miércoles, 22 de abril de 2026

    Suiza mira el reloj

    A los jefes de gobierno de Italia, Alemania y Suiza se les
    concede el deseo de conversar con Dios. “¿Cuándo se
    terminarán nuestros problemas con la mafia y la
    corrupción?”, pregunta el italiano. “En cuatro años
    más”, le responde Dios. “Lástima que para entonces yo
    no estaré en el poder”, reflexiona el primer ministro.
    “¿Y qué pasará con los neonazis en mi
    país?, inquiere el alemán. “Dentro de seis años,
    nadie se acordará de ellos”, lo tranquiliza Dios. “Eso es
    fantástico, pero yo ya habré dejado el poder”, se
    lamenta el canciller. La pregunta del suizo parece más
    fácil: ¿Mi país ingresará, finalmente a la
    Unión Europea?”. “Sí, pero cuando eso ocurra yo no
    estaré ya en el poder”, contesta Dios.

    El chiste, que circula en las oficinas públicas de
    Berna, fue relatado por Nicolas Imboden, delegado del Consejo Federal
    para los Acuerdos Comerciales, en una conversación con
    MERCADO. Se trata, por cierto, de una muestra de humor con ribetes de
    inquietud. La pequeña, hermosa y rica Suiza empieza a sentir
    que para mantener su privilegiado lugar en el mundo deberá
    cambiar y adaptarse, una idea que hasta ahora no termina de ser
    digerida por su complejo y descentralizado sistema político.

    “Para los suizos, la Unión Europea es una
    construcción intelectual, no es algo que esté arraigado
    en el sentimiento popular”, explica Imboden. “Pero lo cierto es que
    los países de la UE son socios comerciales de los cuales no
    podemos -ni queremos- prescindir. Así y todo, es vital para
    nosotros, en esta etapa, abrir nuevos horizontes, más
    allá de Europa. La Expo Suiza en Buenos Aires es un paso en
    ese sentido.”

    Las cifras dan cuenta de lo extremadamente difícil que
    resultaría para los suizos romper el cerco europeo. La UE
    recibe 61,4% de las exportaciones y provee 80,1% de las
    importaciones. Frente a este poderoso abastecedor, cliente y vecino,
    el resto del mundo muestra una gravitación modesta: Estados
    Unidos, por ejemplo, participa con apenas 8,9% de las exportaciones y
    6,6% de las importaciones.

    Y hay que tener presente que el comercio ha sido y sigue siendo
    la clave del progreso para este pequeño país encerrado
    entre montañas y pobre en materias primas. Los banqueros del
    Crédit Suisse han elaborado, en este sentido, una
    estadística reveladora. Por el tamaño de su territorio,
    Suiza ocupa el puesto 124º en el ranking mundial, se ubica en el
    81º por número de habitantes, sube al 19º por su
    producto bruto y trepa al 16º por el volumen de su comercio
    exterior (que, por cierto, representa 60% del PBI). Sus reservas
    monetarias la llevan a la 9ª posición, se sitúa en
    el 5º puesto en operaciones de cambio de divisas y es el
    líder absoluto en la compra y venta de oro.

     

    Cuestión de valor

     

    Uno de los rasgos singulares de la economía suiza es que
    su formidable desempeño exportador se basa en una estructura
    en la que las Pymes representan 95% del parque industrial. En el
    sector de la alimentación, que exporta 65% de lo que produce,
    sólo una docena de empresas tiene planteles de más de
    500 trabajadores. El gigante Nestlé (ver recuadro) da empleo a
    220.000 personas en todo el mundo, pero sólo 6.500
    están en Suiza.

    La verdadera especialidad suiza, en todos los rubros y para
    empresas de cualquier tamaño, es agregar valor: el precio
    promedio de la tonelada de los productos que exporta es cuatro veces
    más alto que el de una tonelada de las mercaderías que
    importa.

    La prueba más dura, en ese sentido, la pasó la
    industria relojera. Los japoneses la pusieron de rodillas en los
    años ´70 con sus económicas piezas de cuarzo
    (paradójicamente, un invento suizo). Para sobrevivir, los
    suizos reunieron recursos y desarrollaron el Swatch, de diseño
    original y bajo precio. Así se salvó la industria.
    Pero, durante las siguientes dos décadas se dedicaron a
    promover el mercado de los relojes de lujo. Y lo consiguieron.

