jueves, 28 de mayo de 2026

    La salida es hacia arriba

    Ni la crisis financiera mundial,
    ni la caída del precio internacional del aluminio primario ­que
    ahora cotiza a US$ 1.350 la tonelada, frente a los US$ 1.700 del año
    pasado­ ni la demanda todavía inmadura del mercado argentino, que
    registra un consumo de 3 kilos per cápita anuales (muy lejos de los 20
    kilos de Estados Unidos) desalentaron al grupo Madanes a la hora de anunciar
    la que promete ser la mayor inversión de una empresa privada en el país.

    Durante los próximos cinco años, la familia que controla el grupo
    Fate-Aluar, junto con algunos socios internacionales, prevé desembolsar
    US$ 1.500 millones para construir una nueva planta de elaboración de
    aluminio primario, que permitirá llevar la producción a más
    de medio millón de toneladas anuales.

    “Estamos a punto de finalizar una ampliación importante en nuestra planta
    de Puerto Madryn, que pondremos en marcha en marzo del próximo año”,
    señala Javier Madanes Quintanilla, presidente de Aluar. “Invertimos en
    este proyecto US$ 350 millones, provenientes de la generación de fondos
    propios y de préstamos a largo plazo. Llegaremos, así, a una producción
    anual de 260.000 toneladas, una economía de escala razonable para competir,
    en costos, con las fábricas más eficientes del mundo. Aspiramos
    a ubicarnos entre los cuatro primeros productores más competitivos.”

    Madanes Quintanilla ocupa desde el año pasado el sillón de mando
    de Aluar y pertenece al grupo familiar que actualmente controla entre 70 y 75%
    de la empresa. El resto de las acciones se distribuye entre inversores bursátiles
    (20%) y fondos locales e internacionales, que ingresaron a la compañía
    en los últimos años.

    De este último grupo podría surgir uno o más de los socios
    estratégicos que se sumarían para llevar a cabo el megaproyecto
    industrial que, según Madanes Quintanilla, “esperamos poder concretar
    dentro de los próximos cinco años. Con la nueva planta alcanzaríamos
    una producción superior a las 500.000 toneladas anuales, un volumen que
    permitirá igualar a las plantas más grandes del mundo y alcanzar
    óptimos niveles de eficiencia”.

    Las asignaturas pendientes

    La producción actual de Aluar supera en más de dos veces la demanda
    total de aluminio de la Argentina, que promedia 75.000 toneladas anuales. Eso
    explica que 60% de sus ventas provengan de las exportaciones a cerca de 40 mercados.

    Aluar en cifras

    Ventas totales

    1996: US$ 381,1 millones
    1997: US$ 418,8 millones

    Utilidades

    1996: US$ 105,2 millones
    1997 : US$ 108,9 millones

    Composición accionaria

    75% de la empresa se encuentra en manos de la familia Madanes. El resto
    se distribuye entre inversores bursátiles (20%) y fondos de inversión
    locales y extranjeros (5%).

    Capacidad de producción

    260.000 toneladas anuales (para marzo del ´99).

    Ultima inversión realizada

    Desembolsó US$ 17,9 millones para quedarse con Refinerías
    Metales Uboldi y Cía. en febrero de este año.

    Inversiones proyectadas

    Planta de laminación: US$ 100 millones.
    Planta de fabricación de aluminio: US$ 1.500 millones.

    El consumo local de aluminio se ubica, por cierto, entre los niveles más
    bajos del mundo. “Todavía faltan realizar muchas inversiones en el ámbito
    de las Pymes e, incluso, en la industria pesada, que podrían hacer crecer
    la demanda local”, señala Madanes Quintanilla. “Un caso típico
    es el de la industria automotriz. En todo el mundo ya se fabrican autos con
    una alta composición de aluminio, para alivianarlos y lograr un menor
    consumo de combustible. Pero nuestro cliente local más fuerte sigue siendo
    la industria de la construcción, que capta más de 50% de las ventas.”

