jueves, 28 de mayo de 2026

    El imperio del sur

    Casi desconocida por los porteños,
    La Anónima se convirtió en un nombre genérico de los supermercados
    en toda la Patagonia. La empresa, fundada en 1908, suma ya 57 locales, factura
    algo más de US$ 420 millones anuales y se ubica octava en el ranking
    de ventas del sector. Detrás de Coto y Tía, marcha tercera entre
    las cadenas de capitales nacionales.

    Esto, por sí solo, es suficiente para colocarla en la mira de los grandes
    jugadores locales e internacionales interesados en incorporar a las provincias
    del sur en su plan de expansión nacional.

    Pero, después de cubrir toda la región, desde Ushuaia hasta Carmen
    de Patagones, La Anónima enfrenta ­aunque a una escala diferente­
    el mismo dilema que desvela a las grandes cadenas de hipermercados en Buenos
    Aires, obligadas a buscar nuevas plazas para seguir creciendo.

    “En la Patagonia quedan pocas ciudades con más de 50.000 personas en
    las que no estemos presentes. Aunque el piso que manejamos para decidir
    la apertura de un local es flexible: puede ser un lugar como San Martín
    de los Andes que tiene sólo 15.000 habitantes pero con un alto poder
    adquisitivo”, explica Federico Braun, presidente y director delegado de la compañía.

    Frente a este panorama, la empresa decidió, hace tres años, probar
    suerte fuera de la Patagonia, con la apertura de un local en Chivilcoy y ahora
    quiere seguir avanzando hacia el norte.

    “La lógica es continuar la expansión más allá de
    Río Negro, comenzando por Santa Rosa (La Pampa), donde ya compramos un
    terreno y vamos a inaugurar un local en 1999. Después queremos potenciar
    nuestra presencia en el interior de la provincia de Buenos Aires y en el sur
    de Santa Fe y llegar a Córdoba”, enumera Braun, quien asegura que no
    está dentro de estos planes un desembarco de La Anónima en la
    ciudad de Buenos Aires.

    Los pioneros

    Aunque hoy tiene todas sus inversiones en la Argentina, La Anónima fue
    fundada a principios de siglo en la ciudad chilena de Punta Arenas. La firma
    nació como resultado de la fusión de dos empresas (José
    Menéndez y Braun y Blanchard) que competían en el sur del continente,
    tanto en territorio argentino como chileno, con tiendas de ramos generales.
    Cuando José Menéndez y Mauricio Braun decidieron unir sus negocios,
    eligieron un ampuloso nombre para la nueva compañía: Sociedad
    Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia (SAIEP). Como era de
    esperar, los clientes la rebautizaron de inmediato como La Anónima.

    “Tanto José Menéndez como Mauricio Braun llegaron de Europa con
    una mano atrás y otra adelante. De la nada levantaron un verdadero imperio.
    Fueron, incluso, los primeros en traer ovejas desde las Malvinas hasta la Patagonia.
    Primero eran competidores, pero después terminaron no sólo asociándose,
    sino también uniendo a las familias, porque la hija de Menéndez
    se casó con Braun”, cuenta el actual presidente de la sociedad, bisnieto
    de José Menéndez y nieto de Mauricio Braun.

    En 1918 la empresa mudó sus oficinas centrales de Punta Arenas a Buenos
    Aires e inició una fuerte expansión, con la compra de varias estancias
    y la incorporación de una flota de tres barcos que unía los puertos
    patagónicos.

    Pero en la década de los ´50, la construcción de la ruta 3 y
    el desarrollo de la actividad naval por parte del Estado la obligaron, primero,
    a liquidar su propia flota y después a desprenderse de sus campos.

    Un kilo de azúcar y un Valiant

    A fines de los ´60, la empresa inició la reconversión de sus
    tradicionales almacenes de ramos generales ­donde era posible comprar desde
    un kilo de azúcar hasta un auto Valiant­ en modernos supermercados.
    Pocos años después, los descendientes de Menéndez y Braun
    volvieron a intentar una diversificación de sus negocios, con la construcción
    de varios edificios de departamentos en Buenos Aires y Trelew y la compra de
    campos para la explotación forestal en Corrientes.

    La política de incursionar en otros rubros condujo a un estancamiento
    en el negocio de los supermercados, hasta que, en 1979, Oscar Braun Menéndez,
    alentado por sus hijos Federico y Pablo, comenzó a recomprar las acciones
    que estaban en manos de otros integrantes de la familia y adquirió el
    control de la compañía.

    “Cuando nos hicimos cargo, la empresa tenía 11 locales y facturaba apenas
    $ 1 millón por año. En ese momento iniciamos la reconversión
    con el objetivo de transformar a La Anónima en una cadena de supermercados,
    aprovechando que el negocio no estaba muy desarrollado en la Argentina y que
    contábamos con una marca de prestigio en la Patagonia. A los tres años,
    la empresa empezó a ganar plata”, recuerda Braun.

