“Muchos (de los que fueron a buscar trabajo) son ex
propietarios de comercios minoristas quebrados”, dijo el ministro de
la Producción y el Empleo de la provincia de Buenos Aires,
Carlos Brown, entrevistado para la nota que ocupa la Portada de esta
edición.
El veloz surgimiento de las grandes cadenas de supermercados
como uno de los actores más dinámicos de la
economía argentina lleva la marca del cambio que impuso la
última década del siglo en el país y en el
mundo: un proceso en el que abundan los claroscuros y las
contradicciones. Los hipermercados aparecen como una de las caras
más visibles y atractivas de la modernización, la
eficiencia y el cambio de hábitos de consumo. Pero presentan
también zonas oscuras que suscitan varios interrogantes:
¿realmente bajan los precios, dan buen servicio a los clientes y
generan trabajo?; ¿son la ruina de los pequeños
comerciantes?; ¿explotan a los proveedores?; ¿estropean la
calidad de vida de las ciudades?
Los vecinos ricos
La extensa investigación periodística que
llevó a cabo MERCADO se orientó, precisamente, sobre
estos ejes. Los resultados permiten inferir respuestas positivas,
aunque con matices, a las cuestiones relativas a los precios y el
servicio.
Con respecto al tema laboral, resulta virtualmente imposible
determinar si es favorable el saldo entre los empleos que destruyen y
los que crean los supermercados. Por lo demás, la
investigación confirma, a través de numerosos
testimonios, que la pulseada entre el concentrado poder de los
supermercados y sus proveedores conduce a situaciones que se acercan
a una virtual extorsión, que la guerra de precios entre las
cadenas no elude el recurso al dumping y que los habitantes de las
zonas donde se instalan los hipermercados no se sienten precisamente
felices con los nuevos y poderosos vecinos.
Con respecto a la masiva desaparición de los comercios
barriales, la actitud de los entrevistados por MERCADO se acerca
más a la resignación que al cuestionamiento. “Lo que
estamos viviendo en la Argentina es el choque entre la modernidad y
la historia”, dijo Hugo Miguens, presidente de la Cámara
Argentina de Distribuidores y Autoservicios Mayoristas (Cadam).
Luces del centro
En febrero estuvo de visita en Buenos Aires un prominente
emisario de la modernidad: Steve Ballmer, número dos de
Microsoft y alter ego del ya mítico Bill Gates. Ballmer, a
quien muchos consideran verdadero autor de los milagros de marketing
que hicieron de la marca Windows un nombre de uso cotidiano en todo
el mundo, llegó para presentar en sociedad a la última
estrella de la empresa, Office 97. Con la típica franqueza
norteamericana, no dudó en sembrar noticias poco alentadoras
para el público local. En la Argentina, sentenció, los
negocios on line no están a la vuelta de la esquina. Faltan
computadoras en los hogares, y operar en Internet es todavía
demasiado costoso.
MERCADO asistió, en Nueva York, al espectacular
lanzamiento mundial de Office 97 y estuvo, en Miami, con el
responsable del producto para América latina, Mauricio
González de la Fuente, quien expuso con sencillez el
razonamiento que marca el rumbo de los negocios de la empresa :
“En la región hay 500 o 600 grandes compañías;
las Pymes, en cambio, son cientos de miles”.
Los chicos crecen
Que el gigante mundial del software haya decidido apostar sus
mejores fichas al mercado de las pequeñas y medianas empresas
da cuenta de una transformación que, por cierto, se advierte a
ambos lados del mostrador. No sólo cambia el perfil de los
clientes de la industria informática, sino también el
de los proveedores, como lo demostró recientemente Intersoft,
una empresa argentina mediana, que fue la única representante
del país en la feria Internet World de Nueva York, donde pudo
codearse -y competir- con los grandes del sector.
Todo esto conduce a que el cambiante terreno del negocio
informático resulte cada vez más difícil de
relevar. Ya casi no queda allí ningún feudo seguro, y
todos los liderazgos están en disputa. Steve Lair, presidente
de Informix, y Michael Stonebraker, presidente y gestor de Ilustra,
dejan en claro, en una entrevista con MERCADO, que la guerra de las
bases de datos ha comenzado y no ahorran municiones a la hora de
lanzar desafíos: “No creo que haya ningún terreno en el
que Oracle nos pueda ganar”, afirma el hombre de Informix.
Mirar hacia adentro
Pero no todo el material con el que se está modelando el
país de fin de siglo es importado. Los impulsos del cambio
llegan cada vez con más intensidad desde las provincias,
enfrentadas a la necesidad de buscar sus propias estrategias de
supervivencia y desarrollo. Es el caso de Buenos Aires, cuyo gobierno
maneja un volumen de recursos públicos equivalente al de
Chile. El estado bonaerense es un protagonista frecuente de las
páginas de información económica: acaba de
saldar su deuda con el Banco de la Provincia comprando bonos del
Tesoro de Estados Unidos por US$ 292 millones, que obtuvo de
excedentes del presupuesto. La empresa provincial de electricidad,
Eseba, ha ingresado en el tramo decisivo de su privatización
con un inusual flujo de ofertas de inversores locales y extranjeros,
interesados en participar del negocio.
Pero Buenos Aires es, sobre todo, el escenario donde puede
estar gestándose el relevo político de 1999. Quienes
quieren frenar las aspiraciones presidenciales de Eduardo Duhalde
vienen cuestionando, durante las últimas semanas, su voluntad
y capacidad de garantizar la permanencia del actual modelo
económico. Sostienen que el despliegue de políticas
asistencialistas en la provincia es el signo inequívoco de una
vocación populista, que revelaría el designio secreto
de peronizar la economía.
Enfrentado a estos argumentos, el ministro de Economía
de Buenos Aires, Jorge Remes Lenicov, apela al balance de gobierno de
la provincia para demostrar que no ha habido vacilaciones en la
aplicación del ajuste. (“Cuando tuvimos que hacer un gran
esfuerzo para llegar al equilibrio fiscal, lo hicimos. No se
tiró manteca al techo”, afirma en una entrevista con MERCADO.)
No oculta, sin embargo, que la actual administración
bonaerense considera su deber intervenir activamente en la
búsqueda del equilibrio del desarrollo y en la
construcción de una red de contención para preservar el
tejido social.
El hecho de que esta visión provenga de una experiencia
concreta de gobierno en el ámbito provincial es otro indicio
de que el protagonismo del interior como generador de iniciativas y
modelos tiende a afirmarse en la Argentina. Lo que da sustento, a su
vez, a un proyecto periodístico de largo aliento que se inicia
en esta edición de MERCADO. La propuesta apunta a trazar un
amplio y profundo retrato de las grandes ciudades argentinas: sus
logros y dificultades, su carácter y calidad de vida, su
cultura y su destino.
La serie comienza con Córdoba, donde las miradas ya no
confluyen tanto hacia Buenos Aires, sino que empiezan a detenerse,
con fundadas expectativas, en el corazón geográfico del
Mercosur.
