El 18 de octubre, el diario La Prensa cumplió 126 años. Sólo un recuadro en la tapa recordó el acontecimiento, lo que
confirma el nuevo perfil del diario fundado por José C. Paz en 1869, que Amalia Lacroze de Fortabat relanzó con bombos y
platillos hace casi dos años.
La Prensa, que en 1994 presentó una nueva imagen a todo color, con grandes fotos, abundantes suplementos y un concepto
revistero en el tratamiento de la información, dio un giro de 180 grados. Queremos hacer un diario con más lectura, menos
color, y como referencia tomamos el estilo de los españoles El País, El Mundo y La Vanguardia, explica Marcelo Capurro,
actual director periodístico.
Aunque nadie lo dice en el edificio de Azopardo, quedó muy atrás la idea de pelear el mercado matutino de igual a
igual con Clarín. La idea de este diario no es competir con nadie en particular, sino ocupar un nicho de mercado
que yo creo que no está ocupado en este momento, el de los diarios de opinión, pluralistas, afirma Capurro. La
Prensa va a estar en estado de alerta permanente. No nos vamos a diferenciar por el número de páginas, ni por los
clasificados; la idea es que el diario aborde los temas de la forma más original posible, con enfoques que lo distingan
de los demás, que atienda los temas más importantes del día y que consigne los otros. Trabajamos sobre la base de
que ya no hay diarios de complemento, no hay segundo diario, por eso hay que dar todos los servicios elementales.
Además de los cambios de diseño que incluyeron la eliminación de la banda superior de la página, denominada tren de
noticias, sobre la cual se basó la campaña de lanzamiento de la era Fortabat todavía queda por acotar el número de
suplementos, de los cuales Capurro sólo espera conservar dos: Quiero hacer un cuerpo de diario más importante, y muy
pocos suplementos que aparecerán sólo los domingos. Uno de economía empresarial, con mucho de negocios, y un
suplemento cultural que queremos que sea el mejor del país, como siempre tuvo La Prensa.
La visión de alguien que empezó en el periodismo y luego se dedicó a la publicidad representa, según el propio Capurro,
una ventaja para manejar el marketing de diarios; brinda la gimnasia de estar atento a lo que al consumidor le importa, en
este caso al lector.
Cuestión de influencia
El tradicional diario alcanzó su récord de ventas a fines de la década del ´30, cuando ponía 700.000 ejemplares en la calle.
En la actualidad, la tirada ronda, según estimaciones extraoficiales, 30.000 ejemplares. Pero Capurro prefiere no hablar de
números. Estamos en un proceso de cambio, De aquí a un año, si estamos vendiendo entre 35.000 y 40.000 ejemplares,
vamos a estar muy contentos, y si es entre 30.000 y 35.000 también, porque un diario que se transforma en necesario para
un sector de lectores no vale exclusivamente por lo que vende, sino por quienes lo leen y por lo influyente que es. Yo me
propongo hacer un diario para lectores ABC1 de aquí se señala la sien con el dedo, ABC1 de la cabeza, para lectores
inteligentes.
La nueva La Prensa inicia una vuelta de tuerca sobre su clásico estilo, menos notas con mayor información, menos figuritas
y más texto. Más clásico porque, en realidad, un diario de lectura tiene que ser clásico, ni sensacionalista ni masivo. Yo
querría hacer un cambio violento en los contenidos, pero eso es lo más difícil, porque depende de toda la redacción, no de
una decisión mía. Un cambio de diseño es más fácil. Esto va a llevar meses, advierte Capurro.
