Saburo Okita goza de enorme prestigio en este país,
aunque muy pocos son los que han leído su plan para la
Argentina o conocen a fondo sus ideas. La originalidad de este
pensador japonés se condensa en este ensayo que estimula
el debate reflexivo y clama por acción.
El mundo ha pasado por un período de rápida
transformación en los dos últimos años. Los
cambios revolucionarios ocurridos en lo que fue la Unión
Soviética y Europa Oriental -especialmente los reclamos
de democratización y de reforma económica que marcaron
un giro hacia las economías de mercado- son sin duda los
más sobresalientes. Hechos semejantes eran impensables
no hace mucho.
La tendencia mundial es que, mientras los factores
económicos y tecnológicos llevan hacia el globalismo,
los factores culturales y sociales pugnan por preservar la identidad
local o regional.
Aunque a menudo se argumenta en Occidente que el
vuelco hacia los mecanismos de mercado es una prueba fehaciente
de que las economías de mercado son superiores a las economías
centralizadas, esos mecanismos del mercado no son infalibles.
Dadas las limitaciones existentes en cuanto a recursos, energía
y medio ambiente, es importante reconciliar los dos sistemas y
encontrar una manera efectiva de combinar los beneficios de los
mecanismos de mercado y de la planificación estatal.
Esto es especialmente importante porque las economías
en desarrollo y las otrora economías planificadas buscan
definir nuevas relaciones y cuotas de responsabilidad entre los
sectores público y privado. A diferencia de lo que ocurre
en los países industriales, esas regiones todavía
necesitan la
intervención del Estado no solamente para
compensar las fallas del mercado, sino porque además sus
sectores privados están menos maduros y sus mercados menos
desarrollados que los de los países industrializados. Que
la intervención del Estado sea efectiva o no depende no
tanto de cuánto sino de cómo interviene el Estado.
¿Qué es, entonces, lo que determina la
calidad de la intervención? Básicamente, se origina
a través de la combinación de cuatro factores:
* el mejoramiento de las capacidades administrativas
y de una política orientadora para el funcionamiento del
mercado;
* el papel del Estado en el campo de la infraestructura
física y social;
* coherencia y compatibilidad de la estrategia a
largo plazo;
* la consideración de factores culturales.
Ya que el desarrollo debe darse en una situación
de parámetros en continuo cambio que están más
allá del control del gobierno, el mercado juega un papel
fundamental de coordinador. Si un gobierno intenta asumir esta
función, el resultado será una administración
sobredimensionada, aparición de
intereses creados y corrupción que dificulte
la puesta en práctica de los cambios de política
económica. En cambio, debería ser posible a la vez
aumentar las capacidades administrativas y estructurar una situación
en la cual predomine la conducta de las economías de mercado,
una situación que podría denominarse de democracia
económica.
Tomando específicamente el ejemplo japonés,
el gobierno anunció en 1960 un plan nacional de duplicación
del ingreso. Como director general del Buró de Planeamiento
de la Oficina de Planeamiento Económico, yo estaba a cargo
de diseñar ese plan, que a menudo se menciona como clave
del rápido desarrollo económico de Japón
en la posguerra. El plan fue diseñado teniendo en cuenta
las tendencias de desarrollo económico del país,
en un esfuerzo por eliminar los obstáculos al crecimiento,
rectificar los desequilibrios existentes y paliar las desigualdades
sociales y económicas.
Con el plan, esperábamos duplicar el ingreso
nacional de Japón en una década. En realidad, ese
objetivo fue logrado en siete años. Así, Japón
entró en un período de muy rápido crecimiento,
con una tasa anual de 10% durante quince años. Por eso,
el plan jugó un papel muy importante en consolidar las
bases del desarrollo japonés de la posguerra.
UNA LECCION PARA LOS ´90.
Refiriéndose a las cinco prioridades que fijamos
en el plan de 1960, el profesor Lester Thurow escribió:
"Consideremos los cinco elementos en la estrategia económica
japonesa a principios de la década en que duplicaron el
ingreso: fortalecer el capital social, impulsar las industrias
en crecimiento, promover las exportaciones, desarrollar tecnología
y capacidad humana, y asegurar la
estabilidad social mitigando la estructura dual de
la economía. Esta lista podría muy bien servir como
objetivos estratégicos para la economía estadounidense
en el año 2000".
