jueves, 30 de abril de 2026

    El renacimiento asiático

    &endash; ¿Estamos asistendo al final del milagro

    asiático?

    &endash; No. Hubo 15 años de gran crecimiento (con

    promedios de 8 a 10%). El problema se generó en los

    últimos tres años, que llevaron a un excesivo

    endeudamiento. Si los países asiáticos hubieran tenido

    un tipo de cambio flotante con respecto al dólar

    norteamericano, nada habría pasado. Esto significa un

    retroceso de dos a cuatro años.

    La crisis no ha terminado todavía. Habrá problemas

    de reestructuración del sistema financiero,

    recapitalización de los bancos, desempleo, inmigración

    ilegal.

    &endash; ¿Cuándo y cómo volverá la

    confianza a la región?

    &endash; Cuando los gobiernos demuestren que entienden lo que el

    mercado quiere que hagan y se decidan a hacerlo. Tienen que ajustarse

    a los parámetros que ha fijado el FMI. Si no los respetan, no

    van a poder recuperar la confianza.

    &endash; ¿Qué sucede con Japón? ¿Puede

    recuperarse Asia si persiste la debilidad del yen?

    &endash; Es muy difícil. La economía japonesa debe

    fortalecerse. Es la fuerza impulsora del este de Asia.

    Todo se remonta a la economía de burbuja en la que

    vivió Japón y al año 1990, cuando ellos

    comenzaron a pinchar la burbuja. Optaron por el gradualismo en lugar

    de resolver todos los problemas de una vez. Sus bancos están

    sometidos a la presión de préstamos incobrables y no

    pueden prestar dinero. No es que no lo comprendan sino que comenzaron

    a pinchar la burbuja precisamente cuando el pueblo japonés

    perdía la confianza en sus líderes por todos los

    escándalos de corrupción. Entonces, si los dirigentes

    salen a rescatar a los bancos, la gente siente que son los

    políticos los que se benefician.

    &endash; ¿Podría extenderse la crisis a China?

    ¿Prevé usted una devaluación?

    &endash; Yo diría que no dentro de los próximos seis

    meses o un año. Creo que están decididos a no devaluar.

    Pero no me animaría a pronosticar si serán capaces de

    enfrentar la desaceleración de la economía y de las

    exportaciones e inversiones con un creciente desempleo durante un

    período de dos años. Este sería un buen

    escenario: dentro de un año las monedas de la región se

    estabilizan y entonces el renminbi chino podría bajar entre

    10% y 15% sin desencadenar otra ola de devaluaciones. Pero si

    devalúan mientras la situación sigue siendo

    volátil, seguramente habrá más devaluaciones.

    &endash; China tiene problemas económicos que van

    más allá del tipo de cambio relativo.

    &endash; No creo que China marche hacia una crisis. Ellos no han

    abierto su cuenta de capital. Un sistema cerrado impide que la divisa

    del país sea devastada como ocurrió en Corea, Indonesia

    o Tailandia. Los mercados bursátiles de China también

    están restringidos. Por lo tanto no hay inversiones externas

    lo suficientemente grandes como para que puedan retirarse

    súbitamente y provocar el derrumbe de la moneda. Es cierto,

    los bancos están llenos de deudas incobrables, pero han

    convivido con ellas durante un largo tiempo. En tanto el pueblo no

    pierda confianza en sus bancos y comience a retirar su dinero, no hay

    crisis. La crisis podría surgir si la gente decidiera guardar

    el dinero debajo del colchón.

    &endash; Indonesia parece ser el país con más

    dificultades.

    &endash; Fue totalmente innecesario lo que ocurrió

    allí, porque la economía no tenía un

    déficit serio. Indonesia se estaba expandiendo, crecía

    entre 6 y 8%. Tanto el déficit presupuestario como el

    déficit en cuenta corriente y la inflación estaban bajo

    control. El problema fue que durante los últimos cuatro a

    cinco años liberalizaron su sistema bancario y aumentaron los

    préstamos con excesiva rapidez. Los bancos europeos se dejaron

    atrapar por la euforia: no querían perder el tren.

    El sistema de Indonesia era mejor que el de Tailandia: la rupia

    podía bajar 5% todos los años con respecto al

    dólar y este índice moderado de devaluación le

    dio al sector empresario indonesio la confianza suficiente como para

    tomar préstamos en dólares.

    Lamentablemente, al permitirse la flotación de la rupia,

    los prestatarios privados corrieron a comprar dólares para

    cubrir sus deudas, y la rupia se derrumbó. Recurrieron al FMI

    en octubre y llegaron a un primer acuerdo. La crisis podría

    haber terminado allí, pero no fue así. Cuando el

    presidente de Indonesia anunció el presupuesto el 6 de enero,

    no cumplía con los requisitos del FMI. El subsecretario del

    Tesoro de Estados Unidos, Larry Summers, hizo comentarios adversos

    con respecto a este tema, el mercado atacó a la rupia y

    ésta se desplomó.

    &endash; ¿Qué opina usted acerca de la

    adopción de un sistema de convertibilidad para Indonesia?

    &endash; Le veo ventajas y también desventajas. En Singapur

    tuvimos una caja de conversión. Nosotros todavía no

    decimos que tenemos un banco central sino una autoridad monetaria. Si

    Indonesia adopta una caja de conversión puede crear liquidez

    para sus bancos, pero esta caja no puede actuar como prestador de

    último recurso. Ese es un régimen muy duro. Creo que no

    es ventajoso estar unido a la divisa de un país importante y

    tener una política económica impuesta por la Reserva

    Federal.

