El cambio es dramático. En los últimos cuatro años la protección arancelaria se redujo a un tercio o desapareció en forma total debido a que en la reforma de abril de este año se aplicaron niveles de cero o de 11% para los productos petroquímicos. A su vez los precios de los insumos aumentaron en los últimos doce meses en no menos de 30%, siguiendo la curva de incrementos de la cotización del petróleo en el mercado internacional. La energía eléctrica, que antes era barata en comparación con estándares internacionales, ahora es cara.
La industria quedó atrapada en un juego de pinzas entre la reducción de los aranceles de importación por un lado y los incrementos de precios de la materia prima por otro lado, lo que hizo que las ganancias se esfumaran. Los balances en rojo son lugar común para las compañías del sector y la mayoría de ellas han paralizado sus inversiones, tanto de ampliación como de construcción de nuevas plantas. Sin embargo Petroken, un joint-venture entre Ipako (51%) y Shell (49%), se está construyendo en Ensenada y se inaugurará a fines de 1991.
No se trata de uno de los frecuentes pero breves cambios de las reglas de juego, tan usuales de la Argentina. La apertura de la economía presionará aún más para achicar el actual nivel arancelario. El convenio firmado por la Argentina con Brasil, Uruguay y Paraguay para formar el Mercosur, por ahora tiene las características de una zona de libre comercio y, tal vez, en el futuro se
convierta en un mercado común. Pero cualquiera sea el destino final de esa iniciativa, se prevé la anulación total de aranceles para principios de 1995. Esto significa que la petroquímica argentina entrará a competir mano a mano con la brasileña, que es cinco veces más grande.
Asimismo, la decisión política presidencial de desregular a fondo el sector energético y que el petróleo cueste localmente lo mismo que en el mercado internacional, significa que el subsector de los combustibles no volverá a subsidiar a sus usuarios, ya sean consumidores finales individuales o la industria petroquímica.
Achával (Ipako): Una muy buena oportunidad.
Puentedura ( PASA) : El peso de los impuestos.
Michetti (Polibutenos): Nueva opción económica.
Qüerio (Consultor): Mirar el futuro de la industria.
Poder Empresario.
En este contexto habrá que diseñar nuevas decisiones estratégicas empresarias para el escenario que resultará de una decisión que va a tomar el gobierno. Se trata de la retirada del campo productivo, lo que implica la venta de las dos mayores plantas del sector como son Petroquímica General Mosconi y Petroquímica Bahía Blanca. Ambas plantas producen por año 540.000 toneladas, que comparadas con las 890.000 totales del país en productos básicos, representan 60%. El total de la producción argentina, esto es básicos, más intermedios y finales, es de 2,5 millones de toneladas, y en este caso el peso de Mosconi y de Bahía Blanca es de 22%.
No sólo Mosconi y Bahía Blanca son importantes por su dimensión, sino que son la “llave” para la provisión de materias primas “aguas abajo” en la cadena productiva hasta llegar al bien final de las dos grandes ramas en que se divide la industria. Esas materias primas son los aromáticos que se obtienen a partir de nafta virgen de refinería (benceno, tolueno y xilenos como es el caso de Mosconi) o las olefinas derivadas del gas natural (etileno, como es el caso en Bahía Blanca). Los grupos empresarios que estén en la cima del control de estas unidades tendrán al resto de la industria en una muy franca relación de dependencia.
¿Cómo serán las condiciones de las futuras privatizaciones? Las licitaciones, ¿estarán reservadas sólo para el capital local o se permitirá también la participación de firmas extranjeras?
Una situación es la de Petroquímica Mosconi, 100% estatal, y otra es la de Petroquímica Bahía Blanca, con 49% en manos de empresas privadas. ¿Habrá preferencias por las compañías argentinas? Ni Mosconi ni Bahía Blanca están comprometidas en la consolidación de la deuda externa y por lo tanto no habrá que pedir un “waiver” a los bancos extranjeros. Por lo tanto, ¿se aceptarán papeles de la deuda externa o se pedirá el pago al contado, como se hizo en la licitación de las reservas de petróleo de las áreas centrales de YPF?
Una sola cosa se puede asegurar: el “mapa” del poder empresario petroquímico de los próximos tres a cinco años será muy diferente al de hoy en día.
Los Grupos mas Agresivos.
La retirada del Estado de la producción petroquímica significa nuevas oportunidades para los grupos empresariales más agresivos como los que lideran Zorraquín (Ipako-Polisur), Pérez Companc (PASA- Petroquímica Cuyo) y Richard (Indupa). No se podrá dejar fuera del juego a
Bulgheroni (Aco-Polibutenos), a Grüneisen (Carboclor), o desconocer el apetito de Rocca para que la Organización Techint tenga también, en este rubro, un lugar bajo el sol.
