Luego de que Iridium se amparara bajo el capítulo 11° de la ley de quiebras estadounidense, por no poder cumplir con los plazos para pagar una deuda que a mediados de 1999 rondaba los US$ 1.500 millones, ICO Global Comunications, otra empresa de telefonía móvil satelital que planeaba ingresar al mercado en agosto del 2000, quebró un año antes de su puesta en servicio ante la imposibilidad de reunir US$ 600 millones para financiar sus compromisos.
Las malas noticias alcanzaron también a Globalstar, que originalmente tenía previsto su debut para el primer semestre de 1999, pero que tuvo que demorarlo hasta los primeros días de este año, debido, entre otras razones, a que tenía media docena de satélites almacenados en la bodega de cargas de un cohete ruso que estalló minutos después de su lanzamiento, durante la primavera austral de 1998.
Los servicios móviles globales de comunicación personal (GMPCS, por sus siglas en inglés) fueron pensados para los viajeros de negocios. Al menos ésta era la propuesta de Iridium, que con una inversión de US$ 4.500 millones y 66 satélites en órbita, no le pudo ganar la partida a los operadores de sistemas celulares convencionales, que lograron acuerdos de roaming internacional.
Globalstar, por su parte, con una constelación de 48 satélites y US$ 2.500 millones de inversión, apuesta a la utilización de teléfonos satelitales en mercados verticales, como minería, petróleo o la industria naviera, segmentos a los que, luego de su derrota comercial, Iridium comienza a atacar.
Nichos y mercados
“Nos dimos cuenta de que el viajero de negocios no era nuestro único cliente y luego de la rebaja de tarifas nos propusimos vender el servicio en otros mercados”, explica Fernando Concheso, director Regional para el Cono Sur del consorcio liderado por Motorola y Telecom Italia.
Concheso explica que Iridium planea ampliar sus servicios y lanzar, antes de marzo, un sistema de transmisión de datos personalizados, con el que los usuarios podrán enviar y recibir correo electrónico y fax. “Esto permitirá desarrollar nuevos nichos”, se entusiasma Concheso.
Ivon Ferrette, director general de TE.SA.M. Argentina, la operadora de Globalstar, dice que desde el comienzo su firma se diferenció de Iridium a partir del concepto de los mercados verticales. “En nuestra firma participan importantes operadores, como Vodafone y Chinacom, además de proveedores de tecnología que conocen muy bien qué es una red celular, lo que es muy importante para el éxito de la empresa”, afirma.
Globalstar proyecta acumular, para fines del 2000, unos 600.000 clientes en todo el mundo y cerca de 10.000 entre la Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay, con lo que la oficina regional llegaría a facturar US$ 8 millones.
Iridium, por su parte, cuenta con 350 usuarios en la Argentina, y espera duplicar la cifra antes de fin de año.
Tercero en discordia
Pero en los mercados verticales Iridium y Globalstar se encontrarán con otro competidor. Aunque su negocio no pasa por la transmisión de voz, sino por la de datos. El 15 de septiembre del año pasado Orbcomm puso en marcha su sistema en la Argentina, de la mano de BGH.
El sistema de 28 satélites fue puesto en órbita tras la asociación de Orbital Sciences, un importante proveedor de la NASA, constructor de sistemas de lanzamiento y satélites, y la empresa de telecomunicaciones canadiense Teleglobe, luego de invertir algo menos de US$ 500 millones.
BGH adquirió la licencia de Orbcomm para la Argentina y cerró 1999 con más de 70 terminales vendidas. Carlos Canale, gerente de Marketing de la firma que preside Alberto Hojman, explica que Orbcomm tiene tres aplicaciones básicas: gestión y localización de flotas terrestres o marítimas, control de procesos remotos y paging bidireccional.
La mitad de las unidades vendidas en la Argentina se aplican en telecontrol de oleoductos, y Canale estima que para fines del presente año habrá vendido unas 3.000 unidades, que le aportarán una facturación de US$ 2 millones.
Según Ferrette y Concheso, Orbcomm no es un competidor en los mercados verticales, ya que “la voz sigue siendo importante, sobre todo para las personas que están en lugares remotos, que no sólo quieren recibir correo electrónico o fax”, aseguran.
Desconfianza
Canale advierte, por su parte, que los problemas de Iridium afectaron a todo el negocio satelital desde el punto de vista financiero, al convertirlo (a pesar de sus 40 años de historia) en un sector de riesgo a los ojos de los bancos.
La cadena de producción de este negocio es, por cierto, muy compleja. Parte desde el diseño y manufactura del satélite, continúa con la construcción de estaciones terrenas, el lanzamiento y la puesta en órbita, y finaliza con la venta de la capacidad del aparato.
Más allá de los GMPCS, hay que considerar que, desde el punto de vista comercial, hay distintos negocios satelitales. Uno de ellos es el servicio satelital fijo (GEO), prestado por aparatos que se encuentran en órbita geoestacionaria, a una altura de 36.000 kilómetros, que prestan múltiples servicios, como transmisión de datos, telefonía fija y móvil, televisión y sistemas de navegación, como el Sistema de Posicionamiento Global (más conocido como GPS por sus siglas en inglés).