Aunque hay algunos aspectos que en el extranjero
han sido interpretados como indicativos de fuerte intervención
del Estado, sería más acertado atribuir el crecimiento
de Japón no a la intervención del Estado sino a
la feroz competencia entre las empresas del sector privado y al
vigoroso funcionamiento de los mecanismos del mercado. En realidad,
las empresas del sector público japonés no fueron
activos inversores de productos o servicios y tuvimos que reconsiderar
las relaciones entre los sectores público y privado y promocionamos
la privatización en un esfuerzo por reducir el sector del
gobierno.
Aunque los ferrocarriles y las telecomunicaciones
fueron privatizados recientemente en Japón, la propiedad
sigue, en gran medida, en manos del Estado. Hay una distinción
importante entre privatización de manejo y privatización
de propiedad. Para las empresas pequeñas, esta distinción
es
poco realista. Para las empresas grandes la privatización
de gerencia debería fomentarse a través de una política
que evite la excesiva intervención del gobierno y que aliente
el aprovechamiento de las habilidades del director gerente.
La privatización de propiedad, en cambio,
no debería fomentarse con demasiada rapidez debido a la
posibilidad de que pueda crear dificultades sociales y políticas.
Es preferible un procedimiento paso a paso. La simple transferencia
de propiedad del sector público al privado no es garantía
de
mejoramiento en la eficiencia de conducción.
Debe haber competencia entre las empresas.
Sin embargo, el gobierno puede tomar un papel central
en el desarrollo de infraestructura. Este es el segundo aspecto
que determina la calidad de la política: el rol del gobierno
en el campo del desarrollo de infraestructura física y
social. En particular, es fundamental que los estrategas y los
encargados del planeamiento tomen nota de la importancia que tiene
el papel del Estado en el
desarrollo de los recursos humanos, en invertir en
la gente.
Aunque la educación elemental, salud e higiene,
nutrición y otras necesidades humanas básicas rinden
por lo general bajos beneficios financieros de corto plazo, debe
tenerse en cuenta que pueden rendir un beneficio económico
muy alto con una efectiva planificación e implementación.
Igualmente importante es el rol del Estado en la construcción
de la necesaria infraestructura, como caminos, puertos, comunicaciones
y energía, manteniendo un equilibrio con el desarrollo
del sector privado.
El tercer aspecto, coherencia y compatibilidad en
la política a largo plazo, señala la importancia
del planeamiento basado en los supuestos de las estructuras económicas
liberales. La importancia de la planificación a mediano
y largo plazo es que la mayor parte de las políticas de
planeamiento tanto
del gobierno como de la empresa privada tienden a
preocuparse demasiado por los temas y objetivos de corto plazo,
y el planeamiento – en parte pronóstico y en parte persuasión
– debería estimular a los estrategas del gobierno y de
las empresas a adoptar una perspectiva de más largo plazo.
El cuarto aspecto del papel del gobierno se refiere
a la cultura. La South Commission declaró en su informe
de 1990 -Challenge to the South- que la cultura debe ser un componente
central de las estrategias de desarrollo en un sentido dual: por
un lado, las estrategias deben ser sensibles a las raíces
culturales de la sociedad y, por el otro, deben incluir el desarrollo
de la cultura misma como un objetivo. Porque la cultura tradicional
funciona para preservar las características sociales existentes,
es fundamental que el desarrollo sea compatible con las caracterísicas
básicas sociales y culturales.
Usando estos cuatro factores, creo que, dependiendo
de sus etapas y proceso de desarrollo y del nivel de introducción
a los mecanismos del mercado, los países en desarrollo
y las economías anteriormente centralizadas pueden adoptar
esquemas de conducta diferentes de los del mundo industrializado,
aun dentro del paradigma capitalista. Darse cuenta de esto también
fue importante
para Japón como país de industrialización
tardía.
Primero, porque si bien es importante liberalizar
áreas microeconómicas, es esencial articular amplios
lineamientos que gobiernan la formulación y el establecimiento
de las políticas macroeconómicas.
