jueves, 14 de mayo de 2026

    Capitalismo del rezagado

    Saburo Okita goza de enorme prestigio en este país,
    aunque muy pocos son los que han leído su plan para la
    Argentina o conocen a fondo sus ideas. La originalidad de este
    pensador japonés se condensa en este ensayo que estimula
    el debate reflexivo y clama por acción.


    El mundo ha pasado por un período de rápida
    transformación en los dos últimos años. Los
    cambios revolucionarios ocurridos en lo que fue la Unión
    Soviética y Europa Oriental -especialmente los reclamos
    de democratización y de reforma económica que marcaron
    un giro hacia las economías de mercado- son sin duda los
    más sobresalientes. Hechos semejantes eran impensables
    no hace mucho.


    La tendencia mundial es que, mientras los factores
    económicos y tecnológicos llevan hacia el globalismo,
    los factores culturales y sociales pugnan por preservar la identidad
    local o regional.


    Aunque a menudo se argumenta en Occidente que el
    vuelco hacia los mecanismos de mercado es una prueba fehaciente
    de que las economías de mercado son superiores a las economías
    centralizadas, esos mecanismos del mercado no son infalibles.
    Dadas las limitaciones existentes en cuanto a recursos, energía
    y medio ambiente, es importante reconciliar los dos sistemas y
    encontrar una manera efectiva de combinar los beneficios de los
    mecanismos de mercado y de la planificación estatal.


    Esto es especialmente importante porque las economías
    en desarrollo y las otrora economías planificadas buscan
    definir nuevas relaciones y cuotas de responsabilidad entre los
    sectores público y privado. A diferencia de lo que ocurre
    en los países industriales, esas regiones todavía
    necesitan la


    intervención del Estado no solamente para
    compensar las fallas del mercado, sino porque además sus
    sectores privados están menos maduros y sus mercados menos
    desarrollados que los de los países industrializados. Que
    la intervención del Estado sea efectiva o no depende no
    tanto de cuánto sino de cómo interviene el Estado.


    ¿Qué es, entonces, lo que determina la
    calidad de la intervención? Básicamente, se origina
    a través de la combinación de cuatro factores:


    * el mejoramiento de las capacidades administrativas
    y de una política orientadora para el funcionamiento del
    mercado;


    * el papel del Estado en el campo de la infraestructura
    física y social;


    * coherencia y compatibilidad de la estrategia a
    largo plazo;


    * la consideración de factores culturales.


    Ya que el desarrollo debe darse en una situación
    de parámetros en continuo cambio que están más
    allá del control del gobierno, el mercado juega un papel
    fundamental de coordinador. Si un gobierno intenta asumir esta
    función, el resultado será una administración
    sobredimensionada, aparición de


    intereses creados y corrupción que dificulte
    la puesta en práctica de los cambios de política
    económica. En cambio, debería ser posible a la vez
    aumentar las capacidades administrativas y estructurar una situación
    en la cual predomine la conducta de las economías de mercado,
    una situación que podría denominarse de democracia
    económica.


    Tomando específicamente el ejemplo japonés,
    el gobierno anunció en 1960 un plan nacional de duplicación
    del ingreso. Como director general del Buró de Planeamiento
    de la Oficina de Planeamiento Económico, yo estaba a cargo
    de diseñar ese plan, que a menudo se menciona como clave
    del rápido desarrollo económico de Japón
    en la posguerra. El plan fue diseñado teniendo en cuenta
    las tendencias de desarrollo económico del país,
    en un esfuerzo por eliminar los obstáculos al crecimiento,
    rectificar los desequilibrios existentes y paliar las desigualdades
    sociales y económicas.


    Con el plan, esperábamos duplicar el ingreso
    nacional de Japón en una década. En realidad, ese
    objetivo fue logrado en siete años. Así, Japón
    entró en un período de muy rápido crecimiento,
    con una tasa anual de 10% durante quince años. Por eso,
    el plan jugó un papel muy importante en consolidar las
    bases del desarrollo japonés de la posguerra.



    UNA LECCION PARA LOS ´90.



    Refiriéndose a las cinco prioridades que fijamos
    en el plan de 1960, el profesor Lester Thurow escribió:
    "Consideremos los cinco elementos en la estrategia económica
    japonesa a principios de la década en que duplicaron el
    ingreso: fortalecer el capital social, impulsar las industrias
    en crecimiento, promover las exportaciones, desarrollar tecnología
    y capacidad humana, y asegurar la


    estabilidad social mitigando la estructura dual de
    la economía. Esta lista podría muy bien servir como
    objetivos estratégicos para la economía estadounidense
    en el año 2000".


