domingo, 21 de junio de 2026

    Encrucijada y desafío

    El Estado fue en Neuquén tradicionalmente planificador.
    Pero el esquema de desarrollo trazado hace tres décadas no se
    cumplió. En gran medida, porque suponía que la
    provincia tendría energía barata, basada en la
    producción hidroeléctrica. Las redes de
    distribución acabaron con esa ventaja.

    En segundo lugar, el organismo de planificación estatal, el
    Copade, consideró hasta ahora que la microeconomía del
    desarrollo debía quedar a cargo de las empresas. Se
    encargó por eso de la infraestructura, montó parques
    industriales importantes y pensó atraer de ese modo la
    inversión privada, sobre todo en el sector
    petroquímico.

    Pero así como la energía es hoy en Neuquén tan
    cara como en el resto del país, la petroquímica se
    instaló en Bahía Blanca, un puerto al que llega la
    materia prima casi sin costo adicional, por medio de oleoductos.
    Consecuencia: Neuquén tiene que repensar su destino industrial
    y estratégico.

    En los últimos años, las unidades agrícolas
    tradicionalmente productivas, que no superaban las cinco
    hectáreas, han dejado de ser rentables. Se habló de
    estimular al productor unipersonal, generar formas cooperativas y,
    por último, reconvertir a los microproductores
    frutícolas al rubro hortícola. En el campo de la
    fruticultura se esperaba una explosión productiva.

    Pero hay obstáculos serios. “El pequeño productor
    no tiene cultura cooperativa y es muy difícil reunirlo en
    cooperativas eficientes”, dice el economista Sergio Ponte, para
    quien semejante característica de individualismo
    “dificulta el montaje de unidades de producción viables
    por agregado de micropropietarios”.

    Ponte considera, además, que “pasar de la fruticultura a
    la horticultura requiere un cambio cultural no menos fuerte, porque
    las hortalizas piden más trabajo y cuidado que las
    frutas”, y se muestra escéptico respecto de la anunciada
    revolución frutícola: “Hace años que se
    viene hablando de ella, pero graves problemas de manejo del agua
    dificultan su desarrollo”, explica.

    El manejo inadecuado de las grandes represas satura las napas
    freáticas, y la prioridad absoluta que sus operadores dan a la
    generación hidroeléctrica los conduce a negarle agua al
    riego. Sólo aceptan los usos con fines turísticos y de
    navegación.

    A eso se agrega que no hay una cultura de la tierra, porque el
    paisano tradicional es criador, no agricultor.

    Además, para aprovechar el agua hacen falta grandes
    inversiones en alta tecnología de riego, y no existen estudios
    acabados acerca de montos, plazos y modos de realizar una
    política semejante. “El estado provincial no tiene una
    política agrícola de desarrollo”, dice Ponte.
    Cuando otorgó tierras fiscales no terminó de
    privatizarlas, por lo cual muchos chacareros mantuvieron una tenencia
    precaria que atentó contra el propio compromiso
    productivo.

    Gran parte de los expertos coincide con Ponte en que las
    características de la Patagonia como zona ecológica son
    una ventaja comparativa digna de ser aprovechada a la hora de
    desarrollar una agroindustria para exportación. Pero
    también advierten que, más allá de la iniciativa
    privada, un proceso de desarrollo sostenido sólo es posible
    con promoción, asistencia y capacitación estatales
    activas. “No basta con construir infraestructura y ofrecer
    dinero barato: hay que orientar desde el punto de vista
    técnico y gerencial a los empresarios interesados”,
    señala Ponte.

     

    Un tema político

    Carlos Francisco, presidente de la Asociación del Comercio,
    Industria, Producción y Afines de Neuquén (Acipan),
    confirma esa interpretación y resume el desafío actual:
    “Neuquén tiene todavía dos veces más
    comercios por persona que el resto del país (un promedio de 80
    contra 40), pero de lo que se trata hoy es de transformarse en una
    región productora”.

    Francisco critica también las políticas de
    desregulación que se han seguido, por las consecuencias que
    tuvieron sobre los precios de la electricidad y la nafta, “que
    son hoy más caras aquí, donde se producen, que en
    Buenos Aires”. El empresario sostiene que Neuquén no
    tiene “ninguna ventaja comparativa” y que está
    “financiando indirectamente el desarrollo de otras regiones del
    país sin recibir nada a cambio”.

    El presidente de Acipan también señala dificultades en
    el campo comercial: “Se han instalado grandes supermercados,
    como Tía y Wal-Mart, que no sólo pueden acceder a otros
    costos de electricidad, sino que gozan de beneficios desiguales, como
    las comisiones que les cobran las tarjetas de crédito, de 1%,
    contra 10% que imponen a los pequeños comercios”,
    comenta, y se queja de que “lo más notable es que la
    llegada de estas grandes tiendas es bienvenida”.

