Ocupa desde hace ocho años el Ministerio de
Economía de la provincia de Buenos Aires, un récord
sólo superado -según él mismo cuenta- en tiempos
de Juan Manuel de Rosas.
Su bajo perfil político le ha permitido transitar sin
conflictos desde la administración de Antonio Cafiero hasta la
de Eduardo Duhalde. Esa misma virtud, unida a sus reconocidas dotes
de administrador (a cargo de un presupuesto equivalente al de un
país como Chile), podría, además, facilitarle el
camino al Palacio de Hacienda de la Nación, si se cumplen las
aspiraciones presidenciales del actual gobernador.
Jorge Remes Lenicov es, por lo tanto, una de los
interlocutores más autorizados para responder el interrogante
que desvela a no pocos empresarios: ¿se puede confiar en que
Duhalde mantendrá firmes los pilares de la
Convertibilidad?
– ¿Cómo reacciona usted ante el argumento
-frecuentemente escuchado en estos últimos tiempos- de que una
nueva reelección de Menem es necesaria para asegurar la
continuidad del modelo económico, porque Duhalde no ofrece
suficientes garantías en este sentido?
– La respuesta está en los hechos. Durante la
gobernación de Duhalde, en la provincia de Buenos Aires hubo
equilibrio fiscal, no aumentó el endeudamiento, el presupuesto
se presentó en fecha y fue cumplido, se puso en marcha un
proceso de privatización, no hemos cambiado ninguna
reglamentación en materia económica, y la Corte y los
organismos constitucionales de control están en manos de la
oposición.
No se nos puede atribuir una actitud populista. Cuando tuvimos
que hacer un gran esfuerzo para llegar al equilibrio fiscal, lo
hicimos. No se tiró manteca al techo.
– Algunos sectores le critican a Duhalde su fuerte
política asistencialista en un contexto que requeriría
atacar a fondo las causas del alto desempleo que afecta a la
provincia.
– Para combatir el desempleo hay que aumentar la inversión
y el ahorro, y esto es macroeconomía. Ahora bien, ante un
índice de desempleo en el conurbano de 20%, ¿qué
hacemos con los trabajadores desocupados y sus familias? No se los
puede incorporar a la administración pública, ni puede
el gobierno crearles puestos en la actividad privada. Lo único
que puede hacer es dar asistencia. Si esto es criticado, pues que lo
sea. Creo que es obligación del gobierno bregar por tener una
sociedad donde sea posible la convivencia. Porque yo haría la
pregunta inversa: si no hiciéramos lo que estamos haciendo en
términos de contención social, ¿qué
pasaría en el Gran Buenos Aires? ¿Se podría
sostener el plan económico?
Se está generando un cambio muy importante y muy positivo
en la Argentina, pero deja una estela. Paliar esta situación
nos cuesta a nosotros algo más que US$ 400 millones anuales.
Es mucho, pero no nos olvidemos de que en la provincia la cantidad de
desempleados supera el millón.
Esto tiene que ver, por una parte, con el hecho de que el Gran
Buenos Aires recibe un gran flujo inmigratorio de todo el interior y
también de países limítrofes, y, por otra parte,
es una zona donde el proceso de reconversión se ha dado de una
manera muy acelerada no sólo en la industria, sino
también
en las empresas del Estado, y también en el comercio.
– Debido, quizás, al enorme volumen de recursos que
maneja la provincia de Buenos Aires, el papel del sector
público parece mucho más protagónico que el que
se observa en otras provincias o, incluso, en la Nación.
¿La negativa del gobierno a privatizar el Banco de la Provincia
se inscribe en una estrategia de mantener un Estado provincial fuerte
y activo?
– Bueno, tampoco se privatiza el Banco Nación, y eso no es
motivo para hablar de una vocación estatista. La empresa
energética de la provincia está en vías de
privatización, y también la de aguas, el astillero que
nos transfirió la Nación, el Hotel Provincial… y no
hay mucho más para transferir.
Con respecto al banco, la institución funciona bien,
cumple con su cometido y brinda una atención a las
pequeñas y medianas empresas que de otro modo
difícilmente tendrían acceso a financiamiento. Otro
punto importante es que mantiene absoluta independencia de las
cuentas provinciales. La provincia no usa al banco para que le preste
plata, nosotros vamos al mercado internacional de capitales. El Banco
es un instrumento de política necesario, porque hay ciertas
áreas donde el Estado tiene que tener algún tipo de
intervención. Cuando uno está pensando en tener un
desarrollo regional más equilibrado, más
armónico; cuando se tiene en cuenta que las Pymes cumplen un
papel protagónico dentro de la economía, dentro del
tejido social, estas cosas hay que preservarlas, y para eso sirve el
Banco.
– La provincia viene desarrollando iniciativas independientes
en materia de comercio exterior y promoción de las
inversiones. ¿A qué estrategia responde esto?
– Responde al propio desarrollo bonaerense, y a que tenemos
capacidad para hacerlo. Hace tres años decidimos poner en
marcha un programa de inversión pública en el interior
bonaerense de US$ 600 millones por encima de la asignación
presupuestaria. ¿Cómo financiamos esta inversión?
Lo que hicimos fue colocar bonos en el mercado internacional, fuimos
a las Bolsas de Londres, Zurich, Francfort y Nueva York. Esto
también sirve para que el nombre de la provincia de Buenos
Aires empiece a circular por el exterior. Por otra parte, he
acompañado al gobernador en algunas giras en las que hemos
hablado de la venta de Eseba, y conversamos con potenciales
inversores. Tratamos de promocionar a la Argentina y a la provincia.
– Una pregunta casi íntima: ¿con qué
corriente del pensamiento económico se considera usted
más identificado?
– ¿Eso no es un poco démodé? (risas). Mi origen
es keynesiano. Pero estos años en el ministerio me han
enseñado mucho. Mantener el equilibrio fiscal, que antes me
parecía algo muy teórico, me permite ahora dormir todas
las noches. Pero también pienso que el Estado tiene que tener
participación en algunas cosas.
Los márgenes de la acción de política
económica son ahora más estrechos. Un ministro europeo
le diría que Maastricht ya le fijó lo que tiene que
hacer. Incluso en la Argentina, la diferencia que puede haber hoy
entre un economista oficialista y otro de la oposición es de
-por decir una cifra- 10%, mientras que hace 20 o 30 años era
de 60% o más. Hace 20 o 30 años discutíamos el
modelo de organización. Hoy podemos discutir si la tasa
marginal de ganancias debe ser o no la que es, si el IVA debe estar a
21% o a 18%, pero no se discute la columna vertebral.
Dolores Valle
