Por razones comerciales, los grandes proveedores de tecnología
se vieron obligados a enseñar a sus potenciales clientes en qué
consisten las innovaciones y cómo pueden contribuir a hacerlos más
eficientes. Con speakers de primer nivel y mucha exposición de casos,
esas convenciones cumplen con una importante tarea de capacitación.
Hasta hace no mucho tiempo, quien terminaba un posgrado en una buena
escuela de negocios – no necesariamente norteamericana, aunque
para muchos Harvard haya sido y siga siendo el must en la materia –
podía considerar razonablemente concluida su etapa de formación
académica. Sobre todo si el programa elegido incluía el método
de casos, sin duda la mejor forma de confrontar la teoría con la
práctica sin correr el riesgo de tener que sufrir ciertas realidades
en carne propia.
Como es notorio, eso dejó de ser así. La velocidad con
que la incorporación de nuevas tecnologías va modificando
hábitos y culturas en las empresas obliga a quienes trabajan en
ellas – y muy especialmente a aquellos que toman las decisiones –
a actualizar permanentemente sus conocimientos.
En esta nueva realidad, dos cosas están claras con respecto a
las fuentes tradicionales de educación empresaria: siguen siendo
irreemplazables en muchos aspectos fundamentales de la formación
de hombres y mujeres de negocios – a tal punto que para la mayoría
de las posiciones relevantes de las compañías se exige hoy
no sólo un título de grado, sino también uno de posgrado – ,
pero no siempre pueden actualizar sus contenidos con la misma velocidad
a la que se producen los cambios fuera de las aulas.
Acaso inesperadamente – porque es muy probable que no hayan
tenido el propósito de incursionar en la actividad académica – ,
buena parte de ese vacío vino a ser llenado por los grandes proveedores
de tecnología estratégica. En rigor, lo que hacen es absolutamente
coherente con sus objetivos comerciales: si ofrecen productos y servicios
tan costosos como novedosos, para poder venderlos necesitan que sus potenciales
clientes sepan de qué se trata. Y, como lo marcan los tiempos que
corren, rápido.
¿Qué es lo que hacen esas compañías? Organizan
convenciones con clientes de todo el mundo, que, por sus contenidos, se
convierten en virtuales posgrados, obviamente muy segmentados. En esos
encuentros, las empresas no sólo presentan sus principales novedades
sino que brindan verdaderos cursos, tan acelerados como profundos, acerca
de cómo incorporar eficientemente las nuevas tecnologías
y cómo se relacionan ellas, desde lo general hasta lo particular,
con los diferentes niveles, escalas y actividades del mundo de los negocios.
El arsenal marketinero-educativo desplegado en esas ocasiones llega
a sorprender, como lo constató MERCADO, que en los últimos
meses estuvo presente en dos de esas reuniones. Puede incluir conferencistas
de la talla del fundador del Laboratorio de Medios del Massachusetts Institute
of Technology (MIT), Nicholas Negroponte, como fue el caso de la Partners
User Group Conference que NCR realizó en San Diego, California.
O analistas top del mercado informático, como Douglas Lynn, del
Meta Group, invitado por Sun Microsystems a su Enterprise Workgroup Solutions
for Business, en Nueva York.
También comprende decenas de conferencias y exposiciones, muchas
de ellas generosas en la presentación de casos – por cierto,
con bastante más detalle y menos limitaciones informativas que los
que suelen estudiarse en las business schools – , a cargo de ejecutivos
y profesionales que, como es habitual en las empresas norteamericanas,
suelen ser atractivos speakers (aunque las palmas, en este rubro, deberían
corresponder sin discusión a Ron Swift, consultor, vicepresidente
asistente de NCR y uno de los principales expertos mundiales en data warehousing;
después de haberlo escuchado, cuesta comprender cómo se le
escapó semejante talento a la televisión).
Por otra parte tiene, multiplicado por cientos – o miles,
como en el caso de la abarcadora y multitudinaria reunión de NCR – ,
el irresistible atractivo que representa la posibilidad de tomar contacto
con ejecutivos de incontables compañías de todo el mundo,
algo que los cursos tradicionales de posgrado ofrecen en escala mucho menor.
Alejandro J. Lomuto
