miércoles, 27 de mayo de 2026

    ¿Moda pasajera o transformación?

    Una muestra de confianza
    Juan Alemann,
    ex secretario de Hacienda

    Los fondos son un síntoma de la confianza que el exterior deposita en
    la Argentina. La principal diferencia con los empresarios tradicionales es que
    se manejan de una forma mucho más profesional, muy orientada hacia la
    búsqueda de eficiencia. Y, además, compran y venden muy rápido:
    adquieren una firma, la levantan y si encuentran una oportunidad atractiva,
    la venden.

    La razón por la que los fondos reemplazan a los industriales tradicionales
    de la Argentina no es un misterio. Lo sorprendente, en todo caso, es que no
    hayan venido antes. En Estados Unidos ya no tienen nada que comprar: los mercados
    están maduros, la Bolsa está inflada y el rendimiento que ofrece
    es mínimo. Si le prestan al Exxel en lugar de financiar a los empresarios
    locales es porque conocen al grupo, que participa de los circuitos internacionales.
    Y porque saben que, si les va bien, consiguen una renta de 15 o tal vez 20%,
    lo que es impensable en los mercados centrales.

    En las economías emergentes encuentran un campo enorme porque hay muchas
    empresas con dificultades.

    Noto, de todos modos, que los fondos no son proclives a comprar compañías
    con problemas serios. Más bien buscan empresas que funcionen, que requieran
    algunos ajustes, no una gran inyección de capital. Newbridge desistió
    de comprar Alpargatas, por ejemplo. Yo he tenido charlas con fondos por empresas
    en convocatoria, y pese al blanqueo del pasivo que significa esta situación,
    ellos no mostraron interés.

     

    El Exxel no es lo mismo que Soros
    Jorge Remes Lenicov,
    diputado justicialista,
    ex ministro de Economía de la Provincia de Buenos Aires

    Todo capital que venga de afuera debe ser bien recibido, como apoyo al ahorro
    interno. La inversión externa ha sido crucial para mejorar el management
    y la capacidad tecnológica de nuestras empresas. Para 1997, los capitales
    externos representaban 26% de nuestra inversión macroeconómica.

    Por eso digo que la experiencia del Exxel Group no es nueva; ya en 1994 una
    de las principales empresas de nuestro país, Terrabusi, fue comprada
    por Nabisco. No encuentro diferencias entre esta compra y las que hacen los
    fondos de inversión. En todos los casos ellos aportan inversión,
    tecnología y management. Compran, ponen valor y venden. Pero esto
    involucra un salto tecnológico y gerencial. Por eso sostengo que no se
    comportan como financistas netos: no se trata de gente como (George) Soros,
    que en un segundo juega contra el peso, el yen o el marco.

    El Estado, mientras tanto, debe reivindicar el papel del pequeño y
    mediano empresario y apoyarlo con información, crédito y capacitación,
    es decir, con los tres ingredientes que vuelven al Exxel diferente. Así
    conseguiremos desarrollar una malla de Pymes que le aporte estructura a nuestra
    economía.

    Porque en este esquema de crecimiento, no hay derrames de las grandes a las
    medianas y pequeñas; y las empresas como las que maneja el Exxel se transforman
    en islas de competitividad.

    Nadie en el mundo conoce el origen de los fondos institucionales, no es porque
    sí que existen los paraísos fiscales. Pero si existen Mónaco
    o Liechtenstein es porque los países desarrollados hacen la vista gorda
    a cambio de quedarse ellos con una parte de esos capitales cuyos orígenes
    no se conocen. Si hay dinero que se va, el interés debe ser conseguir
    que vuelva.

     

    Hijos de la globalización
    Horacio Cepeda,
    investigador del Instituto
    para el
    Desarrollo Industrial de la UIA

    Los fondos de inversión no procuran operar sino hacer diferencias, así
    que, en buena medida, su comportamiento está emparentado con el de los
    brokers inmobiliarios. Se trata de comprar y mejorar. Esta gente tiene
    una visión más profesional, si se quiere más global, del
    negocio. De hecho, quizá sean el efecto de la globalización.

