domingo, 21 de junio de 2026

    La Argentina en blanco y negro

    —Las ventas sumadas de Ford y Volkswagen durante el
    año pasado fueron 54% más altas que las del
    último ejercicio de Autolatina. ¿Esta ha sido, entonces,
    una separación exitosa para ambas partes?


    —Absolutamente. Ahora, cada compañía tiene la
    posibilidad de desplegar su propia línea de productos y
    así se amplía mucho la base de crecimiento. Ambas
    estamos compitiendo en prácticamente todos los segmentos. En
    Autolatina, el auto chico estaba asignado a Volkswagen y Ford
    arrancaba de los medianos para arriba. Ahora tenemos dos modelos
    —el Fiesta y el Ka— en la categoría de los chicos.

    —¿Qué significaron para Ford estos dos
    años de existencia independiente en la Argentina?


    —Significaron, sobre todo, el tremendo desafío de ofrecer
    al consumidor argentino los productos mundiales de Ford de alta
    tecnología. Esto nos obligó a realizar lanzamientos en
    tiempo récord, con costo controlado y con calidad
    internacional. Claro que para eso contamos con una importante ayuda.
    Cuando uno se inserta en el proyecto global de Ford, dispone de
    recursos que de otra forma no tendría. Por ejemplo, la
    asistencia de las plantas madres de los productos que vayan a
    lanzarse. En el caso del Escort, recibimos colaboración de la
    gente de Alemania, que nos ha permitido producir el Escort en niveles
    de calidad iguales a los europeos.

    —¿Cómo fue el proceso de recuperación
    de la identidad propia de Ford en la Argentina?


    —Por suerte, tenemos una imagen de marca muy fuerte. Son
    más de 80 años en el país. Esta es una
    compañía que ha estado en las buenas y en las malas, y
    eso ha creado un reconocimiento de parte del público hacia
    Ford como una empresa con la cual se puede contar. Esto nos
    proporcionó una plataforma muy buena para relanzar a Ford en
    la Argentina.

    —¿Cómo funciona la complementación con
    Brasil?

    —Ford ha sido un vehículo muy importante de
    corporización del Mercosur, ya desde el relanzamiento de la
    marca en el mercado regional, tanto en la Argentina como en Brasil.
    Estamos concentrando la producción de algunos vehículos
    en la Argentina, de otros en Brasil; y procuramos que el comercio
    intrazona sea equilibrado para optimizar las oportunidades que da el
    Mercosur.

    —Ustedes no están, obviamente, entre quienes, desde
    esta misma industria, advierten más riesgos que oportunidades
    en el Mercosur.

    —Yo comprendo que a aquellos empresarios que no tienen la
    posibilidad de hacer una inversión fuerte en Brasil el esquema
    del Mercosur no les resulta altamente favorable. Pero los grandes
    jugadores mundiales de este negocio están aprovechando las
    ventajas del Mercosur, lo ven con interés y han invertido en
    proporción a los mercados que cada país ofrece. Creo
    también que, para que la industria automotriz cumpla con la
    misión de incorporar tecnología al país y
    desarrollar los recursos humanos locales, es importante que los
    actores más importantes del escenario internacional se sientan
    atraídos. Me parece que el sector estará mejor manejado
    por los que lideran este negocio en el mundo. Y la industria
    automotriz que tenemos ahora en la Argentina representa, en ese
    sentido, lo mejor del mundo, incorpora avances tecnológicos,
    da trabajo y desarrolla profesionales en todas las áreas.

    —Con respecto a las empresas autopartistas, que en muchos
    casos no han tenido la oportunidad —o la vocación—
    de reconvertirse para cumplir con los requerimientos de la
    globalidad, ¿que política ha adoptado Ford?