    Los relojes que exporta Japón alcanzan un precio
    promedio de US$ 20. En el caso de la industria suiza, 52% de las
    ventas al exterior proviene de piezas de alto valor (más de
    US$ 300). El promedio por unidad es US$ 110. Y la mayoría de
    los compradores está en países donde hay una fuerte
    industria relojera: Estados Unidos, Japón, Alemania y Francia.

    Otro detalle, no menor, de la performance exportadora suiza es
    la ausencia casi absoluta de subsidios públicos a la
    actividad. Los créditos para la promoción representan
    0,0013% del volumen exportado, la tasa más baja de cualquier
    país industrializado. El sector privado ejerce una eficaz
    tarea en este campo, a través de la Oficina Suiza para el
    Fomento del Comercio (Osec), que cuenta con más de 2.000
    empresas afiliadas y mantiene una extensa red de contactos en todo el
    mundo. Sólo un tercio de su presupuesto se cubre con aportes
    estatales.

     

    Fantasmas y contrastes

     

    Asentados en bases tan sólidas, ¿qué tienen
    que temer los suizos de una asociación formal con la
    Unión Europea? “Los obstáculos no son
    económicos, sino políticos”, señala Imboden.

    Y aquí es donde se hace sentir el espíritu
    conservador de una parte importante de la sociedad suiza, encarnado
    ahora en un próspero empresario de 57 años, Christoph
    Blocher, jefe del Partido Popular, el más pequeño de
    los cuatro que integran la coalición de gobierno. En 1992,
    Blocher promovió la realización del referéndum
    que bloqueó el ingreso de Suiza a la UE. Desde entonces, viene
    difundiendo, con creciente fervor, su prédica nacionalista. En
    un reciente discurso, recordó que Josef Goebbels (el ministro
    de Propaganda de Hitler) había instado a los suizos a sumarse
    a un nuevo orden europeo, y no dudó en trazar un paralelo con
    la situación actual: “Algunos políticos quieren ahora
    que abdiquemos de nuestros derechos, en favor de la burocracia de
    Bruselas”.

    Blocher también ocupó espacio en la prensa a
    principios de marzo, con su férrea oposición a que se
    creara un fondo de compensación para las víctimas del
    Holocausto. La iniciativa gubernamental, dijo, era una
    concesión a “la campaña de organizaciones judías
    para sacarles dinero a los suizos”.

    El consejero federal (ministro) de Asuntos Exteriores, Flavio
    Cotti, respondió, en una conversación con MERCADO, a
    estos argumentos. Con respecto a los renovados cuestionamientos a la
    actitud de Suiza durante la Segunda Guerra, señaló que
    “ésta es una oportunidad para ejercer una saludable
    reflexión sobre nuestra historia, para buscar la verdad y la
    justicia”. En cuanto a la polémica sobre el ingreso al marco
    comunitario europeo, Cotti no duda en afirmar que “no podemos
    permitirnos el lujo de ser un territorio aislado dentro de Europa.
    Suiza pierde oportunidades y ventajas por no estar integrada a la
    Unión Europea”.

    Imboden es aún más explícito, al afirmar
    que el ingreso como miembro pleno a la UE “es un objetivo
    estratégico para el gobierno suizo”. Y admite que “el paso del
    tiempo no nos favorece en este terreno, porque, cuanto más
    grande y federativa se torne la UE, se nos hará más
    difícil hacer escuchar nuestros argumentos”.

    “Suiza está obligada a encontrar una salida, y la
    Unión Europea también. Somos muy buenos socios y
    clientes; contribuimos en no poca medida a compensar el
    déficit de la UE con Japón.” Para Imboden, por lo
    tanto, la cuestión está destinada a resolverse
    más temprano que tarde. “Por lo menos, no hay duda de que,
    cuando esto suceda, Dios seguirá en el poder.”

     

     

    Una vidriera porteña

     

    Entre el 18 y el 27 de abril, Buenos Aires será la sede
    de Expo Suiza ´97. La muestra, que ocupará 5.000 metros
    cuadrados en el predio de la Sociedad Rural de Palermo, será
    la primera vidriera abierta por los suizos en el Mercosur. Los 70
    expositores que estarán presentes cubren una amplia gama de
    sectores, que van desde la clásica relojería hasta la
    robótica, la educación y el cuidado de la salud.

    La cocina suiza tendrá su propia vitrina en un festival
    gastronómico (en el hotel Libertador Kempinski), y tres
    artistas plásticos expondrán sus obras en el Centro
    Cultural Borges de las Galerías Pacífico.

     

    (En Berna) Dolores Valle

     

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