domingo, 21 de junio de 2026

    Por venir

    MATRIMONIO POR NECESIDAD.

    La reciente decisión del laboratorio suizo Sandoz de invertir US$ 3.700 millones en la adquisición de Gerber (el líder norteamericano de alimentos para bebés) ilustra hasta qué punto la industria farmacéutica busca transformarse para salir de la actual crisis, marcada por el endurecimiento de la competencia, las presiones políticas y la tendencia internacional a controlar los costos de los

    medicamentos.

    Sandoz, uno de los diez grandes del sector, exhibió cifras saludables en su último balance: US$ 10.300 millones en ventas y US$ 1.200 millones de utilidades. Pero la necesidad de diversificarse aparece con signos de alarma si se considera que 35% de sus ganancias mundiales provienen de un único producto: Sandimmun, una droga utilizada para evitar problemas de rechazo en los trasplantes de órganos, cuya patente norteamericana expirará el año próximo, lo que dejará el campo libre a una multitud de competidores.

    Pero, a diferencia de sus colegas Merck y Smith Kline, que se expandieron hacia negocios relacionados con la salud, Sandoz optó por avanzar en el terreno de los alimentos, con un peso pesado de la industria. El sector no resulta, de todos modos, totalmente ajeno a la compañía farmacéutica suiza,

    que en 1967 compró la empresa Wander, fabricante de Ovaltine.

    UNIDOS CONTRA LA CONTAMINACION.

    Su rivalidad es casi legendaria; sin embargo, los tres grandes de Detroit (Ford, General Motors y Chrysler) decidieron sumar esfuerzos para resolver uno de los grandes problemas que enfrenta la industria automotriz en materia de cuidado del ambiente: el proceso de pintura de los automóviles.

    Las tres corporaciones invertirán US$ 22 millones en una planta piloto que operarán en forma conjunta en el estado de Michigan para probar nuevos métodos que incluyen el uso de pintura en polvo.

    VITAMINAS Y ALGO MAS.

    Golpeados por el desprestigio que impone la denominación de junk food (comida basura) en una época en que la búsqueda de la salud se ha convertido en verdadera obsesión, muchos fabricantes norteamericanos de golosinas y snacks optaron, en los últimos años, por eliminar azúcar y grasas de sus productos, con resultados poco halagüeños.

    Ahora, la voz de orden es incorporar vitaminas y dejar todo como está. Como el frenesí de las dietas ha perdido impulso, y avanza, en cambio, la preocupación por los valores nutricionales de los alimentos, los expertos en marketing aconsejan incluir vitamina C, calcio y minerales en galletitas, caramelos y chocolates para calmar la conciencia de los consumidores (sobre todo de los padres de niños en edad escolar) y seguir satisfaciendo sus gustos con las fórmulas tradicionales.

    Pero la estrategia ha levantado, a su vez, un verdadero clamor entre los nutricionistas. Se cuestionan, por ejemplo, productos como Hawaiian Punch, que se promociona como una bebida que ofrece, en una lata, tanto calcio como un vaso de leche y toda la provisión diaria de vitamina C que necesita un

    adulto, pero que contiene apenas 10% de verdadero jugo de frutas. Los médicos ven con preocupación, además, la posibilidad de que las nuevas golosinas fortificadas alienten a los padres a no limitar el consumo por parte de sus hijos.

    Los problemas de obesidad en la población infantil norteamericana, argumentan, se han incrementado en 60% durante los últimos 30 años.

    TARJETAS Y TELEFONIA CELULAR.

    Barclays PLC, el principal emisor de tarjetas de crédito en Gran Bretaña, se asoció con la compañía Mercury One-2-One (proveedora de sistemas de telefonía móvil) para ofrecer a sus usuarios la posibilidad de acceder a una amplia gama de servicios financieros a través de sus aparatos celulares.

    Los clientes podrán -literalmente desde donde estén- consultar sus saldos, solicitar una extensión de sus créditos, pagar cuentas y hacer compras. Para ello, recibirán tarjetas inteligentes provistas de un microchip capaz de recibir y transmitir datos.

    El target del negocio son los 2,2 millones de británicos que en este momento cuentan con un teléfono celular y que, según las estimaciones, podrían llegar a 10 millones a fines de esta década.