AHI VIENEN LOS CHILENOS.
No es sólo la electricidad. Del otro lado de los Andes llegan más de 1.200 variedades de productos, cuyos fabricantes acaban de establecer una muestra permanente en Buenos Aires.
En 1978, sordos ruidos de aprestos bélicos anunciaban la inminencia de una guerra entre la Argentina y Chile. La mediación de Juan Pablo II impidió la catástrofe, cuando ya algún general argentino prometía a sus oficiales que se bañarían en Viña del Mar -no precisamente como turistas- y el entonces presidente Augusto Pinochet ponía los ojos en la Patagonia mientras exhumaba sus teorías geopolíticas sobre el Arco Antillano.
Catorce años más tarde se ha concretado, efectivamente, una invasión chilena, pero en vez de tropas y blindados, han desembarcado inversionistas, bancos, financieras y empresas de los más diversos rubros.
El reciente debate público sobre los hielos continentales reflotó algunas antiguas prevenciones en la relación con Chile. Pero por primera vez se esgrimió también el argumento de la necesidad de preservar y fortalecer el proceso de integración con el vecino, un elemento nuevo en las relaciones bilaterales.
En el terreno económico, el escollo más serio es el de las restricciones que Chile impone a la salida por sus puertos de productos frutohortícolas argentinos, a menos que se cumpla con muy rigurosos requisitos fitosanitarios.
El consejero comercial de la embajada chilena, Ricardo Serrano Gómez, argumenta que “somos bastante estrictos en la protección de nuestro patrimonio fitosanitario, que es el gran capital que tenemos para llegar a los mercados de los países desarrollados. Nos ha costado muchos años, especialmente con Japón y Norteamérica. No exigimos nada distinto de lo que nos exigen a nosotros”.
El diplomático destaca que inspectores norteamericanos supervisan en el puerto de Valparaíso, y a menudo en los mismos centros de despacho y selección, la salida de frutas y otros productos chilenos destinados a Estados Unidos.
El embajador argentino en Santiago, Antonio Cafiero, se muestra, en cambio, más escéptico acerca de las motivaciones chilenas, que atribuye “a la peregrina teoría de que los puertos constituyen una ventaja comparativa de la economía chilena, que de ninguna manera debe cederse a un competidor potencial”.
Cafiero considera anacrónico “el viejo principio de fin de siglo pasado: Argentina en el Atlántico y Chile en el Pacífico, entendido como ley de hierro de la buena convivencia. Es legítimo el acceso de la Argentina al Pacífico, en virtud de un nuevo perfil bioceánico, del mismo modo que lo es el de Chile con relación al Atlántico”.
LOS CONQUISTADORES.
El crecimiento del comercio argentino-chileno ha sido espectacular en los últimos tres años. De US$ 410 millones de intercambio en 1990, pasó a US$ 850 millones el año pasado y en 1992 la cifra podría superar los US$ 1.200 ó 1.250 millones, si se incluyen el turismo y los servicios. (Los argentinos representan 85% del turismo que recibe Chile, en tanto que los chilenos aportan 24% del turismo global de la Argentina.)
Además, el comercio se ha diversificado de manera notable. Hasta hace una década, 85% de las exportaciones chilenas a la Argentina se concentraban en no más de una docena de productos. Hoy se contabilizan más de 1.200.
Pero el verdadero boom es el de las inversiones chilenas en la Argentina: US$ 52 millones en 1990, que se quintuplicaron en 1991 hasta llegar a US$ 250 millones, en tanto que las estimaciones para este año oscilan entre US$ 450 y 600 millones, si se toman en cuenta las deudas absorbidas por las empresas chilenas que se adjudicaron las centrales de Puerto Nuevo, Nuevo Puerto y Costanera de SEGBA, así como los compromisos de inversión asumidos.
El embajador chileno en Buenos Aires, Carlos Figueroa Serrano, se encarga de subrayar que el camino no es de mano única. “El año pasado se aprobaron 41 proyectos de inversiones argentinas en Chile”, recuerda. “Las tres más importantes obras públicas que se están realizando en Chile las están haciendo empresas constructoras argentinas, y también en el campo del acero, de la metalmecánica y otros rubros de la manufactura hay proyectos argentinos en marcha.”
Serrano menciona a Benito Roggio y Castellone entre las firmas argentinas que ganaron licitaciones de obras públicas en su país y agrega que “hay empresas argentinas especializadas en el tratamiento de aguas que están trabajando en Santiago. En metalurgia hay otras firmas que han invertido y también en comercio”. En este terreno, el diplomático considera conveniente recordar que “la economía chilena es más pequeña que la argentina. Estamos hablando de un país con US$ 30.000 millones de producto bruto, contra uno de 110.000 millones”.
El rubro favorito de los inversores chilenos ha sido el energético. Empresas trasandinas se adjudicaron las principales centrales de SEGBA. Distribuidora Chilectra Metropolitana, Enersis y Endesa, asociadas con Pérez Companc, ganaron la licitación para hacerse cargo del segmento Sur de la red de distribución de SEGBA, que ya opera bajo el nombre de Edesur.
En este campo existen expectativas ambiciosas. El embajador Figueroa afirma que “sería interesante que se llevara a cabo un proyecto de muy antigua data, que es la interconexión eléctrica entre Chile y la Argentina. Cuando se construyó el túnel Los Libertadores se dejaron los ductos para que pudieran pasar los cables de interconexión eléctrica”.
Se está iniciando, por otra parte, la explotación de petróleo en el estrecho de Magallanes, a cargo de un consorcio que forman YPF y la chilena Enap. En Tierra del Fuego comenzó a operar el propanoducto, que permite pasar gas licuado de la Argentina a Chile. Ya se firmó el contrato preliminar, que se presentará a organismos internacionales de crédito, para construir el oleoducto que unirá Puesto Hernández, en Neuquén, con Concepción.