Los servicios GMPCS corren por satélites que se encuentran en órbitas más bajas, como los LEO, que se ubican entre los 500 y 3.000 kilómetros de altura y los de órbita media (MEO) que se instalan a menos de 20.000 kilómetros de la superficie terrestre, diseñados para servicios personales de voz, datos y paging.
“Para cada aplicación hay un negocio con sus respectivos riesgos”, explica Daniel Salzer, gerente general de Nahuelsat, el único operador nacional de servicios geoestacionarios. “Como lo demuestra lo ocurrido con Iridium, las aplicaciones aisladas tienden a fracasar. Creo que, en el futuro, los servicios satelitales van a converger”.
El futuro
Las publicaciones especializadas pronostican que el negocio satelital generará, durante el periodo 1998-2002, ingresos por US$ 577.100 millones.
Los segmentos que asoman con más perspectivas de crecimiento son la transmisión de datos, las comunicaciones móviles, y la transmisión de video personalizado y datos personalizados en banda ancha.
Ante este cuadro de predicciones, Salzer saca sus propias cuentas: “Iridium e ICO están quebradas, a ICO ni siquiera se le aceptó el pedido de convocatoria. Por otra parte, el proyecto Teledesic, de acceso personalizado a Internet vía satélite, está paralizado. Además, las redes de fibra óptica son complementarias del satélite en cuanto al negocio de transmisión de datos y absorben parte de su crecimiento. Entonces, el futuro se concentra en servicios de video personalizado (DTH) y de datos personalizados”.
En Estados Unidos hay 70 millones de hogares con TV paga y 10 millones que acceden al servicio satelital de televisión, es decir, una relación de siete a uno. En la Argentina esa relación es de 50 a 1. “Aun tomando en cuenta las distorsiones de los mercados por razones históricas, demográficas y de nivel de ingresos, debería haber un mercado de video personalizado significativo, un servicio que sólo puede ser atendido por satélites”, argumenta Salzer.
Apuesta a la red
En cuanto al negocio de datos personalizados, las perspectivas parecen más alentadoras. En Latinoamérica se ofrece Internet por medios terrestres, “pero no se ha masificado lo suficiente y no se llega con servicio adecuado a muchas regiones (rurales, por ejemplo)”, advierte Salzer. “Al menos parte del mercado no atendido con video personalizado es importante para servicios novedosos de datos/Internet. El satélite permitiría llevar estos servicios a cualquier cliente, utilizando cualquier tecnología de acceso final, y permitiría masificarlos”.
Los satélites deberán convivir con otros medios y como soporte de servicios específicos.
El desarrollo actual de los servicios LEO y MEO muestra que aún pasará bastante tiempo hasta que puedan reemplazar a los satélites GEO. Los servicios ofrecidos por LEOs y MEOs (telefonía, navegación) son: o bien en un segmento para el cual los GEO no pueden utilizarse (navegación de precisión, imágenes satelitales), o en nichos de comunicaciones especiales no ofrecidas por GEOs (telefonía en regiones remotas).
Norberto Heyaca, gerente de Marketing de Comsat, la firma de transmisión de datos de la corporación Lockheed Martin, explica que la tecnología satelital ofrece como ventaja la posibilidad de brindar servicios de broadcasting, “y en los últimos años se observa una creciente utilización del satélite para estos servicios, lo que deja pocos recursos satelitales para el uso de Internet en el Cono Sur. Internet demanda mayor ancho de banda y no hay suficientes redes de fibra; por eso se utilizan satélites hasta la extensión de las redes terrestres. Pero, además, la fibra permite enlaces simétricos, construye carreteras con igual cantidad de carriles de ida que de vuelta. El satélite, en cambio, permite enlaces asimétricos, lo que ahorra costos, ya que la relación de tráfico con Estados Unidos, que es donde está la mayoría de los sitios, es de ocho a uno”.
Entre las desventajas de los satélites, Heyaca señala dos. A diferencia de lo que ocurre con las comunicaciones terrestres, que tienden a abaratarse a medida que las redes aumentan su capilaridad, los costos tienden a reducirse muy poco en los satélites, ya que hay que poner en órbita cada vez más aparatos.
En segundo lugar, y especialmente para los satélites GEOs, hay una demora en las comunicaciones, que se disimula muy bien en transmisión de datos, pero que produce un deterioro en la calidad de las comunicaciones de voz.
“Sin embargo, hay enormes ventajas, como la seguridad”, argumenta Heyaca. “Desde hace más de 20 años se ofrecen servicios comerciales de satélites, y los inconvenientes que se presentaron fueron muy pocos. Otra ventaja es la rapidez de la instalación, ya que las compañías satelitales podemos llevar telepuertos móviles para transmitir un evento desde donde sea necesario”.
Marcelo Girotti, gerente general de Impsat, apunta a cuestiones regionales
que favorecen la utilización del satélite. En países como
la Argentina y Brasil, donde hay ciudades con fuerte concentración poblacional
y económica, lo recomendable es trazar una red terrestre. “Fuera de estas
zonas, existen necesidades que deben ser atendidas con servicios de alta calidad
y en esos casos el satélite es ideal, ya que permite llegar a cualquier
lugar con una inversión razonable”.
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