lunes, 1 de junio de 2026

    Lo esencial es invisible

    El temor a verse pintadas como una puerta o adornadas como un arbolito de navidad conduce a muchas mujeres a optar por un aspecto despojado, casi masculino. Y viceversa: otras se esfuerzan por reforzar su imagen a través de maquillajes recargados, más apropiados para una cantante de ópera que para una ejecutiva.

    De forma todavía incipiente en la Argentina, y crecientemente en el mundo industrializado, la cuestión comienza a extenderse a ámbitos más amplios que los de las preocupaciones individuales.

    “El creciente protagonismo femenino en las actividades profesionales y de negocios es hoy una realidad evidente, de ahí que la imagen de la mujer esté en juego más que nunca”, asegura Lucía Flotta, quien dirige desde hace trece años una escuela de maquillaje y, a partir de los últimos meses de 1992, el proyecto Business Make Up, un novedoso emprendimiento de servicios para empresas.

    “Una adecuada combinación de ropa, peinado, perfume y maquillaje refleja el buen criterio de una mujer. El maquillaje es esencial, y depende de leyes estéticas y armónicas, como toda arte plástica”, afirma.

    Esta fue, precisamente, la base de su formación profesional y se manifiesta ahora en su actividad.

    Flotta emplea técnicas (jugar con los claroscuros, la luminosidad) más relacionados con las artes visuales que con las tradiciones de la cosmetología. Renuente a recibir o dar recetas, se inclina por una única regla de inspiración poética: lo esencial es invisible. Un buen maquillaje, por lo tanto, debe poner en primer plano lo mejor de una mujer, sin que se advierta el artificio.

    Al Colón.

    Veinte años atrás, en el transcurso de una de las clásicas visitas guiadas, sucumbió al hechizo del Teatro Colón, cuyo departamento de caracterización la contó entre sus alumnas más diligentes.

    Decidida a explorar todas las oportunidades, se dedicó al mismo tiempo a la cosmetología y a lo que comúnmente se conoce como maquillaje social.

    “Pero lo que me enseñaban en ese terreno no me convencía: códigos estereotipados del tipo “las morenas deben usar tal color” o “un rostro ovalado se maquilla de tal forma”. Yo seguía con mi carrera en el Colón, aunque, como allí todo apuntaba a la ópera y a la danza, hice también estudios con Horacio Pisani, un prestigioso maquillador de cine y televisión. Por entonces me llamaron para hacer una suplencia como docente en una institución, precisamente en el área de capacitación en maquillaje.”

    Ese fue el detonante de un replanteo global sobre el tema, que le permitió integrar las diversas disciplinas en las que había incursionado. Así pudo estructurar un sistema que incluía una observación morfológica completa, la evaluación de las características personales, edad y contexto en que se desenvuelve la mujer, sus horarios y exigencias, y hasta su situación emocional. De ahí a iniciar su propia escuela mediaron sólo algunos pasos.

    El año pasado, Flotta resolvió poner en marcha el Business Make Up. “Organicé un servicio de asesoramiento y enseñanza para mujeres que trabajan en empresas. Este servicio abarca una amplia gama: desde recomponer el look, sin caer en la masificación, respetando las características individuales, hasta dictar cursos intensivos para que las mujeres dispongan de las herramientas necesarias para mejorar su imagen.”

    El programa, que contempla variantes económicas según el tipo de servicios contratados, apunta al mundo empresario. Está prevista, por ejemplo, una atención “de emergencia” a ejecutivas que necesitan presentarse impecables en un cóctel después de una agotadora jornada en la oficina.