    Aluar exhibe actualmente una participación de casi 1% del mercado mundial
    de aluminio. Esa gravitación llegará a 1,2% a partir del próximo
    año. Madanes Quintanilla asegura que “en esta industria, la única
    alternativa es seguir creciendo. Y el país ofrece algunas ventajas para
    la fabricación del aluminio. Una es el abastecimiento de energía
    ­hidroeléctrica o a gas­; la otra, la existencia de puertos
    de aguas profundas en el sur del país. Por eso, decidimos que el emplazamiento
    de nuestra nueva planta será en algún lugar de la Patagonia, entre
    Bahía Blanca y Tierra del Fuego”.

    Los analistas del sector dicen que la localización final del nuevo complejo
    y la llegada a buen término del proyecto dependerán de lo que
    Aluar pueda negociar con las autoridades nacionales y provinciales.

    “Diría que casi 80% tiene que ver con definiciones que debe tomar el
    gobierno central”, admite Madanes Quintanilla. “Lo más importante es
    discutir el concepto de promoción que manejemos en la Argentina de aquí
    en más. Hoy existen en el país indefiniciones sobre temas como
    la importación de bienes de capital que, en promedio, tienen un arancel
    de entre 15 y 20%, o la inversión necesaria para interconectar el sistema
    eléctrico patagónico con el nacional. Esa conexión tiene,
    incluso, importancia geopolítica, y debe ser realizada por el Estado.”

    La importancia estratégica del costo de la energía eléctrica
    para esta industria puede, sin duda, decidir la suerte de cualquier proyecto.
    La planta de Aluar en Puerto Madryn demanda tanta electricidad como toda la
    ciudad de Córdoba o, lo que es lo mismo, 80% del consumo total de la
    Patagonia. Parte importante del insumo energético proviene de la central
    hidroeléctrica de Futaleufú, una empresa en la que el grupo es
    propietario de 59% de las acciones.

    El hecho de que la región esté aislada del resto del sistema
    eléctrico nacional obliga a la empresa a invertir en un back up
    para resguardarse de una posible caída. “Y ese tipo de obstáculos
    encarece cualquier proyecto”, apunta Madanes Quintanilla. “Por eso necesitamos
    un modelo industrial que supere los abusos cometidos en materia de promoción.
    De lo contrario, seguiremos inmovilizados, sin poder aportar soluciones concretas.”

    A la búsqueda del valor

    Mientras espera esas definiciones, Aluar se dedica a agregar valor al aluminio
    básico. “En el futuro, 90% de nuestras ventas se originará en
    el mercado externo. Agregar valor nos otorgará una competitividad superior
    a la que logramos exportando aluminio en forma de lingotes”, dice Madanes Quintanilla.

    Grupo Fate – Aluar

    Facturación anual:

    entre US$ 800 y 1.000 millones.

    Cantidad de empleados: 4.000.

    Otras empresas:

    Fate (fabricación de neumáticos).
    Hidroeléctrica Futaleufú (generación de electricidad),
    Transpa (transporte de energía eléctrica de alta tensión).
    El Pehuenche (fabricación de materiales para la construcción).

    El grupo Aluar ya controla varias empresas que se dedican a la fabricación
    de productos semielaborados. Esa estrategia determinó que en febrero
    de este año desembolsaran US$ 17,9 millones para quedarse con la totalidad
    del paquete accionario de Uboldi, una empresa especializada en la fabricación
    de aleaciones especiales y alambrón de aluminio, empleado en la fabricación
    de cables.

    Actualmente, la venta de productos con valor agregado se orienta al consumo
    interno e instala a Aluar en una posición de liderazgo: la empresa capta
    43% del mercado de extruidos y 47% en laminación.

    Ahora trabajan en otro proyecto de inversión, que prevé la construcción
    de una nueva planta de laminación. En Aluar tenían previsto completarlo
    durante este año. Sin embargo, Madanes Quintanilla admite que el proyecto
    está demorado “debido a algunas definiciones que deben precisarse en
    el ámbito político. Estamos hablando de una inversión de
    US$ 100 millones. Y, otra vez, para poder concretarla necesitamos que el país
    cuente con una política industrial activa. Eso no supone que el Estado
    deba regalar el dinero. Se trata de que inversores y gobierno hagamos una ecuación
    global que permita determinar cuándo una inversión tiene un efecto
    dinamizador importante. Esa evaluación es la que nos llevará a
    ambas partes a convencernos de que estamos tomando el camino más adecuado”.

    Mario Benechi



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