    Grupos como ellos, sin restricciones de capital y con facilidades para conseguir
    tasas más bajas de financiamiento, se transforman, para los vendedores,
    en un comprador ideal. Están en condiciones de pagar más, porque
    el beneficio futuro para ellos puede ser mayor: tienen más posibilidades
    de expansión y de aprovechamiento de oportunidades.

    La cuestión clave es si van a resultar exitosos a largo plazo. Resulta
    sospechosa la compra de empresas aisladas, en un proceso en el que no está
    claro el sentido estratégico.

    La experiencia de los conglomerados en Estados Unidos que, después
    de diversificarse, volvieron al core, no permite predecir nada, porque
    acá hay una diferencia de desarrollo de mercado importante y porque no
    existen leyes antimonopólicas: en la Argentina podrían comprar
    una porción de mercado muy grande y no pasaría nada.

     

    Hay demasiados interesados
    en vender

    Rodolfo Terragno,

    diputado nacional, ex
    ministro de
    Obras Públicas

    Grupos como el Exxel existen en todo el mundo, cumplen una función y
    pueden ser muy positivos. Ellos desarrollaron el know how de detectar
    oportunidades de negocios con empresas económicamente fuertes y financieramente
    débiles y recolectar fondos para adquirirlas.

    El problema aparece cuando la actividad de estos grupos se hipertrofia, como
    es el caso de la Argentina.

    Entre las condiciones que hacen posible el funcionamiento del Exxel aparecen
    la debilidad de la cultura empresaria argentina y la exposición abrupta
    a la competencia que lleva a muchos a vender. El Exxel toma este dato y compra,
    pero su objetivo no es, de ninguna manera, convertirse en un grupo industrial.
    Actúa de intermediario: invierte para mejorar y, en cuanto se presenta
    la oportunidad, sale.

    En una economía desarrollada con un mercado de capitales fuerte y transacciones
    entre las empresas nacionales, con fusiones como las que se dan en todo el mundo,
    las intermediaciones de los grupos de inversión son mucho menores.

    Lo que pasa es que en la Argentina no tenemos una Bolsa, sino una bolsita
    que mueve 25 millones por día, muy pocas transacciones y mergers
    entre nuestras firmas y un exceso de empresarios deseosos de vender.

    Cuando un grupo como éste adquiere un peso tan grande es porque el
    resto no está funcionando bien.

    No creo que éste sea un fenómeno que se mantenga por mucho tiempo
    en la economía argentina. Pasada la apertura, las privatizaciones y la
    estandarización de los precios relativos, no van a encontrar tan a menudo
    la rentabilidad que están teniendo hoy.

     

    Apuesta al corto plazo y a la liquidez
    Jorge Schvarzer,
    profesor e investigador de la
    Facultad de
    Ciencias Económicas de la UBA

    La apertura atrajo tanto a las multinacionales como a los consorcios de inversión,
    pero no creo que se trate de lo mismo. Nabisco o Dow apuestan a la producción
    en su sector, juegan a futuro y harán las inversiones que sean necesarias
    para consolidarse. En cambio, los grupos que manejan fondos institucionales
    apuestan al corto plazo y a la liquidez.

    Esto es explícito. Su objetivo es comprar, mejorar y luego vender,
    porque no apuntan directamente al crecimiento productivo sino a la renta financiera.
    Esto plantea una cuestión que no es menor: son el mayor empleador del
    país, pero nada garantiza que lo sigan siendo.

    Hace 20 años pasó algo parecido en Estados Unidos. Nacieron
    los conglomerados, grupos financieros que compraban desde caramelos hasta plantas
    siderúrgicas. La caída de este esquema fue bastante obvia: resulta
    imposible gerenciar empresas tan diferentes.

