-¿Cómo está absorbiendo el Mercosur la crisis provocada
por la caída del real?
-Es muy probable que los flujos de comercio en la región sufran un
impacto negativo, porque los productos importados ahora resultan muy caros para
los consumidores brasileños. Por otra parte, hay productos como
las materias primas y las autopartes que, con este nivel de cambio, reactivarán
su producción en Brasil y estarán en condiciones de sustituir
importaciones. En Brasil ya se nota claramente un retroceso de las importaciones,
y la tendencia se profundizará. Sectores como el automotor, o el de los
electrodomésticos, padecieron una caída muy fuerte de la demanda
local, en algunos casos superior a 30%. La industria automotriz es el ejemplo
más concreto: en Brasil hoy no se vende un coche importado modelo ´99.
-¿Qué sucede en el sector de la alimentación?
-No se advierte una retracción en la industria local, porque los precios
permanecieron más o menos estables. Pero sí se redujeron las importaciones,
sobre todo las de los productos perecederos. En algunas categorías como
los embutidos provenientes de Europa la caída fue de 80%.
-¿Usted cree que el impacto de la crisis brasileña sobre
el resto de los países del Mercosur pone en evidencia algunas deficiencias
estructurales del bloque?
-El impacto, que coyunturalmente puede ser muy fuerte para algunos sectores,
va a diluirse con el tiempo. Pese a que los productos brasileños hoy
tienen ventajas competitivas importantes en cuanto a precio, la realidad es
que no se está dando una explosión de ventas hacia la Argentina.
En Brasil hay una fuerte conciencia de que el Mercosur es un bien muy valioso.
Demandó mucho tiempo construir el bloque, destruir muchos mitos y suprimir
barreras históricas, y eso no puede perderse. Preservar el Mercosur sigue
siendo una cuestión estratégica para Brasil.
-En el Mercosur falta, todavía, coordinar políticas económicas.
¿Hasta dónde se puede avanzar si persiste esta falencia?
-Diría que es una laguna. Pero hay que entender que el estado de desarrollo
institucional de los países miembros del Mercosur no es el mismo. La
Argentina caminó primero, estabilizó su economía, encaró
muchas reformas y puso en marcha sus privatizaciones. Brasil, en cambio, avanzó
más despacio: logró estabilidad sin hacer las reformas necesarias
e inició el proceso privatizador hace muy poco tiempo. La convergencia
llegará, pero en el largo plazo.
-¿Cuál es la visión que tienen en la Fiesp sobre
el rumbo que tomará la economía brasileña?
-Las opiniones están repartidas. Entre los optimistas se cree que el
real llegará a estabilizarse en 1,70 durante los próximos cuatro
meses. Los pesimistas, en cambio, piensan que la paridad con el dólar
va a instalarse por encima de los dos reales. En cuanto a la inflación,
el mejor escenario indica que para este año podría ubicarse entre
12 y 15%. Los precios podrán subir durante los próximos tres meses.
Después, como consecuencia de la recesión, volveremos a los niveles
anteriores a la crisis.
-¿En este último período han surgido, entre los empresarios
brasileños, opiniones contrarias a la continuidad del Mercosur?
-No hay una sola voz que se pronuncie en ese sentido. Si se observan las estadísticas,
es fácil comprobar que en los últimos cuatro años la balanza
comercial fue favorable a la Argentina. Ahora lo será para Brasil, pero
más por la caída de las exportaciones argentinas que por el aumento
de las ventas brasileñas.
-¿Cómo responden los empresarios brasileños a las
promesas del presidente Cardoso a las autoridades argentinas de reducir subsidios
a las exportaciones?
-Fernando Henrique Cardoso tiene la opción de pasar a la historia como
lo hizo Menem, como el hombre que logró el tránsito de la hiperinflación
a la estabilidad, el que construyó las bases para el ingreso de Brasil
al Primer Mundo, el que realizó las reformas internas y consolidó
el Mercosur. Esos son los desafíos que tiene por delante. El presidente
sabe que el Mercosur es lo más importante. Si dice que trabajará
para que el Mercosur crezca, yo le creo. El retiro de los subsidios a las exportaciones
no debe considerarse como un punto aislado: tiene que ver con la eliminación
de las asimetrías, que es hacia donde debemos avanzar.
-Los empresarios argentinos han reclamado que se fijen cupos transitorios
para el ingreso de determinados productos brasileños. ¿Le parece
que ésta es una solución viable para el problema?
-Creo que hay que determinar dónde están los puntos sensibles,
y dar las oportunidades a los sectores privados de la Argentina y de Brasil
para que, en cada caso, se discutan los problemas y se encuentren soluciones.
Este debe ser un acuerdo punto por punto entre los empresarios, no entre los
gobiernos.
-¿Cuánto tiempo podría extenderse la crisis?
-Las crisis de Brasil, a diferencia de las de Argentina, nunca fueron muy
largas. Pero son pocos los que creen que este año vaya a haber una clara
recuperación. Los optimistas piensan que las cosas mejorarán en
el 2000. Los pesimistas también dicen que será en el próximo
milenio. (Risas) Los factores que están en juego son múltiples.
Hay que avanzar con las reformas y profundizar el ajuste fiscal. No es posible
continuar con déficits eternos. En gran medida, la estabilización
va a depender de la aprobación del último paquete del ajuste fiscal,
de la marcha del acuerdo alcanzado con el FMI y de que se llegue a un superávit
de la balanza comercial. Además, será necesario que retornen las
líneas de crédito a los exportadores.
-¿Cómo ve la perspectiva de una moneda única para
el Mercosur?
-Pienso que no será posible en el mediano plazo, pero sí en
el futuro. Para llegar a una moneda común hay que recorrer un camino
muy largo y hace falta encarar las reformas pendientes en Brasil. Además,
¿cuántos grupos están hoy trabajando dentro del bloque para
eliminar las asimetrías? Aunque son menores que en el pasado, las diferencias
persisten.
-¿Qué futuro le espera al bloque después de esta
crisis?
-Se fortalecerá. El Mercosur es la única herramienta posible
para hacer frente a los grandes bloques económicos del mundo. La situación
actual es coyuntural. Los proyectos de largo plazo siguen siendo los mismos.
Si estuviéramos en una carretera San Pablo-Buenos Aires y en la mitad
del camino nos encontráramos con una inundación, seguramente no
abandonaríamos la idea de llegar a destino. Habría que encontrar
un desvío o algún puente que nos permitiera pasar. Pero salirse
un poco de la carretera no quiere decir que se haya perdido el rumbo.