La obra energética más importante será, seguramente, el gasoducto, ya autorizado por la Secretaría de Combustibles argentina, que cruzará la cordillera desde Neuquén. En el lado chileno hay un consorcio interesado en el proyecto, formado por empresas italianas, españolas y por Chilectra Metropolitana. En la Argentina se formó una unión transitoria de empresas, integrada por YPF, Bridas, Astra, Pluspetrol y San Jorge.
El transporte también atrae la atención de los inversores chilenos. La empresa que explota el Metro de Santiago se presentó, asociada con firmas argentinas, a la privatización de Subterráneos de Buenos Aires. “Nuestro metro es, junto con el de Hong Kong, uno de los dos en el mundo que producen utilidades operacionales. Es un motivo de orgullo para nosotros”, explicó el consejero Serrano.
UNA PICA EN BUENOS AIRES.
Con el auspicio oficial y el apoyo técnico de la Dirección de Promoción de Exportaciones y el Servicio Nacional de Turismo de su país, las empresas chilenas acaban de establecer una estratégica cabeza de puente en plena city porteña. Una exposición permanente sirve de vidriera a medio centenar de firmas que irán rotándose cada tres meses en el entrepiso de Sarmiento 930.
La iniciativa, financiada y promovida por la Sociedad de Fomento Fabril (el principal ente empresarial chileno), apunta a objetivos más ambiciosos que los de una clásica feria comercial. La idea es brindar a potenciales clientes argentinos un amplio banco de datos sobre la oferta chilena y un centro de operaciones desde donde pueden iniciar un contacto directo con los proveedores al otro lado de la Cordillera.
Alrededor de 200 empresas chilenas estarán presentes en Promo Expo cada año. Todas ellas recibirán, al concluir su período de exposición, información detallada acerca de la respuesta que encontraron sus productos en el mercado argentino.
FINANZAS, SEGUROS Y VIDEO.
Los acuerdos entre bancos argentinos y chilenos, y la apertura de oficinas de unos y otros en Santiago y Buenos Aires, es hoy moneda corriente. El Banco de la Nación Argentina, el de la Provincia de Buenos Aires y los privados Shaw, Velox y Río figuran entre los que operan actualmente en Chile.
Varias instituciones chilenas se han asociado con sus colegas argentinas. Tal es el caso del Banco Santiago con el Sudameris y el Edwards con el Medefin.
La cooperación es también creciente en el campo del seguro. La empresa argentina La República está asociada con Cruz del Sur de Chile. La Caja Reaseguradora de Chile, controlada por el grupo español MAPFRE, se ha establecido en el lujoso palacete de la familia Avellaneda, en plena avenida Córdoba de Buenos Aires, y conquistó un lugar preeminente en el mercado argentino. MAPFRE tiene aquí el control de Seguros Aconcagua, Iberoasistencia y la Caja Reaseguradora.
Las presencia chilena se extiende a los campos más diversos. Madeco adquirió la empresa local Indelgui, que fabrica cables para telefonía, actualmente utilizados por Telefónica y Telecom.
Marinetti, una de las más fuertes compañías chilenas en el área de los envases y las etiquetas, anunció la próxima apertura de una gran planta en el suburbio Norte de Buenos Aires. Errol´s, empresa líder del mercado chileno del video, se propone abrir un centenar de locales a esta lado de la cordillera. El grupo chileno Costa adquirió la tradicional firma Bonafide. Los hipermercados Jumbo y Unicenter pertenecen mayoritariamente a capitales chilenos.
El poderoso grupo Errázuriz, a través de su subsidiaria Unimarc, proyecta abrir seis supermercados en Buenos Aires y ha puesto sus ojos en antiguos locales de El Hogar Obrero. Errázuriz también adquirió el control de la firma local Macrosa S.A., que fabrica tractores y maquinaria agrícola.
La Compañía Manufactura de Papeles y Cartones de Santiago compró la firma argentina Química Estrella San Luis, que produce pañales descartables. El grupo chileno Almac está en negociaciones con la tradicional Casa Tía de Buenos Aires para incursionar juntos en la distribución de comestibles.
Molinos Río de la Plata está en camino de asociarse con la firma chilena Witt, con idéntico propósito.
Y la empresa editora Lord Cochrane instalará aquí una planta impresora, en sociedad con Editorial Atlántida.
¿Cómo incidirá en esta presencia inversora chilena la entrada en vigencia del Mercosur, en 1995?
“Estamos siguiendo el tema con mucho interés”, admite Serrano. “Se trata de un mercado que será el equivalente de 14 veces el chileno. Pero también está toda la problemática de la relación del Mercosur con ese mundo del siglo XXI que será el Océano Pacífico, y donde nosotros tenemos mucho que aportar y decir.”
ATRAER CAPITALES.
Con el auspicio del grupo ABN Amro, que conduce 34 Fondos de Inversión en 20 países, el consorcio chileno Tanner acaba de constituir en Buenos Aires el Fondo Común de Inversión Capitales Argentina.
Según su gerente general, Rodrigo Amézaga Cuevas, la política de la nueva entidad estará orientada a canalizar capitales, tanto del exterior como locales, hacia la plaza bursátil.
La meta, reconoció Amézaga Cuevas, es lograr ubicarse entre las diez primeras entidades de este tipo en el país. Para ello, tendrá que ostentar un patrimonio cercano a US$ 10 millones, algo que, en las condiciones actuales del mercado, sólo será posible si logra atraer fondos externos al mercado local.
El depositario de las acciones será el Banco Holandés, integrante del grupo ABN Amro.
