viernes, 1 de mayo de 2026

    La cultura de la creatividad

    Por primera vez en sus 106 años de vida la cadena
    publicitaria BBDO Worldwide celebró su encuentro global anual
    en Latinoamérica, concretamente en Buenos Aires. La local
    Ratto/BBDO -la red controla 40% de su paquete accionario-
    ofició de anfitriona de las más de 250 personalidades
    que arribaron desde los más remotos puntos del planeta. Allen
    Rosenshine, presidente y CEO mundial, y Carlos Ratto, VP y director
    general de la agencia argentina, opinaron sobre algunos de los temas
    centrales de la actividad.

     

    Allen Rosenshine es un hombre afable, a quien la
    responsabilidad de su cargo no parece producirle demasiado
    estrés; por el contrario, transmite la sensación de que
    disfruta realmente de su trabajo. Se inició en la actividad
    como redactor de una pequeña agencia de publicidad industrial,
    hasta que en 1965 se incorporó a BBDO de Estados Unidos, donde
    llegó a ser director general creativo en 1975.

    Cuando se le inquiere sobre su experiencia a lo largo de tanto
    tiempo en la firma, reflexiona unos instantes y concluye que no es
    posible contestar la pregunta desde un solo ángulo: “Los
    cambios han sido demasiado grandes; BBDO es hoy una agencia muy
    distinta de la que era cinco o diez años atrás, y mucho
    más respecto de cuando yo entré, hace más de 30
    años. En aquella época era casi exclusivamente local,
    estaba dedicada enteramente a Estados Unidos; no fue sino hasta la
    década del ´70 cuando se convirtió en una
    organización verdaderamente internacional”.

    En cuanto al tamaño, aunque reconoce que existen
    aspectos positivos y negativos alrededor de la cuestión,
    rechaza de plano que tenga una relación directa con la
    creatividad. “Hay una teoría que sostiene que las grandes
    agencias no pueden ser creativas justamente por esa cuestión
    del tamaño, porque las personas creativas no quieren estar en
    ellas y porque no se hace un buen trabajo debido a que hay demasiados
    jefes. Estoy absolutamente en contra de esa idea; pienso que la
    creatividad de cualquier organización depende de dos cosas:
    una es el compromiso de los directivos para convertirla en parte de
    la cultura, y la otra es, a través de ese compromiso, atraer y
    retener a las mejores personas. Y esto no tiene nada que ver con el
    tamaño, ya que BBDO es capaz de producir, en muchas de sus
    agencias en todo el mundo, algunos de los trabajos más
    creativos que se han visto.”

    Rosenshine afirma enfáticamente que la cultura de BBDO
    siempre estuvo orientada a la creatividad: “Si observamos a quienes
    han sido y son líderes de la organización, tanto en
    Estados Unidos como en los otros países, la mayoría
    viene del área creativa; los creativos tienen un lugar clave
    en el management. Hace poco leía que una de las agencias
    internacionales más importantes acababa de anunciar que
    igualaría la dirección creativa a la de cuentas; en
    BBDO una desigualdad semejante habría sido impensable. Si los
    creativos no participan de la dirección de la agencia, no
    pueden alentar la cultura de la creatividad. Todas las agencias
    declaman que su producto más importante es la creatividad;
    entonces, ¿por qué ésta no es brillante todo el
    tiempo? Lo dicen porque forma parte de un discurso que hay que dar,
    pero nosotros lo creemos realmente, nuestra cultura se ha dedicado a
    ponerla en práctica, y pienso que a eso se debe el
    éxito que hemos logrado”.

    Para Carlos Ratto, ésta es quizás una de las
    mayores razones de este matrimonio que acaba de cumplir una
    década: “Y antes de casarnos estuvimos noviando otros seis o
    siete años; el tema es que creemos en los mismos conceptos
    profesionales. Estamos muy cerca respecto de cómo vemos las
    marcas, cómo pensamos que debemos estar comunicados con el
    consumidor, cuáles estimamos que son las raíces de
    nuestro negocio. Tal vez necesitamos hablar mucho de muchas otras
    cosas, pero no del pensamiento estratégico creativo”.
    Entusiasmado con la metáfora matrimonial, agrega: “Cuando uno
    elige a alguien para casarse busca valores importantes, como la
    honestidad; no se fija en si a uno le gusta ir a bailar y al otro
    salir de compras; se pregunta por las cosas esenciales que los unen.
    Y nosotros compartimos esa cultura de la creatividad”.