    Aunque hay algunos aspectos que en el extranjero
    han sido interpretados como indicativos de fuerte intervención
    del Estado, sería más acertado atribuir el crecimiento
    de Japón no a la intervención del Estado sino a
    la feroz competencia entre las empresas del sector privado y al
    vigoroso funcionamiento de los mecanismos del mercado. En realidad,
    las empresas del sector público japonés no fueron
    activos inversores de productos o servicios y tuvimos que reconsiderar
    las relaciones entre los sectores público y privado y promocionamos
    la privatización en un esfuerzo por reducir el sector del
    gobierno.


    Aunque los ferrocarriles y las telecomunicaciones
    fueron privatizados recientemente en Japón, la propiedad
    sigue, en gran medida, en manos del Estado. Hay una distinción
    importante entre privatización de manejo y privatización
    de propiedad. Para las empresas pequeñas, esta distinción
    es


    poco realista. Para las empresas grandes la privatización
    de gerencia debería fomentarse a través de una política
    que evite la excesiva intervención del gobierno y que aliente
    el aprovechamiento de las habilidades del director gerente.


    La privatización de propiedad, en cambio,
    no debería fomentarse con demasiada rapidez debido a la
    posibilidad de que pueda crear dificultades sociales y políticas.
    Es preferible un procedimiento paso a paso. La simple transferencia
    de propiedad del sector público al privado no es garantía
    de


    mejoramiento en la eficiencia de conducción.
    Debe haber competencia entre las empresas.


    Sin embargo, el gobierno puede tomar un papel central
    en el desarrollo de infraestructura. Este es el segundo aspecto
    que determina la calidad de la política: el rol del gobierno
    en el campo del desarrollo de infraestructura física y
    social. En particular, es fundamental que los estrategas y los
    encargados del planeamiento tomen nota de la importancia que tiene
    el papel del Estado en el


    desarrollo de los recursos humanos, en invertir en
    la gente.


    Aunque la educación elemental, salud e higiene,
    nutrición y otras necesidades humanas básicas rinden
    por lo general bajos beneficios financieros de corto plazo, debe
    tenerse en cuenta que pueden rendir un beneficio económico
    muy alto con una efectiva planificación e implementación.
    Igualmente importante es el rol del Estado en la construcción
    de la necesaria infraestructura, como caminos, puertos, comunicaciones
    y energía, manteniendo un equilibrio con el desarrollo
    del sector privado.


    El tercer aspecto, coherencia y compatibilidad en
    la política a largo plazo, señala la importancia
    del planeamiento basado en los supuestos de las estructuras económicas
    liberales. La importancia de la planificación a mediano
    y largo plazo es que la mayor parte de las políticas de
    planeamiento tanto


    del gobierno como de la empresa privada tienden a
    preocuparse demasiado por los temas y objetivos de corto plazo,
    y el planeamiento – en parte pronóstico y en parte persuasión
    – debería estimular a los estrategas del gobierno y de
    las empresas a adoptar una perspectiva de más largo plazo.


    El cuarto aspecto del papel del gobierno se refiere
    a la cultura. La South Commission declaró en su informe
    de 1990 -Challenge to the South- que la cultura debe ser un componente
    central de las estrategias de desarrollo en un sentido dual: por
    un lado, las estrategias deben ser sensibles a las raíces
    culturales de la sociedad y, por el otro, deben incluir el desarrollo
    de la cultura misma como un objetivo. Porque la cultura tradicional
    funciona para preservar las características sociales existentes,
    es fundamental que el desarrollo sea compatible con las caracterísicas
    básicas sociales y culturales.


    Usando estos cuatro factores, creo que, dependiendo
    de sus etapas y proceso de desarrollo y del nivel de introducción
    a los mecanismos del mercado, los países en desarrollo
    y las economías anteriormente centralizadas pueden adoptar
    esquemas de conducta diferentes de los del mundo industrializado,
    aun dentro del paradigma capitalista. Darse cuenta de esto también
    fue importante


    para Japón como país de industrialización
    tardía.


    Primero, porque si bien es importante liberalizar
    áreas microeconómicas, es esencial articular amplios
    lineamientos que gobiernan la formulación y el establecimiento
    de las políticas macroeconómicas.


