jueves, 30 de abril de 2026

    ¿Qué necesita la Argentina?

    “Un déficit comercial es justo lo que la Argentina

    necesita”, dice el título de un artículo publicado el 8

    de mayo en la página de opinión de The Wall Street

    Journal. El autor es el viceministro de Economía argentino,

    Carlos Rodríguez. “Para entender por qué un

    déficit no amenaza la estabilidad, y por qué es central

    para crecer, uno debe entender cómo se ha generado”, advierte

    al autor.

    Y afirma que “el combustible que alimentó los logros

    económicos sin precedente de 1997 es la inversión local

    y extranjera”. Para ilustrarlo, señala que el año

    pasado la inversión bruta privada creció 27% y las

    importaciones de bienes de capital y otros insumos aumentaron 37% y

    representaron 44% de las compras al exterior.

    Dejando de lado la confusión sobre el aumento de la

    inversión (la tasa de 27% corresponde en realidad al agregado

    de la inversión privada y pública, aunque esta

    última es cada vez más pequeña), esas

    referencias parecen insuficientes para explicar las fuentes del

    crecimiento económico.

    Por lo pronto, la contribución al aumento del Producto

    Bruto Interno (PBI) no se mide exclusivamente a partir de las tasas

    de crecimiento de los agregados económicos: también se

    debe tener en cuenta el peso relativo de cada uno de esos agregados

    en el total. Desde esta óptica, los “logros sin precedente” en

    materia de crecimiento del PBI durante 1997 se explican por el

    aumento del consumo (75,5%), el incremento de la inversión

    (69,6%) y apenas por las exportaciones (12,6%); las importaciones

    tuvieron un impacto negativo de 57,6 por ciento.

    Entonces, aunque la inversión contribuyó

    significativamente al crecimiento del producto, si el consumo no

    hubiera hecho un aporte de semejante magnitud, no se habría

    alcanzado la tasa de expansión registrada. Y las proyecciones

    para este año muestran, una vez más, la fuerte

    gravitación de la demanda interna como factor contribuyente al

    aumento del PBI.

     

    El tamaño del déficit

    Es sabido que el gobierno y el Fondo Monetario Internacional (FMI)

    miden de manera diferente el balance de la cuenta corriente. La

    estimación oficial arroja un saldo negativo inferior. Dado que

    la realizada por el FMI es aceptada en los medios económicos,

    vale subrayar que el organismo estimó para 1997 un

    déficit equivalente a 3,8% del PBI y para este año

    calcula 4,3 por ciento.

    ¿Cuál es la responsabilidad del sector privado en el

    desequilibrio externo? De manera simplificada si se acepta que la

    totalidad del déficit comercial y de los servicios reales

    corresponde a la actividad privada y sólo una parte del

    déficit de la balanza de servicios financieros le es

    imputable, en 1997 fue responsable de 69% del quebranto total y se

    estima que lo será de 66% durante 1998; es decir que su

    impacto es decreciente.

    La contribución del esfuerzo de inversión privada al

    déficit de la cuenta corriente del balance de pagos, aparenta

    ser bastante menos gravitante que lo señalado por el

    viceministro. Rodríguez parece haber pasado por alto que la

    creciente importancia del déficit comercial de la cuenta

    corriente se origina no sólo en la compra de bienes de

    capital, sino en el aumento de otras importaciones cuyo destino

    mayoritario es el consumo directo e intermedio y, sobre todo, en un

    lento crecimiento de las ventas al exterior. A ello vale agregar el

    saldo negativo de la balanza de servicios reales y, sobre todo, la

    fuerte ponderación, cercana a 50%, de los servicios

    financieros.

     

    Desequilibrio creciente

    En realidad no debería sorprender el planteo oficial. Los

    miembros del equipo económico consideran que las

    políticas que llevan adelante reúnen los requisitos de

    solidez reclamados por los centros financieros mundiales y que, por

    lo tanto, es necesario reforzar la corriente de financiamiento frente

    al surgimiento de algunos desequilibrios que pueden ser

    incorrectamente considerados.

    En particular cuando desde diferentes ámbitos entre los que

    se destaca el FMI comienza a señalarse con preocupación

    el constante crecimiento del déficit de la balanza de

    comercio. A ello se suma, también, la inquietud por la

    retracción en el flujo de entrada de capitales. En los

    últimos 12 meses el déficit acumulado asciende a US$

    6.133 millones: 1.133 millones por encima del límite

    establecido en el convenio con el FMI para enfriar la economía

    doméstica. Por otra parte, de los US$ 1.594 millones de

    reservas perdidas durante el primer trimestre del año, al 6 de

    mayo sólo se habían recuperado US$ 453 millones.

    La inquietud por el futuro de las cuentas externas se acrecienta

    cuando se tiene en cuenta que durante el primer trimestre de este

    año las exportaciones cayeron 6,2% y las importaciones

    crecieron 14,6% respecto de igual lapso del ´97. Con el agravante de

    que dentro del Mercosur se redujeron las exportaciones (que

    concentran un tercio del total) y aumentaron las importaciones (que

    representan 25% del total), lo que podría indicar una menor

    competitividad dentro del bloque regional.

    Dice Rodríguez en su artículo que las

    políticas económicas sólidas generan confianza y

    ésta atrae inversiones extranjeras y permite aumentar el

    consumo y la inversión, por lo que el déficit de la

    cuenta corriente crece. Sostiene que lo prueba la experiencia del

    período 1991-97: el PBI creció a razón de 6,1%

    anual y el déficit promedio de la cuenta corriente fue de 2%

    del PBI. Agrega que “las malas políticas económicas”

    generan flujo negativo de capitales, reducción del consumo y

    la inversión, y “mejoramiento” de la cuenta corriente. Para

    apoyarlo, dice que entre 1981 y 1990 el PBI declinó a

    razón de 1,4% anual y la cuenta corriente exhibió un

    superávit promedio de 1,1% del PBI.

    En realidad, Rodríguez compara dos situaciones internas y

    dos contextos internacionales absolutamente diferentes. Es claro que

    cuando hay capitales externos en abundancia, atender los compromisos

    externos y crecer no son necesariamente alternativas excluyentes,

    como sucedió en el período 1991-97; en cambio, en los

    años 80, cuando los flujos privados de capital hacia los

    países endeudados prácticamente habían

    desaparecido, ambas alternativas sí eran prácticamente

    excluyentes.

    Que las políticas económicas sean sólidas

    ayuda, y mucho, pero no lo es todo. De lo contrario no podría

    explicarse lo que sucedió en la Argentina durante 1995:

    estando vigentes casi las mismas políticas que ahora, el PBI

    cayó 4,6%, la balanza comercial mostró superávit

    y la cuenta corriente mejoró notablemente.