Uno de los pilares de la competitividad reside en la capacidad
innovadora de las empresas. Y ésta surge más
fácilmente en aquellos lugares en los que el mercado
reúne a consumidores, competidores y proveedores de buena
calidad. La tesis pertenece a Michael Porter, conocido en todo el
mundo por su obra, en la que sobresale el ya clásico Ventaja
competitiva de las naciones. Porter estará en Buenos Aires el
14 de mayo para dictar una conferencia organizada por HSM en el
auditorio de Parque Norte. El tema del seminario, “La nueva era de la
estrategia”, abarca cuestiones vitales para el éxito de las
empresas, entre ellas: cómo identificar lo que crea valor para
el cliente y cómo diferenciarse y obtener más
rentabilidad que sus competidores.
La importancia de la ubicación física de una
empresa suele ser un aspecto dejado de lado en el análisis. La
mayor parte de las investigaciones sobre la estructura de los
sectores de actividad y los procesos competitivos ha seguido, en
general, la tradición establecida por la teoría de la
comercialización, según la cual, a la hora de elegir el
lugar donde se establecerá una compañía, hay que
orientarse a minimizar los costos de los insumos como, por ejemplo,
el valor del inmueble, la mano de obra, el capital y la
energía.
Desde ese punto de vista, la elección del lugar es,
más que una estrategia, un mero detalle operativo.
Recién después de decidir cómo va a competir, la
empresa selecciona el emplazamiento físico de sus
instalaciones. Y siempre respondiendo al principio de que lo
importante es reducir costos operativos.
Pero, en los últimos tiempos, este enfoque está
perdiendo adeptos. El desarrollo de modernas tecnologías de
transporte y comunicaciones y la reducción de las barreras
artificiales de carácter regulatorio entre los países
-cuyas manifestaciones son la disminución de las barreras
comerciales y la liberalización de los mercados financieros-
comienzan a hacer variar la concepción que sólo
vinculaba el valor del emplazamiento físico con la
minimización de costos.
Hoy, gracias a la reducción en los costos del
transporte y las comunicaciones, las empresas ya acceden a diferentes
insumos por medio de eficientes mercados globales, o concentran
determinadas actividades en lugares específicos para
garantizarse la provisión de esos mismos insumos, pero con
costos especialmente bajos.
Muchos observadores suelen ir más allá.
Argumentan que en un mundo de competencia global el lugar ya no es
relevante. La geografía y las fronteras políticas ya no
son obstáculos, y las empresas pueden, incluso, deshacerse
completamente de su identidad local o de su dependencia del lugar en
el que están instaladas.
Esta línea de pensamiento, sin embargo, no puede ser
probada por la evidencia empírica. Lo que sí es
comprobable es que aún persisten diferencias notables en el
desempeño económico de las naciones y, entre ellas, de
los diversos estados y ciudades. El hecho de que gran parte de las
empresas internacionales exitosas provenga de un mismo país no
hace más que dar cuenta de la importancia que sigue teniendo
el lugar.
En nuestro análisis, comenzamos por examinar los modelos
de éxito competitivo, en determinados sectores y segmentos
económicos. Tomamos como referencia a los diez países
más importantes del mundo por su desempeño comercial y
los comparamos con otros. En todos los sectores industriales
estudiados, incluyendo servicios y áreas de reciente
desarrollo -como las de software, materiales de tecnología
avanzada y biotecnología-, los principales fabricantes
tenían su sede, en general, en un grupo específico de
países o, muchas veces, en un mismo país.
Una evidencia más de la importancia de la
ubicación está en la concentración
geográfica de empresas líderes dentro de un determinado
país. Baste como ejemplo lo que sucede en Estados Unidos: a
pesar del libre comercio entre los diferentes estados que conforman
la Unión, de la existencia de una lengua y una
legislación comunes y de muchas otras semejanzas, la
ubicación parece haber adquirido un papel importante en el
logro de ventajas competitivas. Las producciones
cinematográficas y televisivas se concentran en Hollywood,
California; los muebles para oficinas, en la región oeste del
estado de Michigan; los productos farmacéuticos, en Filadelfia
o Nueva Jersey; las medias de seda y muebles para el hogar en
Carolina del Norte. Y la lista continúa.
