miércoles, 22 de abril de 2026

    Lo que vale es el diseño

    Patricia Calfun sigue con orgullo el camino iniciado por su padre hace casi 50 años, cuando fundó la tradicional peletería ubicada en la calle Florida (a la que se sumó, seis meses atrás, otro local en Posadas y Libertad). Pero se muestra renuente a identificar a su negocio con la idea de los productos suntuarios. “La cuestión es la calidad. Para mí, hay muchas cosas de mi empresa que resultan baratas en relación con lo que son”, afirma, mientras señala el sector donde se exhiben las camisas de gamuza y cuero que cuestan $ 340.


    De todo lo que se ve en el local de Charles Calfun, puede estimarse que la mitad de las prendas cuesta entre $ 700 y 2.000. “Hay gente que imagina que en una peletería no hay nada por debajo de los $ 4.000, pero no es así”, argumenta la empresaria, mientras recorre los percheros donde se encuentran modelos de tapados de todos los largos imaginables, de pieles teñidas en colores intensos o tejidas como lana.


    Los artículos más costosos están relacionados con la piel más cara que existe, que es la marta cebelina. En ese material, un tapado trepa a un precio cercano a los $ 50.000. En un año se pueden vender dos o tres, aunque en otros tiempos más prósperos la cifra podía llegar a diez. “Hubo una época impresionante”, recuerda Patricia, “hace unos tres años, cuando nuestros precios eran muy bajos comparados con los de España. Y se llenó de españoles que compraban pieles porque allá les costaban el doble o el triple”.


    Si bien Calfun admite que la recesión también llegó “en alguna medida” a cobijarse entre sus pieles, destaca que “todo esto es nuestro, y eso nos evita complicaciones. Siempre hubo algo que nos hizo salir adelante, así que tenemos confianza”.


    Tanta que, en contra de la corriente, decidieron inaugurar un nuevo local luego de evaluar el desarrollo de la zona a partir de la llegada de los hoteles cinco estrellas. “Es una hazaña, porque una casa de alta costura no es lo mismo que una boutique. Nosotros nunca hicimos dos prendas iguales. Así que se nos complicó un poco, porque ahora estamos entre los dos locales viendo cuál se queda con cada modelo”.


    Más allá de los viajeros, Calfun asegura que tiene “clientes fieles, que aprecian la atención y el servicio que reciben, además de la calidad de las prendas. Pueden tener un capricho, y saben que hacemos lo que nos pidan”. Eso es posible porque la casa cuenta con talleres propios y guarda partidas de cueros, pieles y accesorios de manera que pueden reformar una prenda confeccionada años atrás sin que haya cambios en los materiales.


    La contratación de algunas páginas en revistas de moda y la organización de desfiles propios, con frecuencia presentados en emisiones de televisión por cable, son casi los únicos recursos formales que utiliza Charles Calfun para promover sus creaciones. “La estrategia más importante es ser honestos y tratar muy bien al cliente. Cuando alguien le pregunta de dónde es la prenda que lleva puesta, puede contestar con orgullo. Y si la prenda le queda bien, tal vez el otro venga. Y no hay mucho más que eso”.


    De Galicia con glamour


    Adolfo Domínguez (que tiene 148 puntos de venta en todo el mundo) llegó a la Argentina en 1998, con una propuesta de diseño basada, sobre todo, en las texturas y los materiales. Actualmente tiene tres puntos de venta: en Patio Bullrich, en Unicenter y en su local propio, ubicado en Arenales al 1700. En esta tienda de 800 metros cuadrados, con una planta para hombres y otra para mujeres, los clientes tienen la posibilidad de apreciar todos los productos que ofrece el diseñador.


    “La gente nos visita mucho, y eso nos gusta”, dice Susana Varsky, presidenta de la firma en la Argentina. “El local tiene, para nosotros, una doble función. Por un lado, se pueden ver nuestros productos exhibidos de una manera especial, y se recorre con comodidad. Y por otro lado, es una forma de decir ésta es la marca.”


    Adolfo Domínguez no hace publicidad, sino que descansa en el funcionamiento del boca a boca, confiado en la calidad de sus productos y diseños. Esa es la estrategia básica de la marca, más allá de su participación en desfiles colectivos y de su aparición en algunos programas de televisión, a cuyas estrellas viste. “No salimos a buscar figuras”, afirma Varsky, “sino que son ellas quienes vienen a vernos; estudiamos las características del programa, y si nos parece adecuado las vestimos”. Para este año, está prevista la organización del primer desfile propio de presentación de la colección otoño-invierno.


    “Crecimos a pesar de la recesión”, asegura Varsky. “En este momento, tendríamos que estar abriendo nuevas bocas de venta, pero tenemos planes muy importantes, a la espera de que el país despegue”. Entre esos proyectos, además de la inauguración de sedes propias, se estudia la alternativa de encarar una línea de franquicias.


    La propuesta básica del diseñador gallego, que lanzó su línea en España a mediados de los años ´80, está dirigida a hombres y mujeres de entre 30 y 45 años, aunque en los últimos tiempos ha ampliado su oferta. En 1999 lanzó la colección U (Ultimatum) destinada a un público más joven, a partir de los 18 años, que obviamente maneja un rango de precios algo menor.


    Según afirma Varsky, Buenos Aires está considerada como la capital de la moda del Mercosur. Esa es la razón por la que la empresa eligió esta ciudad para instalar su primera presencia sudamericana. “Aquí la gente sabe apreciar la calidad, el diseño, la buena confección. El argentino tiene una raíz culta y preparada, lo que lo pone al nivel del mercado europeo”.


    Entre los productos más costosos de la línea se destacan algunas piezas de sastrería ­la actividad original de la empresa­ con trajes que cuestan unos $ 560. En prendas femeninas, un ejemplo típico es un conjunto de chaqueta y falda en seda rústica, de algo menos de $ 600. En el otro extremo, las t-shirts de esta temporada están alrededor de los $ 30.


    Profesionales, comerciantes, gente del espectáculo, ejecutivos, conforman el mercado al que llega Adolfo Domínguez. Para Susana Varsky esto es así porque se trata de una línea que, si bien es de diseño, ofrece prendas cómodas, no particularmente impactantes, ideales para gente activa. Para Varsky, los productos de Domínguez no son exactamente artículos de lujo. “Se trata de prendas de calidad, dirigidas a un público ABC1, pero que pueden usarse en todo momento”.