    &endash; ¿Dónde estaba el FMI cuando se produjo la

    crisis? ¿No tenían ni el más mínimo

    indicio, ni siquiera después de lo que sucedió en

    México hace sólo unos años?

    &endash; Hacer la autopsia siempre es fácil. Pero lo cierto

    es que nadie tenía experiencia previa con respecto a la

    velocidad con que el capital puede salir a través de los

    mercados bursátiles y de divisas.

    &endash; ¿A pesar de experiencias similares en

    América latina?

    &endash; Lo que sucedió en América latina fue

    totalmente diferente. Allí hubo deuda pública y

    excesivo gasto. En cambio, aquí los gobiernos tenían un

    presupuesto relativamente prolijo; no había un gran

    déficit. Pero la cuenta corriente no cerraba.

    &endash; ¿Qué sucede con su país, Singapur?

    ¿Qué significa todo esto para ustedes?

    &endash; Nos costará entre 2% y 3% del crecimiento pero, a

    largo plazo, si hay una pérdida de confianza en toda la

    región podría afectarnos más.

    &endash; Cuando hablamos de Indonesia, usted

    señaló que las empresas estaban tomando más

    préstamos que los aconsejables. Eso se aplica, en realidad, a

    toda la región.

    &endash; En el caso de Tailandia, se invirtió demasiado en

    proyectos improductivos como las propiedades, las oficinas y los

    condominios. Y en el caso de Corea del Sur, no se prestó

    suficiente atención a los resultados, porque lo que se buscaba

    era participación en el mercado y expansión mundial.

    Esa era la forma de hacer negocios de los chaebols. Cuando ya no

    pudieron alimentarlos con el ahorro interno, los chaebols buscaron

    préstamos externos.

    &endash; ¿Por qué falló el control de los

    bancos?

    &endash; Por influencias políticas, por amiguismo. Hay

    conglomerados que dirigen bancos, y los bancos toman el dinero de los

    depositantes y lo invierten en otro rubro de actividad del

    conglomerado. Por lo tanto, no había una evaluación

    adecuada de la viabilidad de los proyectos. Hace falta una mejor

    gobernabilidad, una mejor dirección empresaria.

    &endash; Usted ha sido un gran impulsor de los valores

    asiáticos pero, ¿no hay una contradicción

    fundamental entre este sistema y el capitalismo moderno?

    &endash; Ambos sistemas conviven en Singapur. Nos aseguramos de

    que las empresas familiares sepan que ésta es la forma en la

    que se rige el gobierno. No les imponemos la manera en la que deben

    dirigir sus empresas en otra parte, pero en Singapur deben respetar

    las reglas de un sistema abierto y transparente. Como resultado, la

    segunda generación ha convertido a sus organizaciones en

    estructuras empresarias adecuadas.

    Si usted observa a los grandes magnates de Singapur de la primera

    generación &endash;los años ´50, ´60 y ´70&endash;

    verá que sus hijos, que se han hecho cargo de las

    compañías en las décadas de los ´80 y ´90,

    están contratando gerentes con experiencia en multinacionales

    y en grandes compañías. Estos gerentes profesionales

    están instituyendo sistemas. Esto está sucediendo

    también en algunos otros países.

    El amiguismo y la corrupción son una degradación de

    los valores de Confucio. Las obligaciones con la familia y los amigos

    deben cumplirse con la riqueza privada, y no con la pública.

    Lamentablemente, estos principios han degenerado en abusos en el

    ejercicio de la función pública y han socavado la

    integridad del gobierno.

    Pero, si no tuviéramos valores asiáticos, la

    región no habría crecido tan rápidamente, y son

    esos mismos valores los que le permitirán recuperarse: trabajo

    duro, mucho ahorro, grandes inversiones, fuertes relaciones

    familiares, énfasis en la educación.

    En Singapur y Hong Kong preservamos lo mejor que nos dejaron los

    británicos: sistemas en los que los funcionarios

    públicos son árbitros y no participantes del mercado, y

    las decisiones se toman sobre la base de una competencia abierta

    sobre un terreno de juego equitativo, con ofertas abiertas, y no

    relaciones cerradas.

    A los demás les faltaron frenos y equilibrio. Consideremos

    la situación de Indonesia: tenía 240 bancos. Y no

    supieron sino hasta después de ocurridos los hechos que el

    sector privado había tomado préstamos en el exterior

    por más de US$ 70.000 millones.

    &endash; Mucha gente en Occidente piensa que los sistemas se

    derrumbaron porque eran en esencia autoritarios y porque se necesita

    democracia para que el capitalismo funcione bien.

    &endash; Observemos a Filipinas. Se la ha elogiado por su

    democracia y por la libertad de prensa. Pero, ¿soportó

    mejor esta crisis? Hacen falta sistemas, integridad, reglas de juego

    parejas.

    &endash; Muchos empresarios norteamericanos coinciden con usted

    en que, a largo plazo, las perspectivas de Asia siguen siendo

    favorables. Pero, si realizan inversiones hoy, ¿no se los

    acusará después de hacerse de activos a un precio de

    venta irrisoriamente bajo?

    &endash; Todo depende de cómo se lo haga. Si el precio es

    escandalosamente bajo y lo que usted está comprando son las

    joyas de la Corona, es muy probable que esto genere resentimiento.

    Pero las cosas serían distintas si usted trajera capital y

    experiencia y reactivara el negocio con el accionista original que

    sigue siendo parte de la empresa y con el que estaría

    compartiendo su recuperación. Sería inteligente

    proceder de este modo.