    Bajo su conducción y con un equipo integrado por cuatro gerentes ­Diego
    Caballero (Sistemas), Diego Passerón (Logística), Juan Badano
    (Recursos Humanos) y Ernesto Alvarez (área comercial)­ la cadena
    se lanzó en la década de los ´80 a un agresivo plan de expansión,
    que incluyó la apertura de más de 40 locales en un plazo de 15
    años, hasta llegar a las actuales 57 bocas.

    En el último ejercicio, finalizado el 30 de junio, SAIEP registró
    ventas por US$ 424,5 millones, contra US$ 336,7 millones del año anterior
    (lo que representa un aumento de 26,1%), y obtuvo una ganancia de US$ 18,4 millones,
    frente a los US$ 14 millones del período ´96-´97 (un crecimiento de 31,9%).

    Mirando al norte

    Hace 15 años La Anónima intentó su primer desembarco en
    la provincia de Buenos Aires, con la inauguración de una sucursal en
    la localidad de Chacabuco, aunque recién a partir de 1995 le dio mayor
    impulso a su incursión en el norte.

    Hoy ya tiene locales en Bragado, Carmen de Patagones, Chivilcoy y Venado Tuerto
    (Santa Fe), y además acaba de sumar sus primeras bocas en Junín
    y Colón.

    Durante el último año, la empresa invirtió US$ 69 millones
    en la apertura de nuevos locales y para 1999 planea desembolsar otros US$ 35
    millones. La política de la compañía establece que los
    socios no pueden cobrar dividendos superiores a 10% de las utilidades. El resto
    se vuelca a la estrategia de expansión.

    La apertura

    Para cubrir todo el sur del país la cadena también realizó
    algunas compras, como las de las sucursales de la firma Argensud, en Trelew
    y Caleta Olivia, en 1984, y las de Lahusen en Bariloche, Comodoro Rivadavia
    y Esquel, dos años después. Su última adquisición
    fue la del local principal y el depósito de la cadena Todo, de Bariloche.

    Hotel de paso

    Del imperio de principios de siglo, extendido a la construcción,
    el campo y el transporte naviero, a la familia Braun le quedan hoy los
    supermercados y dos empresas forestales: Garabí y Batel, con 2.300
    hectáreas de explotación en Corrientes.
    Según admite el propio Federico Braun, la actividad forestal no
    forma parte del core business de la empresa y están buscando
    un comprador para ambas explotaciones.
    Más allá de las góndolas, otro rubro en el que opera
    la compañía es el hotelero, con la hostería de lujo
    Alta Vista, en Calafate.
    La construcción de Alta Vista respondió a un plan de expansión
    en el sector que manejó la empresa a fines de los ´80 y que incluyó
    la compra de otro establecimiento en Esquel y algunos terrenos en Ushuaia
    y Puerto Madryn.
    El proyecto, que apuntaba a desarrollar un corredor turístico en
    toda la Patagonia, finalmente resultó derrumbado por la hiperinflación.
    “Visto a la distancia, creo que fue una suerte, porque pudimos salir a
    tiempo de un negocio que no conocíamos y que nos hubiera quitado
    fuerzas para crecer en supermercados”, reconoce ahora Braun.
    De esa fugaz incursión en el rubro turístico, a la empresa
    sólo le queda la hostería emplazada a metros del imponente
    glaciar Perito Moreno.

    Sociedad Anónima
    Importadora y Exportadora de la Patagonia (SAIEP)
    Paquete accionario:     familia Braun (73%),
    inversores institucionales (17%).
    Presidente:     Federico Braun.
    Facturación: ­En 1996-97:
    ­En 1997-98:
      US$ 336,7 millones.
    US$ 424,5 millones.
    Resultados: ­En 1996-97:
    ­En 1997-98:
      US$ 14 millones.
    US$ 18,4 millones.
    Locales: ­La Anónima:
    ­Best:
    50
    7
    57
    Otras inversiones:     ­Dos campos forestales en Corrientes.
    ­Hotel Alta Vista en Calafate.
    Empleados:     3.000.
    Inversiones proyectadas
    para 1998-99:
        US$ 35 millones.

    Para financiar el plan de aperturas, La Anónima encaró en abril
    del año pasado una ampliación de su capital, a través de
    la emisión de 3 millones de acciones (equivalentes a 15% de su capital),
    lo que le permitió recaudar US$ 33 millones.

    La empresa, que desde 1942 cotiza en Bolsa, tiene hoy su capital repartido
    entre la familia Braun, que controla 73%, e inversores institucionales (entre
    los que predominan las AFJP).

    El actual presidente de la compañía se preocupa por destacar,
    sin embargo, que no rigen allí los esquemas tradicionales de la empresa
    familiar. “Se impuso un manejo totalmente profesional. Excepto mi hijo, que
    se desempeña como gerente de Planeamiento, y yo, no hay ningún
    otro Braun ocupando cargos directivos y estamos dispuestos a continuar abriendo
    el capital de la empresa”, asegura.

    El gran salto

    Siguiendo los pasos de las grandes cadenas locales e internacionales, la compañía
    fue incorporando a sus locales patios de comida y áreas de juegos (en
    esta última área, con Sacoa).