Todo indica que es menos conflictiva la posición de otros grupos que dan la impresión de estar saliendo lentamente del negocio, como Bunge y Born (Atanor y Petroquímica Río Tercero) e ICI (Duperial-Electroclor).
Otra incógnita es qué harán, por su parte, empresas extranjeras que son verdaderos colosos internacionales en este sector, como la anglo-holandesa Shell, la norteamericana Exxon Chemical o la italiana Himont. Por si fuera poco, hay un interrogante más: ¿hasta dónde llegará Enron, de los Estados Unidos, en la concreción de su polémico proyecto de explotación del mayor yacimiento de gas natural del país que está ubicado en Neuquén?.
Dante la Gatta, el hombre de Enron en Buenos Aires, asegura que el polémico decreto 92, de 1990, del Poder Ejecutivo, está vigente y que se mantiene el deseo de invertir US$ 350 millones.
“Sin capitalización de deuda externa y sin subsidios”, declaró a MERCADO. Luego de la tormenta política que se desató a principios de este año (quién no recuerda los llamados Swifgate y Enrongate, que involucraron a ministros, empresarios y al embajador de Estados Unidos), la compañía Enron vuelve a poner mucho dinamismo en su iniciativa. Claro que insiste en recibir el gas
a razón de US$ 0,70 el millón de BTU, mientras José Estenssoro, de YPF está dispuesto a venderlo a no menos de US$ 1,20 el millón de BTU.
¿Sigue en pie la alianza de Monsanto con Ipako para elaborar estireno y quebrar así la hegemonía de PASA con respecto a este producto? En principio la respuesta es afirmativa pero mucho depende de las inversiones de Monsanto en Brasil. Si se concreta el joint venture entre Monsanto e Ipako, el emplazamiento será Ensenada, previa inversión de no menos de US$ 100
millones y la construcción de un equipo de “cracking” de nafta. Esto implica que entonces Petroquímica Mosconi tendría un valor estratégico para ambas. Pero que también lo tendrá para PASA, que en algún momento pensó en la integración de una planta petroquímica con la refinería de YPF en San Lorenzo, que está en venta.
¿Y qué sucede con los planes de PASA para integrarse verticalmente aguas abajo y competir con el poliestireno que fabrica Monsanto, luego de que decidiera no comprar la planta de Zárate por US$ 14 millones, unos US$ 4 millones menos que los que pidió Monsanto. La adquisición hecha el año pasado por PASA de la pequeña planta de estirenos de San Luis y la habilitación de un laboratorio y centro de asistencia a clientes en San Martín, significan que el testeo del mercado del poliestireno es la evidencia de que mantiene sus planes de integración.
También significa que Oscar Vicente y Rubén Puentedura, los directivos de Petroquímica Cuyo y de PASA (Grupo Pérez Companc) no van a dejarse mojar, así nomás, la oreja dos veces seguidas por Alejandro de Achával, de Ipako. La primera fue cuando no bien Vicente estaba terminando el acto de inauguración de Petroquímica Cuyo, en Mendoza (la primera planta en elaborar polipropileno), ya Achával anunciaba la construcción de Petroken para fabricar
Apolipropileno.
Petroquímica Cuyo puede producir 60.000 toneladas anuales, ampliables a 90.000 en función de la disponibilidad de materia prima, mientras que Petroken aspira a producir 100.000 toneladas por año, ampliable a 130.000. Un pequeño detalle: el mercado interno sólo absorbe 40.000 toneladas, lo que preanuncia una guerra de precios y un formidable esfuerzo para exportar.
La segunda finta de Achával frente a Vicente puede ser la elaboración de propileno y polipropileno en Ensenada.
De todas maneras Vicente y Achával se conocen. Ambos son tozudos, hábiles negociadores, muy capaces en el momento de decidir inversiones que representan una feroz competencia por el mercado. No vale la pena tenerlos de enemigos.
Ambos están agrandados. Vicente acaba de ganar la licitación para la venta de reservas de petróleo de YPF, de Puesto Hernández, lo cual le da derecho a ser el dueño de ese petróleo. Achával exhibe como mérito haberle puesto la proa a la propuesta de Techint para ampliar en 200.000 toneladas por año a Petroquímica Bahía Blanca a un costo que consideraba exagerado (Indupa y Duperial lo respaldaron) y que luego incidiría inexorablemente en el valor del etileno, que es la materia prima para las plantas satélites del polo, entre las que está Polisur (de Ipako).
La oposición fue tan feroz que Techint se perdió uno de los mayores contratos de construcción de la Argentina. Y también tuvo que dejar de lado, por el momento, la capitalización parcial de sus honorarios por trabajos de ingeniería, en la construcción de una planta de MTBE, también llamada nafta verde o nafta ecológica. La planta, que también despertó el interés de
Grüneisen, podría haber tenido una capacidad de 100.000 toneladas anuales.