    —Los autopartistas se ven obligados a encontrar la forma de
    conseguir la tecnología, tanto de diseño de producto
    como de fabricación, equivalente a la de las empresas que
    abastecen a las casas matrices. En la Argentina, muchos proveedores
    han tenido que buscar licencias de tecnología o asociaciones
    con compañías del exterior. En varias ocasiones,
    nosotros hemos hecho de hada madrina, tratando de vincularlos con
    nuestros proveedores en Europa o en Estados Unidos. En otros casos,
    hemos ido más allá, como ocurrió con un
    fabricante local de sistemas de aire acondicionado, que en un momento
    determinado, para poder abastecer no sólo a Ford Argentina,
    sino también a la filial de Brasil, necesitaba un aporte
    importante de capital de trabajo y de tecnología. Finalmente,
    decidimos asociarnos con él. Ford aportó capital y
    ahora trabajamos juntos.

    —¿Es posible cerrar la brecha entre los proveedores
    argentinos y sus competidores brasileños?


    —Los autopartistas brasileños han tenido, como casi toda
    la pequeña y mediana industria en Brasil, un más
    temprano despertar a la globalización, a la necesidad de
    mejorar la calidad. Están trabajando desde hace mucho
    más tiempo en los temas de calidad y de productividad. En ese
    sentido, creo que uno de los grandes beneficios del actual
    régimen automotor argentino es que abrió la
    posibilidad, ya desde 1993, de empezar a hacer competir a nuestros
    proveedores con los brasileños. Esto ha traído unos
    saludables vientos de cambio. Porque es preciso tener en cuenta que
    la globalización no llegó a la Argentina este
    año, sino en 1992 y 1993.

    —Pero no todos se dieron cuenta.

    —Efectivamente, muchos pensaron que todo lo que se estaba
    haciendo era controlar la inflación. Pero la apertura se
    venía y se vino en todos los negocios, en éste
    también. En el proceso hubo perdedores, empresas que no
    pudieron seguir el ritmo. Nosotros hemos hecho todo lo posible para
    asistir tecnológicamente a nuestros proveedores y
    concesionarios para que dieran el salto, porque veíamos que el
    camino hacia una economía estable y abierta era irreversible.
    Para los autopartistas tenemos dos programas muy sólidos. Uno
    apunta a la implementación de sistemas de calidad. Para la
    mejora de productividad tenemos un programa que se llama T100 y que
    procura optimizar la cadena de valor y llegar al mínimo costo
    posible sin degradar la ganancia del proveedor y mantener viable su
    operación. Para los concesionarios también tenemos
    programas específicos de mejora de atención al cliente
    y de sevicio posventa.

    —Volviendo puertas adentro de Ford Argentina, recobrar el
    status de filial, después de haber sido socios de un fuerte
    competidor, ¿no significó una pérdida de
    autonomía en la gestión del negocio?

    —No, al contrario; porque cada una de las filiales lidera la
    estrategia en su mercado. Con la globalización, Ford no
    pretende darle la misma hamburguesa a todo el mundo, sino que cada
    mercado pueda atender sus requerimientos de la forma más
    eficiente. Un ejemplo muy claro de esto lo tuvimos con la moda de los
    vehículos diésel en la Argentina, que excedía
    las previsiones de Ford en todo el mundo. Sin embargo, insistimos
    tanto que nos dieron todos los productos con una altísima
    proporción de sistema diésel.

    —¿Qué expectativas tienen ustedes con respecto
    a la evolución del mercado argentino y al desempeño de
    la marca Ford en segmentos donde no tiene una posición de
    liderazgo?


    —A nosotros nos gustaría ver, cerca del 2000, una vuelta
    al récord histórico del ’94, del medio
    millón de autos. Pensamos que la tendencia marcha en ese
    sentido. En cuanto a Ford, tradicionalmente hemos sido muy fuertes en
    el segmento de los vehículos comerciales y en los
    automóviles medianos-grandes. Pero ahora la estrategia apunta
    a que en cada segmento del mercado participemos con un
    vehículo que tenga potencial de liderazgo.

    Dolores Valle