    Además, a principios de año inauguró en Ituzaingó
    un nuevo centro de distribución, donde se reciben todas las mercaderías
    y luego se distribuyen a 12 depósitos regionales que, a la vez, atienden
    a los locales de la cadena. Las instalaciones, en las que se invirtieron US$
    12 millones, se levantan en una superficie de 73.000 metros cuadrados y también
    funcionan allí las oficinas centrales de la compañía.

    Pero el escenario para el primer gran salto hacia los formatos más modernos
    de centros comerciales será la ciudad de Neuquén, donde avanzan
    las negociaciones con una cadena de multicines para sumar sus seis salas al
    hipermercado en 1999.

    Una tía conquistadora

    Como ya es casi de rigor en el sector supermercadista, La Anónima también
    ha sido alcanzada por la ola de rumores de compras y fusiones de empresas que
    circulan en el mercado. Sin embargo, Braun asegura que la cadena no tiene puesto
    el cartel de venta. “Soy presidente y accionista de una empresa que anda bien
    y tiene acceso al financiamiento, así que no encuentro razón alguna
    para vender. Aunque, obviamente, no sé qué pueden llegar a hacer
    el día de mañana mis hijos.”

    Así y todo, en los últimos meses el nombre de La Anónima
    fue frecuentemente mencionado como posible candidata a ser adquirida por distintas
    cadenas locales e internacionales.

    Paradójicamente, también se dijo que La Anónima era una
    de las interesadas en comprar Tía. “No descartamos sumar una nueva cadena,
    pero Tía está totalmente fuera de nuestras posibilidades”, admite
    Braun.

    Lo cierto es que, hasta el momento, la única de las grandes que salió
    a darle pelea en la Patagonia es, precisamente, Tía, que en el último
    año inauguró dos sucursales, en Ushuaia y Trelew, y adquirió
    un supermercado en Puerto Madryn.

    Wal-Mart, por su parte, ya puso un pie en el territorio con la apertura de
    una boca en Neuquén y, próximamente, Jumbo le seguirá los
    pasos. “El avance de las grandes cadenas sobre el interior es un hecho. Neuquén
    ya es una plaza prácticamente saturada, con un nivel de competencia igual
    o más intenso que el de Buenos Aires y, salvando las diferencias de escala,
    en el resto de la Patagonia está pasando algo similar”, se resigna Braun.

    Para poder hacer frente a los nuevos conquistadores de la Patagonia, en La
    Anónima empezaron a estudiar, hace un par de años, posibles alternativas
    de asociación con otras cadenas regionales, como la mendocina Metro,
    la cordobesa Americanos, la rosarina Tigre y Toledo de Mar del Plata. Sin embargo,
    por ahora, el proyecto está archivado. “En algún medio se publicó
    que seguíamos en conversaciones, pero la verdad es que, hoy por hoy,
    no hay nada. En un momento nos sentamos a discutir algún tipo de asociación,
    pero siempre fueron charlas informales que, por distintas razones, no prosperaron”,
    afirma Braun.

    Conveniente y rápido

    En la ciudad de Buenos Aires, donde sólo realizaron una incursión,
    finalmente fallida, con un local en Corrientes y Medrano hace algo más
    de dos décadas, los hombres de La Anónima apostaron todas las
    fichas al desarrollo de sus pequeños autoservicios Best.

    La primera sucursal de la cadena abrió sus puertas en 1991, como producto
    de una asociación con Supermercados Norte. Dos años después,
    la empresa patagónica se alzó con 100% de las acciones.

    Según explica Braun, la idea original de los dos socios era desarrollar
    a Best como una especie de tienda de descuento (al estilo de Día y Eki),
    aunque después el proyecto fue derivando hacia lo que internacionalmente
    se conoce como convenience store, un formato en el que la oferta está
    integrada por artículos de primera necesidad, principalmente de marcas
    reconocidas.

    “La propuesta de Best está dirigida a un público de clase media
    y media-alta que quiere precios razonables y calidad, pero que también
    privilegia su tiempo y no puede pasarse 40 minutos comprando en un hiper“,
    explica Braun. “Hoy tenemos siete locales, ubicados en zonas de buen poder adquisitivo
    (Belgrano, Colegiales y Barrio Norte) y la idea es seguir creciendo, pero sin
    que esto signifique abrir 100 sucursales.”

    La cadena de restaurantes Superquick conforma otra pieza de la estrategia de
    La Anónima de crecimiento en negocios vinculados a la actividad de los
    supermercados. También en este caso, la idea original debió amoldarse
    a los signos de los tiempos. Cuando se inauguró el primer local en Ushuaia,
    en 1987, el proyecto era instalar una cadena de fast food al estilo McDonald´s.
    “Con este objetivo, abrimos varios restaurantes, incluyendo tres en la Capital,
    pero en el ínterin llegó McDonald´s y tuvimos que reformular el
    proyecto”, explica Braun.

    Los locales de Superquick están ahora diseñados para trabajar
    en sinergia con los supermercados, al estilo de los patios de comida de Coto
    y Ekono. Son, hasta el momento, ocho, instalados en Ushuaia, Río Gallegos,
    Trelew, Caleta Olivia, Plaza Huincul, Neuquén, Comodoro Rivadavia y Zapala.

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