La nueva década traerá nuevos aires a la industria de la pantalla chica. Con la digitalización de las señales de transmisión, la televisión se expande hacia horizontes imaginados en la literatura de ciencia ficción, ya que la tecnología digital, además de brindar una mejor calidad de imagen, logrará la interactividad entre público y emisor, permitirá acceder a Internet de forma más sencilla que desde la computadora y gestará un nuevo mundo de negocios, basados en la convergencia entre los universos de la informática, las telecomunicaciones y, por supuesto, la llamada caja boba.
Todo cambiará en los próximos seis años. Por un lado, los canales deberán hacer fuertes inversiones para reemplazar los sistemas de transmisión analógicos por los digitales, modernizar sus estudios, centros de edición, móviles y probar nuevos maquillajes y equipos de iluminación, ya que los estándares de definición permitirán observar hasta los más ínfimos detalles.
Las pantallas hogareñas, por su parte, no sólo deberán ser preparadas para aceptar el nuevo lenguaje digital, sino que también cambiarán de forma.
Y es aquí donde se encuentra el primer gran escollo para la llegada de la televisión digital. Los nuevos aparatos hogareños tienen un costo que en Estados Unidos supera los US$ 5.000.
Existe, por cierto, otra vía para la transición de la TV analógica a la digital: los set-top boxes, unas cajas que se conectan al televisor analógico y permiten convertir la señal digital, además de navegar por Internet.
La gran carrera
El lanzamiento mundial de la televisión digital se produjo en septiembre de 1998 en Inglaterra. Pero fue en octubre de ese año cuando la nueva tecnología tuvo su Día D en Estados Unidos. Más de 40 emisoras comenzaron sus nuevas transmisiones, impulsadas por fabricantes de equipos como Harris y Lucent Technologies.
La gran carrera se inició con buenos augurios. Las compañías de software y los programadores de entretenimientos interactivos están de parabienes, ya que los productores de Hollywood buscan nuevos contenidos. Microsoft, por ejemplo, intenta imponer como estándar de la industria de los set-top boxes, liderada por Motorola, al Windows CE, tarea a la que también se aboca Sun.
Sin embargo, el comienzo de la televisión digital en Estados Unidos apareció desordenado. Lo que parece natural, si se considera que ningún sector de la alta tecnología parece quedar afuera del impacto de la nueva carrera digital.
Por otro lado, las compañías de cable de los principales mercados de Estados Unidos se niegan a incorporar programas de alta definición. Se estima que antes del 2001 estas empresas deberán invertir cerca de US$ 33.000 millones para mejorar sus equipos, elevar su oferta a más de 300 canales y brindar acceso a Internet de alta velocidad.
La industria de las computadoras hogareñas padecerá un fuerte impacto, debido a que, en el futuro digital, cada canal de la pantalla chica será una dirección en Internet y algunos estarán reservados a entretenimientos, formación interactiva y hasta compras, mediante un menú que se operará con el control remoto.
Teclados, mouses y sistemas operativos serán poco amigables comparados con las bondades de la nueva televisión, convertida en un fuerte competidor de las computadoras en los hogares.
A paso lento
A pesar de que días después del estreno mundial de la televisión digital la Comisión Nacional de Comunicaciones realizó una audiencia pública para definir las cuestiones tecnológicas relacionadas con el desarrollo de la TV digital en la Argentina, y “garantizar los derechos de los consumidores y seguridad de los inversores”, sólo dos canales realizaron pruebas para iniciar sus emisiones de alta definición a comienzos del 2001.
De las tres normas de transmisión digital que existen, la norteamericana (ATSC), la japonesa (IDSB-T) y la europea (DVB), el gobierno argentino se volcó por la primera, días después de realizarse la audiencia pública. El entonces vicepresidente de la CNC, Roberto Uanini, explicó que la decisión se debía a cuestiones de escala. “Cuando en 1980, para la televisión color se optó por el Pal-N europeo, Brasil eligió el Pal-N y Estados Unidos el NTSC, con lo que se generaron problemas de compatibilidad y de escala de mercados para los fabricantes de televisores”.
