Por Marcos Caruso

Durante los meses de verano, la noche en Ushuaia es tan delgada como una uña. Es otro de los delicados límites que esta ciudad ostenta. Tanto, como el otro icono de certeza irrefutable: se está en el fin del mundo.
Es la Argentina postrera y se toma conciencia de ello casi inmediatamente, cuando en la primera recorrida que se hace por la ciudad en los escaparates de los negocios se lee la leyenda: “Si usted está parado en el canal de Beagle y mira hacia el norte… lo más al sur es su espalda”.
Es verano. Es la época de las noches blancas que seducen al viajero. La claridad se extiende hasta las 23, aproximadamente, y es el momento para ir a la bahía y ver cómo el sol se esconde en forma paulatina para volver a asomarse sólo un rato después. En ese lapso, uno no puede menos que medir su propia insignificancia ante la inmensidad y claridad del cielo en el confín.
Es la nada y es el todo. Es la inmensidad poblada por miles de estrellas entre el rojo de la última luz, el violeta, el azul profundo y el rojo nuevamente. Y sólo transcurrió un rato de calma, apenas alterada por el viento fresco.
Durante la navegación por el canal de Beagle se observan bahías, islotes y una rica avifauna. Los guías transmiten información sobre la fauna y flora del lugar, aportan datos sobre los primeros habitantes y, si las condiciones climáticas lo permiten, se realizan caminatas por alguna de las islas o islotes del canal. O bien introducen al pasajero en el mundo submarino de las centollas a través de una cámara de TV subacuática.
La nave suele acercarse despacio al islote que hay frente a la ciudad, donde vive una importante comunidad de leones marinos. Cuando llega a tres metros, y sólo se oyen en medio del canal los gritos de los machos, uno se da cuenta de que a partir de allí el ser humano no pinta mucho.
Antes de iniciar cualquier excursión, es interesante visitar los museos del Fin del Mundo y el Marítimo, que funciona en el edificio del Presidio de Reincidentes.
Algunos edificios característicos tienen leyendas donde se cuenta la historia de la casa y el año de su construcción, que llevan a finales del siglo 19.
Embarcados en la aventura
Ushuaia es punto de partida para excursiones de aventura a la Antártida, a dos días de navegación. También se puede iniciar el viaje para cruzar el mítico cabo de Hornos, escenario de centenares de naufragios. En esa misma excursión marítima de medio día se llega a otra isla donde anidan, en esta época del año, decenas de aves, pero sobre todo cormoranes y petreles.
Por todas partes hay refugios de los indígenas yamanas o selk’nam, que vivieron aquí hasta hace 150 años.
Desde la ciudad parten varias excursiones en “todoterreno” a los lagos cercanos, envueltos en la parte final de los Andes, que hace miles de millones de años chocaron aquí contra una placa tectónica, girándose y generando la Tierra del Fuego.
Muy atractivo es recorrer el Parque Nacional Tierra del Fuego. Además de ser representativo de la flora y fauna local, el parque resguarda restos arqueológicos del pueblo yamana.
Pasando el campo de golf de nueve hoyos y con la seducción adicional de haber jugado en la cancha más austral del mundo, está la alternativa de visitar el Tren del Fin del Mundo, de trocha angosta, impulsado por locomotoras a vapor, con coches bien acondicionados y servicio a bordo.
La formación recorre el valle del río Pipo entre el monte Susana y la cadena Le Martial. Avanza por el Cañadón del Toro, cruza un puente sobre el Pipo y se detiene en la estación Cascada de la Macarena. Desde allí se puede ascender a un mirador y tomar agua de la naciente.
El recorrido continúa por uno de los pocos bosques subantárticos del mundo y, luego de bordear el turbal, suelo característico de la isla, el convoy arriba a la estación Del Parque. Allí, el visitante tiene la opción de hacer el trayecto de regreso o continuar su visita y entrar en el Parque Nacional.
Rural y pesca
A 90 kilómetros al este de Ushuaia por las rutas nacional 3 y provincial 33, o por aguas del canal de Beagle, se llega a la estancia Harberton, testimonio del rico pasado fueguino. Es la primera finca ganadera de la provincia y sus dueños son descendientes del misionero anglicano Thomas Bridges, pionero patagónico.
Otro paseo sumamente recomendable es el que lleva a visitar uno de los espejos de agua de suma belleza. En plena cordillera, al pie del Paso Garibaldi y a escasos 60 kilómetros al norte de Ushuaia, se encuentra el lago Escondido. Además de caminatas se practica la pesca deportiva. Luego del Escondido se llega al lago Fagnano, para luego visitar el cerro Shenoish y el lago Yehuin. También se observan castores, convertidos en plaga de serio riesgo para el bosque nativo, y cuya carne se presenta en platos creados por cocineros innovadores.
Los ríos y lagos fueguinos permiten la práctica de diferentes estilos de pesca.
Las especies que habitan los distintos cursos de agua convierten a la provincia en sitio de atracción para los pescadores deportivos de todo el mundo. Los salmónidos, dada la pureza del agua en la que se crían, son reconocidos por la calidad de la carne.
La conocida trucha marrón abunda tanto en ríos como en lagos, y a la trucha de arroyo –una especie requerida por su llamativa coloración, dado que su dorso es verde oliva con manchas amarillas y los extremos de sus aletas son blancas bordeadas de negro– es frecuente encontrarla en la cuenca del lago Fagnano. Otro de los ejemplares es la trucha arco iris, de gran valor deportivo ya que es muy potente y combativa.
Para pescar en Tierra del Fuego es necesario sacar el permiso correspondiente con anticipación. Existen actualmente dos tipos: uno con validez en toda la provincia y otro que permite realizar la actividad dentro del ámbito de los parques nacionales de la Patagonia.
La temporada abarca los meses de octubre a marzo, extendiéndose hasta abril solamente para la pesca deportiva, que implica la devolución obligatoria de las piezas.
Alojamiento
Finisterris Lodge Relax es el primero de América con spa privado en cada cabaña. Un nuevo concepto en hotelería boutique que ofrece intimidad, confort de alta gama y relax después de un día de paseos, esquí, golf, trekking o cabalgata.
Las cabañas están situadas a 150 metros sobre el nivel del mar, con vistas hacia la ciudad, la Cordillera de los Andes y el canal de Beagle, hasta su desembocadura en el Atlántico.
Finisterris Lodge Relax tiene 17 hectáreas propias, de las cuales 10 son bosques vírgenes con senderos de trekking y cabalgatas. Está a 5 kilómetros del aeropuerto, a 7 del centro y a 3 del Parque Nacional Tierra del Fuego.
Cada cabaña tiene cinco ambientes: living con home theater y hogar a leña, cocina comedor equipada, suite, toilette con hidromasaje doble, spa privado, dos baños y depósito de equipajes y esquíes. Además, está provista de calefacción central, teléfono, conexión Wi-Fi, caja fuerte para notebook y televisión por cable.
Cada unidad de Finisterris Lodge Relax incluye sauna finlandés con dos camas, ducha escocesa con ocho jets, ducha finlandesa (baño de vapor húmedo) e hidromasaje de 2 plazas (1,90 x 1,55 m).
La arquitectura de cada cabaña combina un estilo moderno en su diseño y en el amplio frente vidriado, con detalles en madera de lenga y piedra artesanal. Han sido construidas con materiales autóctonos, con paredes y vigas de troncos, espléndidos ventanales, techos y pisos de madera, hogares a leña, piedra en los interiores y en las fachadas.