    Algunos indicios sugieren que el problema central es político.
    “En los últimos años, Acipan entregó al
    estado provincial dos proyectos de desarrollo integral, pero no se ha
    hecho nada hasta ahora”, dice Francisco, aunque reconoce que
    “es lógico, teniendo en cuenta que el Estado fue rico y
    pudo atender las necesidades de la provincia con políticas
    asistencialistas, pero la distribución se acabó porque
    el Estado tiene que achicarse a un tercio de lo que es”. No
    obstante, advierte que, “para poder hacerlo, tiene que generar
    fuentes de trabajo alternativas”.

    El dirigente empresario cuenta que Acipan propuso derivar 50% de la
    recaudación del impuesto a los ingresos brutos para financiar
    proyectos de desarrollo en lugar de dedicarlos a sostener la
    actividad del sector público. “Pero no recibimos
    respuesta”, lamenta, y reclama lo mismo que los partidos de
    oposición: que el gobierno tome conciencia plena de que, antes
    que cuidar los votos, es necesario generar transformaciones.

     

    Una Tía próspera

    Tía instaló su primer local en Neuquén en
    1984. Su gerente local, Eulogio Minardi, explica que la
    compañía “consideró muy importante tener
    presencia en la Patagonia y eligió Neuquén por su
    prosperidad”. Once años más tarde la
    compañía tuvo la oportunidad de comprarle al
    Ejército una manzana céntrica de la capital provincial.
    Allí erigió “el primer hipermercado de la
    Patagonia y el comercio más grande de la región del
    Alto Valle”, según Minardi.

    La inversión sumó $ 17 millones para 20.500 metros
    cuadrados cubiertos de construcción con casi 9.000 metros de
    salón de venta (con una línea de 42 cajas), y
    laboratorios propios. El local cuenta también con playa de
    estacionamiento para 350 vehículos —con dos entradas y
    dos salidas—, enfermería, sistema de seguridad contra
    incendios, 270 lockers, compactadora de residuos, un patio de comidas
    de 1.200 metros cuadrados con 400 asientos y un laboratorio
    fotográfico.

    Tía tiene una oferta de 15.000 artículos que incluyen
    elaboración propia de panadería, pastelería,
    rotisería y pastas frescas, así como productos de
    terceros de comestibles —incluidos congelados—,
    perfumería, higiene personal, ropa, bazar, ferretería,
    papelería, librería, disquería,
    juguetería, cotillón, accesorios para automotores,
    electrodomésticos y plantas naturales.

    La empresa recibe por mes a unos 300.000 clientes, que gastan un
    promedio de $ 31 por persona, lo que genera un ingreso aproximado a $
    9,5 millones cada 30 días. Con 350 personas, atiende no
    sólo a los pobladores de la capital y su conurbano, sino
    también a los de las localidades vecinas de Cinco Saltos,
    Senillosa, Villa Regina, Zapala y Cutral-Co.

     

    Aga hace lo suyo

    La empresa de origen sueco Aga llegó a Neuquén en
    1987, con una comercializadora que hoy dirige Ricardo Chucrallah
    desde su puesto de gerente de Ventas de la sucursal Neuquén.
    La firma produce y vende toda clase de gases del aire para uso
    industrial y médico. Tiene 10 sucursales propias en el
    país y cinco concesiones oficiales. “Acabamos de cambiar
    de estructura, dando en concesión muchas de nuestras antiguas
    plantas y sucursales”, relata el ejecutivo.

    El cambio nació de la necesidad de atender mejor a los
    clientes minoristas. “El nuevo esquema nos torna más
    ágiles”, asegura Chucrallah, quien cuenta que en
    Neuquén se hizo cargo de la concesión el ingeniero
    Santiago Nabaes, antiguo empleado de la empresa y hoy dueño de
    Gases Neuquén.

    “Nuestros grandes consumidores son las empresas petroleras, que
    consumen 70% de la producción anual, pero también
    atendemos a hospitales y algunas industrias con necesidades muy
    específicas, como plantas de tratamiento y altos hornos”,
    relata Nabaes.

    El empresario cuenta que la planta local tiene seis meses de
    antigüedad y costó $ 8 millones. Fabrica unas 50
    toneladas diarias de gases, que se reparten según las
    necesidades del mercado. “Tiene tecnología de vanguardia,
    está completamente automatizada, trabaja con siete operarios
    las 24 horas y atiende todo el mercado sureño, hasta Punta
    Arenas”, se entusiasma.

    La planta factura alrededor de $ 10 millones por año. De ese
    total, la distribuidora local toma sólo una parte, ya que
    cubre las necesidades de una región comprendida por casi todo
    Neuquén, Choele-Choel al este y San Carlos de Bariloche al
    sudoeste: unos $ 2 millones al año.