Las concentraciones en campos específicos no son un
fenómeno excluyente de Estados Unidos: pueden encontrarse en
todos los países desarrollados. El caso estadounidense es, sin
embargo, notable. Dentro del país no hay fronteras
económicas relevantes y la economía norteamericana es
una metáfora de lo que puede llegar a suceder en una Europa
totalmente integrada.
Finalmente, la importancia de la ubicación para la
competitividad también aparece en las sedes centrales de las
grandes empresas multinacionales. A raíz de la
diversificación, el grado de dispersión
geográfica generalizada de los grupos multinacionales puede
ser engañoso. Si sus actividades internacionales abarcan
varias áreas de productos diferentes, las de un determinado
sector son mucho menos dispersas.
Lo más importante sigue siendo observar la diferencia
entre los tipos de actividades que esos grupos desarrollan en cada
país. Las empresas internacionales tienden, por ejemplo, a
concentrar sus actividades más sofisticadas exclusivamente en
su país de orige: Hewlett-Packard tiene actualmente más
de 16.000 líneas de productos comercializados en todo el
mundo, pero la responsabilidad mundial de esas líneas
-incluyendo el núcleo de fabricación, el sector de
investigación y desarrollo y la toma de decisiones
estratégicas- está concentrada en un solo lugar.
Competencia global
La aparente paradoja entre la globalización de la
competencia y el importante papel desempeñado por el
país o la ciudad de origen de la empresa en la
determinación de su ventaja competitiva puede aclararse si
analizamos la competencia internacional y los orígenes de la
ventaja competitiva de forma diferente.
Para simplificar, vamos a hablar en términos de
competencia internacional, pero los mismos argumentos valen para la
competencia entre diferentes regiones de un mismo país.
El postulado que gobierna la competencia internacional se ha
modificado. El antiguo paradigma se basaba en la eficiencia
estática: la empresa con menores costos de insumos o mayor
economía de escala era la que ganaba la carrera.
No obstante, la globalización de la competencia y el
avance de la tecnología contribuyeron en gran medida a
neutralizar los beneficios de una buena ubicación. Las
empresas pueden obtener materias primas, capital y hasta
conocimientos científicos en diversos mercados internacionales
y sitúan sus actividades específicas en el exterior
para aprovechar insumos a bajo costo. El tamaño del mercado
del país de origen es menos importante que la capacidad de
entrar en mercados globales.
El avance tecnológico también les otorgó a
las empresas la capacidad de superar problemas inherentes a factores
locales. Las compañías japonesas, por ejemplo,
compensan altos costos de energía con tecnologías de
bajo consumo. Nuevas tecnologías contribuyen también a
disminuir la importancia de la economía de escala de una
empresa, permitiendo que sea rápidamente neutralizada por
competidores más pequeños y más creativos.
Así, la base de la ventaja competitiva se ha desplazado
de la eficiencia estática al mejoramiento dinámico.
Hoy, las posibilidades de competencia no residen en los insumos
baratos o en la economía de escala de las empresas, sino en la
capacidad constante de una compañía para renovar y
perfeccionar sus conocimientos y tecnologías de modo tal que
le permitan incrementar su competitividad.
En este tipo de competencia, el papel de la ubicación
cambia profundamente. Las empresas operan de manera global en la
búsqueda de proveedores de insumos y en el acceso a mercados.
Sin embargo, la ventaja competitiva viene del proceso de
innovación. Y en la mayoría de los casos la variable
innovadora se concentra en la matriz o base de origen de la
compañía o en la unidad donde tienen su sede el equipo
administrativo estratégico, las principales actividades de
investigación y la masa crítica de la producción
sofisticada de una línea determinada de productos.
La capacidad de renovación y mejoramiento depende, en
gran medida, del ambiente que rodea la base de origen de un
determinado negocio. Entre las cualidades de la ubicación,
nuestras investigaciones demostraron que las siguientes son las
más decisivas: la presencia de una concentración de
empleados calificados -en constante proceso de renovación de
conocimientos-, de tecnologías aplicadas, de una
infraestructura personalizada y de fuentes experimentadas de capital.
También la existencia de un núcleo de consumidores
sofisticados y exigentes -cuyas necesidades están a la
vanguardia con respecto a las que exhiben los consumidores de otros
lugares-, una masa crítica de proveedores locales de
componentes, máquinas y servicios especializados -que
contribuyan significativamente al mejoramiento del producto o del
proceso de producción- y la presencia de otros competidores
ubicados en el mismo lugar, que promueven el progreso.
