miércoles, 29 de abril de 2026

    El fantasma del desempleo

    Súbitamente el tema irrumpió en el escenario político argentino, pocas semanas antes de las elecciones de renovación parlamentaria. Según el INDEC, en el país está desocupado 9,9% de la población económicamente activa. Esta cifra representa 1.200.000 personas, 50% más que hace un año.

    No hay tema que provoque más ansiedad en la agenda de los países industrializados. Durante la década de los ´80, muchos gobiernos de signo conservador elaboraron la teoría de que la existencia de un amplio “ejército industrial de reserva”, como decía la jerga marxista, tenía enormes ventajas.

    Era un disuasivo para impedir que los sindicatos desplegaran todo el músculo de que eran capaces.

    En ese sentido, cuanto más durara la desocupación, más fácil sería reconvertir la economía y las relaciones industriales.

    Pero algo que pasó desapercibido entonces se ha instalado ahora en primer plano: la desocupación es estructural. No es como en el tradicional ciclo, que tras la recesión se generaban los empleos suficientes para devolver el trabajo a los desocupados. Ahora la incorporación masiva de tecnología, los nuevos procesos productivos, las nuevas habilidades que se requieren condenan a perpetuidad a los que viven del seguro social, a menos que se encare una masiva reeducación de esos recursos humanos. Y aun así, tampoco hay garantías de que habrá empleos para todos.

    En la Argentina todavía no se ha hecho la reconversión de los sectores productivos como para sostener que el fenómeno es estructural. Sí es cierto que se están perdiendo empleos mejor pagos en el sector industrial y que se generan otros, no tan bien remunerados, en el campo de los servicios.

    Además de los costos laborales, que son la excusa más evidente para explicar las cifras, hay una reflexión obligada. Esta tasa de desempleo ocurre cuando la economía está en crecimiento; con un alza de 6 a 7 puntos en el producto bruto. ¿Qué podría ocurrir si este ritmo fuera más lento o si se entrara en un ciclo recesivo?

    La educación laboral y la generación de empleos es la piedra de toque del programa presidencial de Bill Clinton en Estados Unidos. Para el mentor ideológico del programa, el actual secretario de Trabajo Robert Reich, hay dos situaciones que distinguir: una, la recesión, que tiene que ver con falta de empleos y supone una molesta gripe de la cual el país se recuperará; la otra, hay una seria infección, vinculada al nivel de ingreso de los ciudadanos, que puede ser crónica y de efectos fatales.

    Cuando se salga de la recesión se generarán nuevos empleos. Pero la retribución que tendrán estos nuevos puestos de trabajo será menor que la que recibían los antiguos ocupados. El problema de fondo es una persistente caída en el nivel de los ingresos de los sectores medios y de más bajo nivel

    adquisitivo. Esta es la cuestión: una creciente brecha en la distribución del ingreso nacional.

    La causa es una modificación sustancial del mapa laboral. Están desapareciendo los empleos en fábricas, en oficinas, todas aquellas posiciones para las que daban capacitación los oficios y carreras tradicionales. Desde 1989 se perdieron 1,3 millones de puestos industriales en Estados Unidos.

    Muchos de los despedidos encuentran ocupación en el sector servicios (restaurantes de comida rápida, almacenes, comercios), casi siempre a tiempo parcial, y con baja remuneración.

    Entre tanto, aumenta la demanda de empleos que requieren conocimiento especializado, antes inexistente. Especialmente en el sector computación, informática en general, tecnología de punta. Lo que se premia, y se paga mejor, es la capacidad para reconocer y solucionar problemas.