     

    Flores para comer

    Desde hace seis años, Alberto Zanella y su socio producen
    plantines florales en Plottier. “En verano llegan de Buenos
    Aires $ 60.000 por día en plantines”, dice Zanella, y
    agrega: “Cuando vimos esto, notamos que existía en la
    región una demanda insatisfecha que podemos atender desde
    aquí, de modo que el dinero de los consumidores quede en la
    provincia”.

    “Incorporamos entonces la tecnología necesaria y
    abandonamos el tomate, que cultivábamos hasta entonces, para
    pasarnos a las flores, que son menos estresantes”, relata. El
    emprendimiento, cuya razón social es Productora La Herradura,
    cuenta con dos hectáreas de viveros, desde los cuales se
    atiende la demanda de 24 supermercados, desde Villa Regina y Zapala
    hasta Viedma, Carmen de Patagones e incluso Caleta Olivia.
    “Vendemos entre 400 y 1.500 plantas por supermercado y por
    mes”, afirma Zanella.

    El productor se queja de que “el negocio lo hace el
    supermercado, que se lleva la mitad de los $ 4 promedio que cuesta
    una plantita al público” y asegura que, con el resto,
    él y su socio deben vivir y reinvertir. “En temporada,
    entre agosto y noviembre, sacamos alrededor de 300.000 plantines,
    pero en estos tiempos, sólo la décima parte”, dice
    Zanella. Con todo, se trata de un negocio que bordea los $ 700.000 al
    año.

    La Herradura cultiva alrededor de una hectárea, con unos 2.000
    metros cubiertos. “Más que suficiente, porque en un metro
    cuadrado caben 144 plantines, así que completamos nuestra
    oferta con una serie de plantas ornamentales que nos ayudan en las
    épocas de baja de las flores”, señala Zanella, y
    apunta que en cinco años llevan invertidos $ 80.000.

     

    Busco basura plástica

    Jorge Danielle tiene en Plottier una de las empresas más
    originales del Gran Neuquén y, probablemente, de la Argentina.
    Recicladora de Plásticos Dangen procesa toda clase de
    plásticos. Pero su iniciativa, que implicó una
    inversión de alrededor de $ 200.000, tiene una
    característica que la hace única: desarrolló su
    propia tecnología de compactación y fabricación
    de madera plástica, casi 10 veces más barata que la que
    manejan alemanes y norteamericanos, e igualmente eficiente.

    “Hace seis años, cuando empecé con este negocio,
    los municipios no nos tomaban en serio; les parecía una bonita
    iniciativa, pero no veían su valor económico”,
    dice Danielle, y agrega: “Hoy, la cosa empieza a cambiar.
    Desarrollamos una tecnología para mezclar todo tipo de
    plástico, y eso nos ha permitido lograr un producto con el que
    fabricamos bancos, rejas, tejas y muchos otros
    artículos”.

    El material que se consigue parte principalmente de botellas de
    detergente y lavandina, agua mineral y refrescos. Agregando un
    pigmento se le da el color que se desee. “Se trata de un
    material inoxidable, imputrescible, inerte a la humedad y al salitre,
    y que casi no requiere mantenimiento, porque ni siquiera hay que
    pintarlo”, explica Danielle.

    Recicladora de Plásticos Dangen produce alrededor de 25
    toneladas por mes, que vende a $ 1 la tonelada. “Por el momento,
    es una compañía modesta”, dice el joven
    empresario. “La dificultad que tengo para seguir creciendo es
    que la estructura de la firma es muy ligera: yo tengo que hacer tanto
    el trabajo de producción como el de promoción y
    ventas”, agrega.

    Dangen hizo, sin embargo, contactos con inversores chilenos, con
    Coca-Cola y con un par de inversores locales. Todavía no hay
    resultados, pero el empresario apunta a ampliar su negocio con los
    municipios y a conquistar el favor del sector privado para montar una
    compañía “con un auténtico departamento de
    marketing y una unidad de diseño que mejoraría el
    producto final”. Para ello se necesitará una
    inversión de $ 500.000.

     

    Ecológicamente incompetente

    “Debemos ser el único lugar en el mundo con 10
    derrames petroleros en un solo mes”, protesta Mónica
    Ocaña, del Ala Blanca del Movimiento Popular Neuquino (MPN).
    “No sé cómo hace YPF para que sus inversores
    norteamericanos ignoren que están invirtiendo en una industria
    sucia”, agrega.

    La socióloga entiende que “el daño
    ecológico es un signo inequívoco de que se utiliza una
    tecnología obsoleta en un contexto legal deficiente”, y
    afirma que “la consecuencia inmediata es que la cuenca del
    Río Colorado, límite de la Patagonia, que es una de las
    pocas zonas ecológicamente limpias en el mundo, está
    irremediablemente contaminada”.

    “Hay que decirlo: nuestra industria petrolera es
    ecológicamente incompetente”, concluye.