     

    Un bosque cada vez más frondoso

    BBDO Worldwide, que opera en 72 países, ha basado su
    desarrollo en el partnership concept, a diferencia de otras grandes
    cadenas donde las agencias locales son sucursales. “No creemos en las
    filiales”, dice Rosenshine; “una branch es como un pequeño
    pedazo de un gran árbol. Nuestra red está compuesta por
    agencias que probaron su capacidad en sus propios mercados, y cuando
    se unen a nosotros pretendemos precisamente que nos aporten esa
    pericia, ofrecerles la oportunidad de crecer a través de
    negocios multinacionales y construir en conjunto las operaciones
    comerciales”. Ratto, por su parte, plantea que “BBDO no es un gran
    árbol con muchas ramas, es un bosque con grandes
    árboles locales”.

    En relación con el concepto think global, act local, el
    CEO de BBDO no cree que esté definitivamente muerto pero
    sí que la capacidad para ejecutarlo no es para nada
    homogénea: “La capacidad para pensar globalmente y actuar
    localmente es muy diferente de una agencia a otra, de una red a otra
    y aun de un cliente a otro”. Ratto reconoce que nunca debió
    padecer el cepo de los grandes patterns globales: “En realidad, en
    muchos de ellos participamos dentro del equipo que los creó,
    así que no podemos decir que tuvimos que sufrirlos. En cuanto
    a lo de think global, act local, quizás hoy sería
    más exacto plantear ´pensar globalmente, actuar regionalmente
    y sentir localmente´”, distinción que suscita la calurosa
    aprobación de Rosenshine.

    BBDO es una de las agencias más premiadas en el
    último quinquenio, y en el reciente certamen de Cannes fue
    consagrada la agencia del año. ¿Cuál es su actitud
    frente a esto? “Creemos definitivamente en los premios”, dice
    Rosenshine, “pero cuando hacemos publicidad nuestro objetivo no es
    ganar premios; éstos son un derivado natural de hacer un
    trabajo excelente que es reconocido por nuestros pares. Por supuesto
    que son importantes para estimular a la agencia, para conservar su
    prestigio de ´edén creativo´. Los buenos creativos quieren
    ganar premios porque son muy satisfactorios para el ego. ¿Y por
    qué no? No es un crimen”. Claro que, afortunadamente para la
    organización, la curva de su facturación muestra la
    misma línea ascendente, y en esto Rosenshine es contundente:
    “La medida de la relación entre premios y negocios es observar
    a los clientes para quienes ganamos esas distinciones; todavía
    son nuestros clientes; por y para ellos estamos creciendo, así
    que la actividad y los premios trabajan juntos”.

    ¿El avance y la sofisticación cada vez mayor del
    factor tecnológico pueden reemplazar una gran idea? “La
    tecnología nunca creó”, dispara Rosenshine. Para Ratto,
    “la tecnología cambió muchísimo en los
    últimos años pero el hombre no, y nosotros trabajamos
    para el ser humano. En el pasado uno tenía una hoja en blanco,
    hoy es un monitor; eso es todo. La tecnología modifica nuestra
    capacidad para llevar las ideas al mercado, para ejecutarlas, para
    recolectar información que permite formular las estrategias.
    Al final, siempre hay un hombre preguntándose:
    ´¿Qué hago?´, y ése es el creativo”.

    Como broche, Rosenshine sintetiza de algún modo su
    filosofía de trabajo: “Yo me siento feliz cuando me subo a un
    taxi y el conductor me pregunta: ´¿A qué se dedica?´,
    ´Trabajo en publicidad´, ´¿Y qué hace?´, ´Hago
    comerciales para la televisión´, ´Ah, ése que tal y tal
    cosa´… Entonces pienso que me estoy ganando bien mi dinero”.

    V.R.

     

     

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