    El problema que veo en los fondos es que han logrado tasas de rentabilidad
    tan altas ­como quedó demostrado en la venta de la mitad de Norte­
    que los pisos de rentabilidad que se fijan para inversiones futuras bloquean
    las posibilidades de inversiones productivas reales. Las ganancias que han tomado
    hasta ahora desalientan inversiones normales. Además, ni desde la teoría
    ni desde la práctica se concibe al desarrollo sin empresarios nacionales,
    porque es el local el que tiene que maximizar su negocio localmente.

    Por otro lado, los países que crecieron son los que pusieron énfasis
    en la tecnología y en las fábricas, no en las oportunidades financieras.
    Aunque, claro, la industria no nace sola sino que requiere un entramado institucional
    y el compromiso explícito del Estado.

     

    Queda lugar para más grupos
    Osvaldo Kacef,

    investigador del Instituto para
    el Desarrollo
    Industrial de la UIA

    El Exxel tiene, evidentemente, posibilidades de expandirse en el negocio que
    le permiten pagar un precio muy tentador a los dueños de las empresas,
    que no cuentan con posibilidades de desarrollo parecidas. Aquí, el acceso
    al financiamiento es crucial.

    Como grupo inversor, no creo que tengan una vocación industrial o comercial
    muy definida. La lógica que se sigue es la de los mercados financieros;
    entonces, si el negocio pasa por otro lado, se desarma lo existente.

    En ese punto es distinto de un industrial, que está atado a los fierros
    que tiene, y no es tan fácil vender. De todos modos, pienso que si ellos
    planean salir, no será en el corto plazo sino en el mediano, cuando hayan
    podido valorizar los precios que hayan pagado y tengan un negocio mayor.

    Un país no crece de la misma manera con empresarios con vocación
    industrial que con empresarios que compran y venden permanentemente. El industrial
    toma riesgos, a veces casi irracionales, para modificar la planta, modernizar,
    lanzar nuevos productos. La vocación empresaria implica que el empresario
    va a tratar de expandir su negocio y reinvertir en el país, cosa que
    no sé si el Exxel va a hacer.

    Todavía hay lugar para más grupos de este tipo, quedan zonas
    sin ocupar. La productividad de la economía argentina estuvo detenida
    durante 20 años. Me parece que cualquier sector que sea básicamente
    comercializador y en el que se requiera una inversión en distribución
    y en cultura organizacional es apto para un grupo de este tipo.

     

    La lógica financiera
    rige para todos

    Eduardo Basualdo,
    investigador y coordinador
    del área de
    Economía y Tecnología de la
    Facultad
    Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso)

    Uno de los cambios más significativos en el comportamiento de la cúpula
    empresarial a partir de 1976 es que en su estructura y formas de operación
    adquiere cada vez más importancia la valorización financiera.

    Este comportamiento no es patrimonio de las instituciones netamente financieras
    sino que se ve también en la operatoria de las firmas industriales.

    Entonces, la conducta de los fondos de inversión que compran con una
    lógica absolutamente financiera no es ajena a la economía argentina.
    No es que llegaron los marcianos, ni tampoco que el Exxel o el CEI sean anomalías.
    Los grupos argentinos otorgan el mismo predominio a la valorización financiera,
    y esto se percibe tanto en los dos holdings que constituyen el arquetipo
    de la industrialización como en los pools de siembra que hoy dominan
    al agro.

    La llegada de estos fondos es la coronación de un proceso de 20 años.
    En los ´80, la valorización financiera se vincula con la fuga de capitales.
    A partir de la tablita de 1979, los grandes grupos revierten lo que debería
    ser el comportamiento normal del sector empresario y utilizan el endeudamiento
    ya no como forma de financiamiento ­típico de la era de las sustituciones­
    sino para valorizar ese capital.

    Según estimaciones del Banco Mundial y de la banca Morgan, al iniciarse
    esta década había US$ 50.000 millones de inversores argentinos
    colocados como depósitos en el exterior. Para 1997, y luego de que una
    parte sustancial de esos 50.000 mil millones originales retornara para participar
    de las privatizaciones, la cifra llega a US$ 75.000 millones. Queda claro que
    la valorización financiera goza de buena salud.

