Después de muchos años de crecimiento anárquico, en algunos casos en medio de un vacío legal donde se terminaba imponiendo la ley de la calle, poner las cosas en su lugar no será sencillo.
En este momento está en proceso adjudicatario la ciudad de Rosario, donde seis empresas ya han calificado para la primera etapa. Tras la muestra a partir de la cual se realiza una encuesta pública, se conocerán las propuestas económicas. Para la ciudad santafesina se calcula una inversión total de unos US$ 10 millones, una cifra que se multiplica por seis o siete en el caso de la capital federal.
El mobiliario urbano porteño aunque actualmente no se halla aún definido como tal está compuesto por elementos como los refugios, las pantallas municipales, los chupetes luminosos, los vallados de obra y las carteleras espectaculares en autopistas y avenidas. Según el nuevo plan, se agregarán otros como cestos, recipientes de reciclado, señalización de calles y paseos públicos, bancos de plazas y soportes para bicicletas, entre otros.
En marzo se conocerán los pliegos de la licitación internacional para el mobiliario urbano de Buenos Aires, de acuerdo con la ley 468 aprobada durante la gestión anterior. Todos los participantes de este proceso coinciden en los puntos básicos, como la necesidad de limpieza y ordenamiento de la situación actual. Sin embargo, existen algunos aspectos fundamentales en los que se registran diferencias.
Calidad y tecnología
“El espíritu es el de dar preferencia a las empresas nacionales”, explica Jorge Giberti, titular de la Dirección General del Espacio Público, dependiente de la Secretaría de Planeamiento Urbano de la Ciudad. Según las previsiones que se manejan en el organismo, 75% de los elementos que se instalen deben ser fabricados, construidos y armados en la Argentina; 20% puede pertenecer a empresas del Mercosur, y el restante 5%, de otros orígenes. En los casos de empresas extranjeras, el proyecto debe ser especialmente elaborado para Buenos Aires y realizado íntegramente en el país. Es decir que la distinción no se realiza a partir de la composición accionaria de los oferentes. “Para nosotros”, aclara Giberti, “es más importante la calidad en cuanto al mejoramiento del espacio público, que lo económico. Se puede decir que manejamos 50% en relación con la calidad y el avance tecnológico, y que la propuesta económica llega sólo a 20%.”
Según Pablo Martos, director comercial de Billboard, Supertrans y Dobila, la enorme inversión que requiere la renovación del mobiliario urbano de Buenos Aires se verá claramente en la nueva etapa. Y aclara: “Eso lo puede hacer cualquiera de las empresas que hoy están en las concesiones, y también las nuevas que quieran entrar en el negocio. Todas están capacitadas”.
Entre las empresas del sector, el origen de los capitales involucrados es un punto de conflicto interno, aunque existen otras diferencias entre los potenciales oferentes y los organismos a cargo. Una se relaciona con el plazo de las concesiones, que según la norma aprobada por la Legislatura es de 10 años. “De los estudios y consultas que estamos haciendo, surge que es el adecuado”, explica Giberti. Para las empresas, en cambio, 10 años no es suficiente. Según Fernando Sánchez, gerente comercial del grupo Billboard-Supertrans-Dobila, el plazo ideal es de 15 años: “La inversión es muy alta y la recuperación, lenta. En otros países se manejan esos tiempos, y hay lugares donde llegan a 20 años”.
También hay conversaciones sobre lo que ya está desordenadamente instalado, como carteles, columnas, marquesinas y paredones de edificios públicos que siguen siendo irregularmente explotados. Según Giberti, “el objetivo es lograr un acta-acuerdo entre el gobierno y las empresas, para que ellas tengan un mecanismo de autorregulación y empiecen a sacar la publicidad ilegal a partir del consenso”.
El llamado Plan Vereda Limpia establece que el gobierno se hace cargo de retirar gratuitamente los elementos ilegales, y los comercios y las empresas se comprometen a mantener la situación como se debe.
¿Cómo quedará Buenos Aires después del cambio? Los ejemplos extremos son tal vez la ciudad de México, con una enorme saturación publicitaria, y París, donde casi no existen los carteles. Según todos los actores de esta historia, la capital argentina estará en el medio.
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