Segundo, pareciera que las naciones que están
intentando alcanzar a los países industrializados necesitan
tener gobiernos con un liderazgo más fuerte que el de las
primeras economías industrializadas.
La tercera dimensión es el requisito, difícil
de lograr, de que los planificadores interpreten cabalmente las
señales del mercado y las incorporen a su planeamiento.
Esto quiere decir planeamiento a favor de las fuerzas
del mercado y no en contra de ellas. En realidad, hay muchas habitaciones
en la casa del capitalismo. El profesor Chalmers Johnson, de la
Universidad de California, en San Diego, ha llamado a Japón
un "estado capitalista en desarrollo".
Subrayando el proceso dinámico del desarrollo,
podría también ser llamado capitalismo de equiparación
o capitalismo del rezagado.
Creo que hay dos puntos adicionales que tienen que
considerarse en el actual estado transicional del mundo. Uno es
la aceleración de la interdependencia global por la preocupación
ambiental, por la seguridad, las relaciones económicas
y la cooperación para el desarrollo. En particular, la
multipolarización de la economía mundial
ha aumentado la necesidad de que se coordinen la política
macroeconómica y la armonización sistémica.
Mientras los avances en transporte, telecomunicaciones y procesamiento
de la información están alimentando la creación
de economías sin fronteras, va a haber fricción
nacional mientras existan naciones. Esto significa que los países
que
elijan participar plenamente de la economía
mundial inevitablemente enfrentarán el ajuste de las políticas
externas e internas a través de negociaciones como la Ronda
Uruguay del GATT y la Iniciativa para los Impedimentos Estructurales
entre Japón y Estados Unidos en 1990 y 1991.
El segundo punto es el medio ambiente global. La
humanidad está hoy limitada tanto por consideraciones ambientales
como por la naturaleza no renovable de los recursos. El medio
ambiente es la base de la continuidad de nuestra existencia. Al
mismo tiempo, dado que el desarrollo es imperativo si las economías
en desarrollo van a erradicar la pobreza, debemos reconciliar
de alguna forma los imperativos duales de la conservación
ambiental y del desarrollo económico. Esto a su vez exige
que logremos el desarrollo sustentable. Algún grado de
riqueza material es esencial para el logro de las economías
de mercado y gobierno democrático, y la búsqueda
de riqueza material entraña, necesariamente, consumo de
energía.
Por eso, el logro y mantenimiento de las economías
de mercado y del gobierno democrático exige alguna medida
de desarrollo y crecimiento, además de mayor consumo energético.
Sin embargo, aparentemente medidas opuestas deben tomarse al mismo
tiempo para aliviar el impacto ambiental.
ECOLOGIA Y ECONOMIA VAN DE LA MANO.
El tema del papel del Estado y del mercado en el
contexto de protección ambiental global puede resumirse
diciendo que no hay política ecológica que pueda
perseguirse eficientemente sin respetar los principios económicos
fundamentales y que no hay política económica que
pueda perseguirse
con éxito sin tener en cuenta las consecuencias
ecológicas. Estos dos principios simétricos, planteados
por el subsecretario general de la OCDE, Pierre Vinde, en el simposio
Malente en Alemania a fines del año pasado, han sido a
menudo ignorados.
Con las condiciones económicas del mundo en
vertiginoso cambio, la región del Pacífico asiático
está adquiriendo importancia no sólo en términos
de PBI o en términos comerciales sino también en
términos de las políticas económicas adoptadas
por las economías de la región.
Hay historias de éxito en el aumento de la
tasa de ahorro, de políticas de crecimiento orientadas
a la exportación, de cooperación entre gobierno
y empresa, y mucho más. Las experiencias recientes de desarrollo
en las economías del Pacífico asiático, particularmente
en las economías del sudeste
asiático, deben ser relevantes para otras
economías en desarrollo y para las economías socialistas
en proceso de transición de una economía centralizada
a una economía más orientada hacia el mercado.
(C) World Link/MERCADO.
* Saburo Okita, ex ministro de Relaciones Exteriores
de Japón, es presidente del Instituto para Estudios Políticos
Internos e Internacionales de Tokio.