Todas esas cualidades se potencian en un proceso acumulativo,
de refuerzo mutuo, en el que resulta difícil asegurar
cuál es la causa y cuál la consecuencia. Una de las
manifestaciones más importantes de esas influencias locales
está en la formación y en la presencia constante de
verdaderos agrupamientos de industrias interrelacionadas en
determinados lugares, muchas de ellas competidoras directas. El
resultado de esa concentración es que las economías
regionales y nacionales terminan siendo altamente condicionadas por
un número relativamente pequeño de agrupamientos de ese
tipo.
Mejoramiento dinámico
Las bondades que puedan atribuirse a la ubicación no se
apoyan únicamente en la eficiencia estática, sino
principalmente en la capacidad de mejoramiento dinámico. La
presencia de proveedores locales, por ejemplo, es importante no tanto
por el acceso fácil y rápido a insumos de bajo costo,
sino por la posibilidad de fomentar intercambio de
información, relaciones de trabajo y contactos, que generan la
posibilidad de imprimir mayor velocidad a las innovaciones.
La ubicación también ejerce una influencia
crucial en la capacidad de innovación de la empresa cuando
permite realizar comparaciones entre el propio desempeño y el
de los competidores locales.
En un mundo de competencia dinámica, en el cual los
bajos costos de los insumos son neutralizados como ventajas
competitivas y las economías de escala se tornan cada vez
más vulnerables ante las nuevas prácticas, lo
más importante para la empresa es recibir un flujo de
informaciones especializadas sobre la tecnología y las
necesidades de clientes y competidores, conocer la naturaleza y
garantizar la eficacia de las relaciones entre los participantes
locales y estar impulsada por esos participantes en la
búsqueda del progreso.
La proximidad -tanto física como cultural- de los
consumidores, principales proveedores y competidores es valiosa en el
modelo dinámico de competencia justamente por su influencia
sobre el flujo de informaciones y sobre la motivación.
A partir de allí, la necesidad de que la empresa
concentre sus actividades en un lugar apropiado se torna imperiosa,
porque facilita la coordinación interfuncional e integra
conocimientos e insumos recogidos en forma global, en vez de
distribuir actividades aisladas en diversos lugares con el
único objetivo de minimizar los costos.
En un modelo dinámico de competencia, los atributos de
la ubicación también determinan tanto el movimiento del
comercio como las inversiones externas directas en la empresa. Estos
atributos no sólo explican la capacidad exportadora de una
empresa, sino también su capacidad para crear activos
intangibles en un negocio, que suelen ser los motores indispensables
para la obtención de inversiones externas directas.
El nuevo aprendizaje sobre la importancia de la
ubicación plantea una rica gama de temas para futuras
investigaciones: sugiere la necesidad de retomar el análisis
de las economías de otros países y lanza una nueva luz
sobre el estudio de las economías de aglomeración, de
los conocimientos regionales e inclusive de las políticas
industriales y económicas.
Nuestra investigación sugiere, por ejemplo, que las
áreas económicas relevantes son más
pequeñas que muchos estados y al mismo tiempo pueden superar
fronteras provinciales e inclusive nacionales. La mayoría de
las influencias decisivas de política económica suele
sentirse a nivel local. Por eso, las investigaciones sobre la
capacidad de atraer inversiones externas directas y de fomentar el
comercio tienen que comenzar a poner el acento en la estrategia de la
ubicación.
Para la empresa, la preocupación debe ir más
allá de la optimización delimitada por ataduras fijas
-impuestas por la tecnología o por los insumos- y abarcar
procesos que -como en el caso de la ubicación- permitan romper
con esas ataduras.
QUÉ TIENE QUE TENER EL LUGAR
. Mano de obra calificada que renueve en forma permanente sus
conocimientos.
. Tecnología aplicada
. Infraestructura
. Fuentes de capital
. Consumidores sofisticados y exigentes cuyas necesidades
estén adelantadas en relación con las de los
consumidores de otros lugares.
. Proveedores de máquinas, componentes y servicios que
contribuyan al mejoramiento del producto y del proceso de
producción.
. Competidores directos de la empresa que generen
motivación para progresar.
