“Un déficit comercial es justo lo que la Argentina
necesita”, dice el título de un artículo publicado el 8
de mayo en la página de opinión de The Wall Street
Journal. El autor es el viceministro de Economía argentino,
Carlos Rodríguez. “Para entender por qué un
déficit no amenaza la estabilidad, y por qué es central
para crecer, uno debe entender cómo se ha generado”, advierte
al autor.
Y afirma que “el combustible que alimentó los logros
económicos sin precedente de 1997 es la inversión local
y extranjera”. Para ilustrarlo, señala que el año
pasado la inversión bruta privada creció 27% y las
importaciones de bienes de capital y otros insumos aumentaron 37% y
representaron 44% de las compras al exterior.
Dejando de lado la confusión sobre el aumento de la
inversión (la tasa de 27% corresponde en realidad al agregado
de la inversión privada y pública, aunque esta
última es cada vez más pequeña), esas
referencias parecen insuficientes para explicar las fuentes del
crecimiento económico.
Por lo pronto, la contribución al aumento del Producto
Bruto Interno (PBI) no se mide exclusivamente a partir de las tasas
de crecimiento de los agregados económicos: también se
debe tener en cuenta el peso relativo de cada uno de esos agregados
en el total. Desde esta óptica, los “logros sin precedente” en
materia de crecimiento del PBI durante 1997 se explican por el
aumento del consumo (75,5%), el incremento de la inversión
(69,6%) y apenas por las exportaciones (12,6%); las importaciones
tuvieron un impacto negativo de 57,6 por ciento.
Entonces, aunque la inversión contribuyó
significativamente al crecimiento del producto, si el consumo no
hubiera hecho un aporte de semejante magnitud, no se habría
alcanzado la tasa de expansión registrada. Y las proyecciones
para este año muestran, una vez más, la fuerte
gravitación de la demanda interna como factor contribuyente al
aumento del PBI.
El tamaño del déficit
Es sabido que el gobierno y el Fondo Monetario Internacional (FMI)
miden de manera diferente el balance de la cuenta corriente. La
estimación oficial arroja un saldo negativo inferior. Dado que
la realizada por el FMI es aceptada en los medios económicos,
vale subrayar que el organismo estimó para 1997 un
déficit equivalente a 3,8% del PBI y para este año
calcula 4,3 por ciento.
¿Cuál es la responsabilidad del sector privado en el
desequilibrio externo? De manera simplificada si se acepta que la
totalidad del déficit comercial y de los servicios reales
corresponde a la actividad privada y sólo una parte del
déficit de la balanza de servicios financieros le es
imputable, en 1997 fue responsable de 69% del quebranto total y se
estima que lo será de 66% durante 1998; es decir que su
impacto es decreciente.
La contribución del esfuerzo de inversión privada al
déficit de la cuenta corriente del balance de pagos, aparenta
ser bastante menos gravitante que lo señalado por el
viceministro. Rodríguez parece haber pasado por alto que la
creciente importancia del déficit comercial de la cuenta
corriente se origina no sólo en la compra de bienes de
capital, sino en el aumento de otras importaciones cuyo destino
mayoritario es el consumo directo e intermedio y, sobre todo, en un
lento crecimiento de las ventas al exterior. A ello vale agregar el
saldo negativo de la balanza de servicios reales y, sobre todo, la
fuerte ponderación, cercana a 50%, de los servicios
financieros.
Desequilibrio creciente
En realidad no debería sorprender el planteo oficial. Los
miembros del equipo económico consideran que las
políticas que llevan adelante reúnen los requisitos de
solidez reclamados por los centros financieros mundiales y que, por
lo tanto, es necesario reforzar la corriente de financiamiento frente
al surgimiento de algunos desequilibrios que pueden ser
incorrectamente considerados.
En particular cuando desde diferentes ámbitos entre los que
se destaca el FMI comienza a señalarse con preocupación
el constante crecimiento del déficit de la balanza de
comercio. A ello se suma, también, la inquietud por la
retracción en el flujo de entrada de capitales. En los
últimos 12 meses el déficit acumulado asciende a US$
6.133 millones: 1.133 millones por encima del límite
establecido en el convenio con el FMI para enfriar la economía
doméstica. Por otra parte, de los US$ 1.594 millones de
reservas perdidas durante el primer trimestre del año, al 6 de
mayo sólo se habían recuperado US$ 453 millones.
La inquietud por el futuro de las cuentas externas se acrecienta
cuando se tiene en cuenta que durante el primer trimestre de este
año las exportaciones cayeron 6,2% y las importaciones
crecieron 14,6% respecto de igual lapso del ´97. Con el agravante de
que dentro del Mercosur se redujeron las exportaciones (que
concentran un tercio del total) y aumentaron las importaciones (que
representan 25% del total), lo que podría indicar una menor
competitividad dentro del bloque regional.
Dice Rodríguez en su artículo que las
políticas económicas sólidas generan confianza y
ésta atrae inversiones extranjeras y permite aumentar el
consumo y la inversión, por lo que el déficit de la
cuenta corriente crece. Sostiene que lo prueba la experiencia del
período 1991-97: el PBI creció a razón de 6,1%
anual y el déficit promedio de la cuenta corriente fue de 2%
del PBI. Agrega que “las malas políticas económicas”
generan flujo negativo de capitales, reducción del consumo y
la inversión, y “mejoramiento” de la cuenta corriente. Para
apoyarlo, dice que entre 1981 y 1990 el PBI declinó a
razón de 1,4% anual y la cuenta corriente exhibió un
superávit promedio de 1,1% del PBI.
En realidad, Rodríguez compara dos situaciones internas y
dos contextos internacionales absolutamente diferentes. Es claro que
cuando hay capitales externos en abundancia, atender los compromisos
externos y crecer no son necesariamente alternativas excluyentes,
como sucedió en el período 1991-97; en cambio, en los
años 80, cuando los flujos privados de capital hacia los
países endeudados prácticamente habían
desaparecido, ambas alternativas sí eran prácticamente
excluyentes.
Que las políticas económicas sean sólidas
ayuda, y mucho, pero no lo es todo. De lo contrario no podría
explicarse lo que sucedió en la Argentina durante 1995:
estando vigentes casi las mismas políticas que ahora, el PBI
cayó 4,6%, la balanza comercial mostró superávit
y la cuenta corriente mejoró notablemente.