     

    ¿Cómo seguirán
    creciendo los demás?

    Roberto Bisang,

    investigador de la Universidad
    de General
    Sarmiento y de la Cepal

    No pasa inadvertida la valorización de los activos que tocan los grupos,
    cómo dinamizan los sectores en los que participan. Lo vemos, por ejemplo,
    en el Abasto. El asunto es cómo juegan con el resto de los grupos productivos.
    Hay una división entre los fierreros, los industriales, y la gente
    del sector financiero. Entre ellos la competencia no se da tanto en el terreno
    de los productos sino en la velocidad para captar los nuevos nichos de mercado
    y reaccionar ante las oportunidades.

    No en vano los que vendieron, como Gruneisen, Perez Companc, Macri o Soldati
    forman grupos de inversión. El objetivo es mantenerse con cash
    y tener capacidad de entrada y salida. Aquí existe un abismo entre ellos
    y los conglomerados industriales o agropecuarios. Arcor puede facturar 1.000
    millones, pero tiene poco cash para aprovechar una oportunidad.

    Así se origina un problema muy serio, porque los fondos les sacan a
    los industriales tradicionales, a los que tienen inversiones a largo plazo,
    los negocios más rentables.

    La Argentina tiene un mercado muy pequeño y muy abierto. Hay entre
    25 y 40 empresas de primera línea, que crecieron en diferentes etapas:
    la sustitución de importaciones, los regímenes promocionales,
    los contratos con el Estado o la participación en las privatizaciones.
    El problema es cómo seguirán creciendo. Ya no se puede seguir
    a costa del Estado porque ya no existe como cliente, los regímenes de
    promoción no son tan atractivos, las privatizaciones terminaron y las
    concesiones ya están asignadas. Hay pocos espacios de donde sacar renta.
    Aquí, en este contexto de escasez, es donde los fondos representan un
    problema para lo que en algún momento se llamó los capitanes
    de la industria
    .

     

    Puede surgir un problema
    de tamaño

    Adolfo Sturzenegger
    y Darío Braun, Acción
    por la República

    Grupos como el Exxel cumplen un papel muy importante para el capitalismo: compran
    una empresa y maximizan su rendimiento durante el período de transición
    en el que la administran.

    Así como la globalización implica el peligro de alta volatilidad
    provocada por los comportamientos de contagio o manada, también
    tiene ventajas que hay que aprovechar. Una de ellas es la transferencia de tecnología
    en sentido amplio.

    Lo que tiene el Exxel es know how para atraer inversores y valorizar
    a las compañías que compra, sobre todo a través de modificaciones
    en su management. Es gente que asume riesgos y que toma renta acorde
    a ese riesgo.

    Habrá que ver si se convierten en un conglomerado industrial. Por ahora,
    arman paquetes de propiedad característicos de un holding, creando
    una estructura de empresas cuya única identidad es el crecimiento rápido
    en el corto plazo y ventajas de liquidez y caja. Convertirse en un conglomerado
    industrial no parece ser la mejor estrategia para ellos. Tal vez sea más
    conveniente seguir con la mejora de management como un servicio, y luego
    encontrar compradores que puedan darles las ventajas de conocimiento y administración
    específica de la rama en la que actúa esa empresa.

    Pueden llegar a tener, quizá ya lo tengan, un problema vinculado con
    el tamaño. Por un lado, tienen un buen leverage, pero por otro
    van a entrar en dificultades de gestión y quedarían expuestos
    a perder la capacidad de ir haciendo estos negocios rápidos.

    Si la masa de dinero del Exxel la manejaran cinco grupos, uno se sentiría
    más tranquilo. Da la impresión de que, con ese tamaño,
    existe la posibilidad de que se sientan tentados a trasladar a otros sus errores.

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