    Segundo, pareciera que las naciones que están
    intentando alcanzar a los países industrializados necesitan
    tener gobiernos con un liderazgo más fuerte que el de las
    primeras economías industrializadas.


    La tercera dimensión es el requisito, difícil
    de lograr, de que los planificadores interpreten cabalmente las
    señales del mercado y las incorporen a su planeamiento.


    Esto quiere decir planeamiento a favor de las fuerzas
    del mercado y no en contra de ellas. En realidad, hay muchas habitaciones
    en la casa del capitalismo. El profesor Chalmers Johnson, de la
    Universidad de California, en San Diego, ha llamado a Japón
    un "estado capitalista en desarrollo".


    Subrayando el proceso dinámico del desarrollo,
    podría también ser llamado capitalismo de equiparación
    o capitalismo del rezagado.


    Creo que hay dos puntos adicionales que tienen que
    considerarse en el actual estado transicional del mundo. Uno es
    la aceleración de la interdependencia global por la preocupación
    ambiental, por la seguridad, las relaciones económicas
    y la cooperación para el desarrollo. En particular, la


    multipolarización de la economía mundial
    ha aumentado la necesidad de que se coordinen la política
    macroeconómica y la armonización sistémica.
    Mientras los avances en transporte, telecomunicaciones y procesamiento
    de la información están alimentando la creación
    de economías sin fronteras, va a haber fricción
    nacional mientras existan naciones. Esto significa que los países
    que


    elijan participar plenamente de la economía
    mundial inevitablemente enfrentarán el ajuste de las políticas
    externas e internas a través de negociaciones como la Ronda
    Uruguay del GATT y la Iniciativa para los Impedimentos Estructurales
    entre Japón y Estados Unidos en 1990 y 1991.


    El segundo punto es el medio ambiente global. La
    humanidad está hoy limitada tanto por consideraciones ambientales
    como por la naturaleza no renovable de los recursos. El medio
    ambiente es la base de la continuidad de nuestra existencia. Al
    mismo tiempo, dado que el desarrollo es imperativo si las economías
    en desarrollo van a erradicar la pobreza, debemos reconciliar
    de alguna forma los imperativos duales de la conservación
    ambiental y del desarrollo económico. Esto a su vez exige
    que logremos el desarrollo sustentable. Algún grado de
    riqueza material es esencial para el logro de las economías
    de mercado y gobierno democrático, y la búsqueda
    de riqueza material entraña, necesariamente, consumo de
    energía.


    Por eso, el logro y mantenimiento de las economías
    de mercado y del gobierno democrático exige alguna medida
    de desarrollo y crecimiento, además de mayor consumo energético.
    Sin embargo, aparentemente medidas opuestas deben tomarse al mismo
    tiempo para aliviar el impacto ambiental.



    ECOLOGIA Y ECONOMIA VAN DE LA MANO.



    El tema del papel del Estado y del mercado en el
    contexto de protección ambiental global puede resumirse
    diciendo que no hay política ecológica que pueda
    perseguirse eficientemente sin respetar los principios económicos
    fundamentales y que no hay política económica que
    pueda perseguirse


    con éxito sin tener en cuenta las consecuencias
    ecológicas. Estos dos principios simétricos, planteados
    por el subsecretario general de la OCDE, Pierre Vinde, en el simposio
    Malente en Alemania a fines del año pasado, han sido a
    menudo ignorados.


    Con las condiciones económicas del mundo en
    vertiginoso cambio, la región del Pacífico asiático
    está adquiriendo importancia no sólo en términos
    de PBI o en términos comerciales sino también en
    términos de las políticas económicas adoptadas
    por las economías de la región.


    Hay historias de éxito en el aumento de la
    tasa de ahorro, de políticas de crecimiento orientadas
    a la exportación, de cooperación entre gobierno
    y empresa, y mucho más. Las experiencias recientes de desarrollo
    en las economías del Pacífico asiático, particularmente
    en las economías del sudeste


    asiático, deben ser relevantes para otras
    economías en desarrollo y para las economías socialistas
    en proceso de transición de una economía centralizada
    a una economía más orientada hacia el mercado.


    (C) World Link/MERCADO.





    * Saburo Okita, ex ministro de Relaciones Exteriores
    de Japón, es presidente del Instituto para Estudios Políticos
    Internos e Internacionales de Tokio.