La decisión gubernamental fue bien recibida por los operadores locales. Al menos eso es lo que opina Juan Carlos Guidobono, gerente corporativo de Medios Audiovisuales del Grupo Clarín, en cuya órbita se encuentra Artear (Canal 13). “Si continuamos con el sistema europeo, volveremos a tener problemas de compatibilidad, ya que la mayoría del equipamiento que usan los argentinos proviene de Estados Unidos”, explica.
La noticia también interesó a los proveedores de tecnología estadounidenses que operan localmente, aunque, como deslizó un importante gerente de Motorola, que pidió no ser nombrado, los europeos no quieren quedar excluidos y están haciendo esfuerzos de lobby para que las nuevas autoridades revisen la decisión. Pocos se atreven, sin embargo, a apostar por el éxito de estas gestiones, considerando, por ejemplo, que Artear y Telefé (ahora del Grupo Telefónica) llevan invertidos US$ 1.400.000 en equipos de transmisión y de medición para sus pruebas del sistema norteamericano.
Así las cosas, desde ambas operadoras se asegura que las pruebas resultaron exitosas y que la tecnología se adapta con holgura a las características geográficas de la Argentina.
¿Quién paga?
Pero otros nubarrones parecen oscurecer el horizonte prometedor de la televisión digital. Cada canal deberá invertir cerca de US$ 13 millones en el equipamiento básico para transmitir en alta definición. Y la cifra sólo cubre el equipo transmisor y un móvil.
Como explica José Mostany, gerente general de Sony BPLA -la división de la compañía que se dedica a la manufactura de equipos profesionales- la mayoría de los canales abiertos de televisión ya cuenta con cámaras y estudios de edición digitalizados, aunque todavía queda bastante por hacer para llegar a las exigencias de la alta definición.
Lo cierto es que los gerentes de los canales se preguntan de dónde saldrá el dinero para financiar los nuevos estudios. Eduardo González, gerente de Técnica y Operaciones de Telefé, tiene una respuesta. “Cuando vengan los proveedores a ofrecerme equipos para mis estudios, espero que traigan una propuesta acerca de cuánto me van a dar por cada televisor digital que vendan”, argumenta. González explica que buena parte de la programación de Telefé es de producción propia que, además, se exporta. “Seguramente, las producciones que realizaremos en alta definición serán vendidas en el exterior como premiun, pero hay poco mercado para eso en América latina, que es hacia donde se dirigen nuestros productos”, dice.
Guidobono reconoce que financiar las inversiones en nuevos equipos mediante las ventas al mercado hogareño “fue algo que se nos pasó por la mente. Pero ahora estamos pensando en dos alternativas, que debemos analizar con las autoridades. Una es que los equipos tengan una exención impositiva, y de esa forma nos salgan más baratos. La otra es que el Estado cobre un impuesto a los nuevos televisores para crear un fondo destinado a que los canales se modernicen”.
Claro que cargar con nuevos impuestos a los nuevos televisores también puede traer desventajas. Desde los tiempos de la audiencia pública realizada en 1998, asociaciones de consumidores, gobierno, fabricantes y operadores discuten acerca de los costos de la migración del sistema analógico al digital y de la necesidad de educar a los usuarios para que no se embarquen en la compra de equipos que pueden ser obsoletos en poco tiempo. Guidobono cree que la migración será lenta y estima que habrá que esperar por lo menos hasta el 2006 para que el parque de televisores se renueve por completo, de modo que los dos sistemas convivirán hasta bien entrada la década.
Tal como ocurrió con la llegada del color, durante ese lapso los canales ofrecerán sólo una parte de su programación en alta definición.
La interactividad, por otra parte, demorará más tiempo. “Hay
que manejarse con cautela en este punto, porque el público argentino
no está muy acostumbrado a relacionarse con las emisoras”, advierte Guidobono.
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Experiencias de
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