domingo, 21 de junio de 2026

    ¿Duhalde garantiza el modelo?

    Ocupa desde hace ocho años el Ministerio de
    Economía de la provincia de Buenos Aires, un récord
    sólo superado -según él mismo cuenta- en tiempos
    de Juan Manuel de Rosas.

    Su bajo perfil político le ha permitido transitar sin
    conflictos desde la administración de Antonio Cafiero hasta la
    de Eduardo Duhalde. Esa misma virtud, unida a sus reconocidas dotes
    de administrador (a cargo de un presupuesto equivalente al de un
    país como Chile), podría, además, facilitarle el
    camino al Palacio de Hacienda de la Nación, si se cumplen las
    aspiraciones presidenciales del actual gobernador.

    Jorge Remes Lenicov es, por lo tanto, una de los
    interlocutores más autorizados para responder el interrogante
    que desvela a no pocos empresarios: ¿se puede confiar en que
    Duhalde mantendrá firmes los pilares de la
    Convertibilidad?

     

     

    – ¿Cómo reacciona usted ante el argumento
    -frecuentemente escuchado en estos últimos tiempos- de que una
    nueva reelección de Menem es necesaria para asegurar la
    continuidad del modelo económico, porque Duhalde no ofrece
    suficientes garantías en este sentido?

    – La respuesta está en los hechos. Durante la
    gobernación de Duhalde, en la provincia de Buenos Aires hubo
    equilibrio fiscal, no aumentó el endeudamiento, el presupuesto
    se presentó en fecha y fue cumplido, se puso en marcha un
    proceso de privatización, no hemos cambiado ninguna
    reglamentación en materia económica, y la Corte y los
    organismos constitucionales de control están en manos de la
    oposición.

    No se nos puede atribuir una actitud populista. Cuando tuvimos
    que hacer un gran esfuerzo para llegar al equilibrio fiscal, lo
    hicimos. No se tiró manteca al techo.

    – Algunos sectores le critican a Duhalde su fuerte
    política asistencialista en un contexto que requeriría
    atacar a fondo las causas del alto desempleo que afecta a la
    provincia.

    – Para combatir el desempleo hay que aumentar la inversión
    y el ahorro, y esto es macroeconomía. Ahora bien, ante un
    índice de desempleo en el conurbano de 20%, ¿qué
    hacemos con los trabajadores desocupados y sus familias? No se los
    puede incorporar a la administración pública, ni puede
    el gobierno crearles puestos en la actividad privada. Lo único
    que puede hacer es dar asistencia. Si esto es criticado, pues que lo
    sea. Creo que es obligación del gobierno bregar por tener una
    sociedad donde sea posible la convivencia. Porque yo haría la
    pregunta inversa: si no hiciéramos lo que estamos haciendo en
    términos de contención social, ¿qué
    pasaría en el Gran Buenos Aires? ¿Se podría
    sostener el plan económico?

    Se está generando un cambio muy importante y muy positivo
    en la Argentina, pero deja una estela. Paliar esta situación
    nos cuesta a nosotros algo más que US$ 400 millones anuales.
    Es mucho, pero no nos olvidemos de que en la provincia la cantidad de
    desempleados supera el millón.

    Esto tiene que ver, por una parte, con el hecho de que el Gran
    Buenos Aires recibe un gran flujo inmigratorio de todo el interior y
    también de países limítrofes, y, por otra parte,
    es una zona donde el proceso de reconversión se ha dado de una
    manera muy acelerada no sólo en la industria, sino
    también

    en las empresas del Estado, y también en el comercio.

    – Debido, quizás, al enorme volumen de recursos que
    maneja la provincia de Buenos Aires, el papel del sector
    público parece mucho más protagónico que el que
    se observa en otras provincias o, incluso, en la Nación.
    ¿La negativa del gobierno a privatizar el Banco de la Provincia
    se inscribe en una estrategia de mantener un Estado provincial fuerte
    y activo?

    – Bueno, tampoco se privatiza el Banco Nación, y eso no es
    motivo para hablar de una vocación estatista. La empresa
    energética de la provincia está en vías de
    privatización, y también la de aguas, el astillero que
    nos transfirió la Nación, el Hotel Provincial… y no
    hay mucho más para transferir.

    Con respecto al banco, la institución funciona bien,
    cumple con su cometido y brinda una atención a las
    pequeñas y medianas empresas que de otro modo
    difícilmente tendrían acceso a financiamiento. Otro
    punto importante es que mantiene absoluta independencia de las
    cuentas provinciales. La provincia no usa al banco para que le preste
    plata, nosotros vamos al mercado internacional de capitales. El Banco
    es un instrumento de política necesario, porque hay ciertas
    áreas donde el Estado tiene que tener algún tipo de
    intervención. Cuando uno está pensando en tener un
    desarrollo regional más equilibrado, más
    armónico; cuando se tiene en cuenta que las Pymes cumplen un
    papel protagónico dentro de la economía, dentro del
    tejido social, estas cosas hay que preservarlas, y para eso sirve el
    Banco.

    – La provincia viene desarrollando iniciativas independientes
    en materia de comercio exterior y promoción de las
    inversiones. ¿A qué estrategia responde esto?

    – Responde al propio desarrollo bonaerense, y a que tenemos
    capacidad para hacerlo. Hace tres años decidimos poner en
    marcha un programa de inversión pública en el interior
    bonaerense de US$ 600 millones por encima de la asignación
    presupuestaria. ¿Cómo financiamos esta inversión?
    Lo que hicimos fue colocar bonos en el mercado internacional, fuimos
    a las Bolsas de Londres, Zurich, Francfort y Nueva York. Esto
    también sirve para que el nombre de la provincia de Buenos
    Aires empiece a circular por el exterior. Por otra parte, he
    acompañado al gobernador en algunas giras en las que hemos
    hablado de la venta de Eseba, y conversamos con potenciales
    inversores. Tratamos de promocionar a la Argentina y a la provincia.

    – Una pregunta casi íntima: ¿con qué
    corriente del pensamiento económico se considera usted
    más identificado?

    – ¿Eso no es un poco démodé? (risas). Mi origen
    es keynesiano. Pero estos años en el ministerio me han
    enseñado mucho. Mantener el equilibrio fiscal, que antes me
    parecía algo muy teórico, me permite ahora dormir todas
    las noches. Pero también pienso que el Estado tiene que tener
    participación en algunas cosas.

    Los márgenes de la acción de política
    económica son ahora más estrechos. Un ministro europeo
    le diría que Maastricht ya le fijó lo que tiene que
    hacer. Incluso en la Argentina, la diferencia que puede haber hoy
    entre un economista oficialista y otro de la oposición es de
    -por decir una cifra- 10%, mientras que hace 20 o 30 años era
    de 60% o más. Hace 20 o 30 años discutíamos el
    modelo de organización. Hoy podemos discutir si la tasa
    marginal de ganancias debe ser o no la que es, si el IVA debe estar a
    21% o a 18%, pero no se discute la columna vertebral.



     

    Dolores Valle

     

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