutir el mundo mientras intenta sostener algo todavía más difícil: una forma de vivir con dignidad.
18 hs

Un lugar en el mundo
Dir. Adolfo Aristarain
Hay películas que parecen hechas desde la derrota, pero filmadas con una fe absoluta en las personas. Un lugar en el mundo es una de ellas. En uno de los puntos más altos de su carrera, Adolfo Aristarain construye la historia de una familia que, después del exilio y de las heridas de la dictadura, intenta levantar una vida posible en un pequeño pueblo del interior argentino. Entre cooperativas rurales, amistades inesperadas y conflictos económicos que anuncian el país que vendrá, la película mezcla melodrama, formación sentimental y reflexión política con una naturalidad extraordinaria. En el centro aparecen Federico Luppi, Cecilia Roth y José Sacristán, dando cuerpo a personajes atravesados por ideales, contradicciones y una dignidad obstinada frente a la intemperie del mundo.

Tiempo de revancha
Dir. Adolfo Aristarain
Un hombre decide enfrentarse al sistema aun sabiendo que probablemente vaya a perder. Desde esa premisa seca y feroz, Tiempo de revancha se transforma en una de las grandes explosiones políticas del cine argentino. Dirigida por Adolfo Aristarain en los últimos años de la dictadura, la película sigue a un trabajador interpretado por Federico Luppi que entra en guerra contra una corporación capaz de aplastar cualquier intento de rebeldía. Pero Aristarain no filma un panfleto: filma un thriller tenso, elegante y despiadado, donde cada silencio pesa más que una amenaza y donde el miedo social de toda una época parece filtrarse en cada plano. Entre conspiraciones empresariales, sindicatos perseguidos y cuerpos marcados por la violencia, la película construye una de las metáforas más feroces sobre la Argentina de aquellos años.












