lunes, 15 de junio de 2026

    La energía de la tercera ola

    El concepto de energía que moviliza la máquina
    comienza a ser sustituido por el concepto de energía
    empaquetada en un servicio que demanda un consumidor.

     

    Para llegar a ser viable, el capitalismo necesitaba una
    ideología de acrecentamiento del ingreso personal, pero
    también requería la tecnología de la
    máquina a vapor, nacida en 1775. El vapor fue la fuente de
    energía que pudo producir grandes acumulaciones de capital.
    Cuando las únicas fuentes de energía disponibles eran
    la fuerza humana o animal, como durante la era agrícola, la
    cantidad de equipos de capital que se podían agregar a una u
    otra era demasiado limitada para permitir la creación del
    capitalismo. Por ejemplo, Leonardo da Vinci llevó a cabo
    asombrosas invenciones sobre el papel, pero no pudo construir ninguna
    de ellas sin una fuente de energía que estaba más
    allá de su imaginación. Difícilmente se pueda
    exagerar la importancia del vapor en la revolución industrial.

    Con la máquina de vapor y las grandes cantidades de
    equipos que se podían adosar, la producción pudo
    alcanzar un nivel en el cual llegaron a ser posibles las
    economías de escala. El rendimiento podía aumentar
    proporcionalmente más rápido que las inversiones. La
    más alta productividad condujo a salarios y ganancias
    superiores, lo cual a su vez condujo a más adquisiciones de
    los bienes existentes y a la posibilidad de permitirse nuevos lujos
    que rápidamente se convirtieron en necesidades.

    Con el tiempo, la electricidad y el motor de combustión
    interna reemplazaron al vapor como la principal fuente de
    energía de la segunda ola. Permitieron formas más
    descentralizadas de producción, pero no modificaron de manera
    fundamental el sistema. Impulsaban máquinas capaces de operar
    mecanismos más sofisticados. Sólo eran más
    eficientes.

    En el siglo XXI la capacidad intelectual y la
    imaginación, la invención y la organización de
    nuevas tecnologías serán los ingredientes
    estratégicos clave. El capital físico todavía es
    necesario como la energía que lo moviliza, pero se ha
    convertido en una mercancía adquirible en los mercados
    mundiales. La comoditización del petróleo, principal
    fuente energética del capitalismo mecanizado, es un dato de
    fines del siglo XX.

     

    Nuevo papel

    El mundo energético de hoy está experimentando una
    etapa de transición, un punto de inflexión en su
    historia, un cambio que no está restringido sólo al
    petróleo, al gas, al carbón o a la electricidad. Ha
    surgido una nueva tendencia que apunta a la creación de una
    industria energética mundial, que modelará a su vez un
    nuevo perfil para las compañías del sector, enfrentadas
    a la realidad de un mundo que no consumirá petróleo,
    gas natural o carbón. El papel estratégico de la
    máquina de la era de la industrialización está
    dejando lugar a los servicios de la era del conocimiento. El mundo
    consumirá servicios, servicios creados por las industrias que
    hoy venden estos combustibles, pero bajo un formato utilizable por
    los verdaderos consumidores finales.

    Este cambio de tendencias obligará a aceptar una nueva
    realidad: ser el propietario de los recursos naturales será
    una condición necesaria para ser un actor en el mercado
    energético mundial, pero no suficiente para que una
    compañía sea rentable a largo plazo.

    El requerimiento fundamental es acceder a un mercado final.
    Surge así una nueva idea de integración vertical que
    irá más allá del hecho de que una
    compañía productora de petróleo compre una
    refinería o una cadena de comercialización o de que un
    productor de gas natural invierta en un emprendimiento de
    distribución. Las compañías exitosas
    mirarán más allá de los confines de su
    industria, hacia cualquier lugar donde pueda ser encontrado ese nuevo
    consumidor final.

    El concepto de energía que moviliza la máquina
    comienza a ser sustituido por el concepto de energía
    empaquetada en un servicio que demanda un consumidor. La
    energía de la tercera ola impone nuevos desafíos a
    partir de nuevos marcos conceptuales.

     

     

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