viernes, 1 de mayo de 2026

    El fin de la explotación es también una oportunidad

    DOSSIER |

    Por Leandro Africano

    Uno de los cuestionamientos que tiene la minería moderna, la que se lleva a cabo a cielo abierto y en la que Barrick es líder mundial, es la definición sobre el proceso de cierre de una mina cuando concluyó su vida útil. En estos momentos la compañía está inmersa en un proceso que ya lleva ocho años en el cual se proyecta el cierre definitivo de la mina El Indio, en Chile, cerca de la ciudad de la Serena.
    En febrero de 2002, cuando la mina El Indio finalizó sus operaciones mineras, la producción total de concentrado había alcanzado a 2,5 millones de toneladas, traduciéndose en 4,5 millones de onzas de oro, 24,3 millones de onzas de plata y 0,5 millones de toneladas de cobre.
    “En 1997 Barrick hizo el anuncio del cierre de su mina y por eso decidimos presentar voluntariamente el plan de cierre, con el fin de suscribir un acuerdo en el que participaran todos los actores involucrados. Esto, además de legitimar este proceso, daría seguridad a las comunidades del Valle del Elqui en cuanto al futuro de su entorno. Asimismo, nos permitiría cumplir con la responsabilidad corporativa de respeto por las personas y el medio ambiente”, explicó a Mercado Robert Collier director regional de Operaciones de Barrick.
    Allí se plantearon objetivos para restablecer las condiciones que protejan la seguridad, la salud y el medio ambiente en el largo plazo en el área de operaciones de la mina El Indio, a través de la implementación de un diseño que use técnicas adaptadas a las características naturales. Se procura asegurar estabilidad física y química de las estructuras en el largo plazo y minimizar impacto sobre la calidad y cantidad de agua en el Río Malo.
    Además, se diseñó un plan de desvinculación asistida de los mineros en el cual se reubicó a casi 80% mientras que al restante 20% se lo capacitó para el desarrollo de emprendimientos sustentables adecuados a la región.
    El plan de cierre de la faena minera El Indio se transformó en una iniciativa pionera en Chile que demandó casi US$ 60 millones de inversión. “Gracias a un acuerdo mancomunado, los actores principales de esta historia hicieron que este proceso fuera único en materia de cierre ambiental de faenas y marcara un hito en la forma de hacer minería en nuestro país”, apuntó Collier.
    Aunque la Ley de Medio Ambiente en Chile no obligaba a Barrick a someter a evaluación ambiental su plan de cierre, pues sus faenas habían iniciado su operación mucho antes de que entrara en vigencia la normativa respectiva, la empresa inició un camino voluntario para cumplir este propósito. Para ello, trabajó en forma estrecha con la autoridad ambiental y con representantes de las comunidades del Valle del Elqui y en especial, del entorno agrícola, altamente sensible a los impactos en el agua del valle.
    El objetivo era dejar el área de la mina en condiciones similares a las naturales, para lo cual el cierre se centró básicamente en tres iniciativas: restituir plataformas de la zona, asegurar su estabilidad física y química, así como la calidad y cantidad de agua del río que cruza por la zona, el río Malo.
    Para resguardar la seguridad de las personas y de los animales que habitan el área, el proceso de cierre contempló, entre otras medidas, la clausura de todos los puntos de acceso a excavaciones bajo tierra, zonas peligrosas, piques y depósito de estériles, impidiendo la entrada y evitando posibles accidentes. Asimismo, se bloquearon los accesos a caminos en desuso.
    También se limpiaron, cubrieron y nivelaron los suelos afectados y las áreas trabajadas, reproduciendo las geoformas naturales y asegurando su estabilidad física y geométrica, maximizando a la vez eventuales impactos en la calidad de las mismas, fluidos y posibles usos futuros de aguas naturales. Además, se restauraron los cursos de agua superficial a través de canales de materiales equivalentes a los naturales, de modo que se mantengan por sí mismos y sin necesidad de reparación.