viernes, 1 de mayo de 2026

    El origen de la próxima crisis

    Por Rubén Chorny

    El gobierno de Néstor Kirchner pareció quedarse corto en el proyecto de Presupuesto, si se compara la hipótesis de crecimiento de 4% prevista en la ley de leyes con los pronósticos recientemente corregidos hacia arriba por el Fondo Monetario Internacional y los bancos de inversión. ¿Subestimaron el cálculo para crear excedentes y repartirlos con los superpoderes en un año electoral? ¿Adecuan la velocidad de la macroeconomía al mezquino horizonte energético? ¿Se teme a algún shock agazapado tras la euforia del crecimiento?
    Los economistas consultados por Mercado descartaron cualquier escenario de crisis visible, pero no por ello dejaron de marcar las principales debilidades del proceso en marcha.
    Fernando Navajas, de Fiel, se incomoda frente a la pregunta: “Hablar de crisis en la Argentina es pura futurología y los economistas no deberíamos entrar en ese juego porque bastante mala fama nos han atribuido.
    La complejidad del futuro económico y político, de la Argentina es mayor que el que todos pensamos.
    Contar historias, por más serias y sofisticadas que sean, pero que están basadas en cosas que no se ven en la actualidad o no se pueden verificar en el presente, tiene poca chance de ser tomadas en serio.
    Por eso, lo más fácil termina siendo ‘predecir el presente’, es decir contar historias basadas en anécdotas u observaciones casuales que valen más para los empresarios, políticos y la gente, que elaboraciones sofisticadas o futurología sin fundamentos.
    Análisis instantáneo y extrapolación lineal, hacia el futuro son los dos métodos más fáciles y ampliamente aceptados en la Argentina. Hoy nos indican que no debemos preocuparnos.
    Hasta que algún día no vamos a poder extrapolar más. Ese día empieza otra película, en la que los mismos que encontraban irritantes los argumentos de ciertos peligros en la velocidad con que crece la economía (alentada por la política económica), la presión inflacionaria subyacente y el desbalance energético, mostrarán fervorosamente que todo eso era obvio porque está apoyado en la realidad circundante.
    Empezar por aceptar que no sabemos cómo va a evolucionar la economía frente a shocks o desequilibrios imprevistos es una sana confesión de ignorancia, con el mismo status que el del conocimiento sobre ciertas enfermedades terminales. Pero eso no significa dejar de aceptar que la extrapolación no funcionó antes, ni va a funcionar ahora.
    La probabilidad de algún evento económico desfavorable es cero hoy, y cercana a uno en algún momento en el futuro. Sólo que no sabemos ni el cuándo ni el cómo”.
     
    Los tres factores
    Juan M. Fanelli, FLACSO, opina en su condición de profesional y pide no ser encuadrado en ninguna de las escuelas económicas: “En la posguerra, las crisis macroeconómicas estuvieron asociadas básicamente con tres factores: desequilibrios en el sistema financiero, desequilibrios fiscales y/o desbalances en las cuentas externas. Ninguno de estos factores parece amenazar la estabilidad de corto plazo.
    Por lo tanto, para que ocurriera un escenario de crisis, debería producirse un shock de magnitud suficiente como para afectar seriamente a alguno de los tres factores mencionados. Creo que la fuente de crisis que sería más fácil que se active sería la fiscal.
    Por un lado, los superávit provinciales están desapareciendo, por otro, una aceleración de la tasa de inflación podría exacerbar la puja distributiva y afectar políticamente al gobierno. Si el gobierno reacciona tratando de mantener el crecimiento a toda costa (por ejemplo, vía incentivos fiscales) a los efectos de suavizar los reclamos sectoriales, ello podría afectar el superávit fiscal y, por lo tanto, la estabilidad.
    Una segunda fuente de desequilibrio podría ser un profundo deterioro en la situación internacional (reducción de crecimiento + hard landing de Estados Unidos) que afecte al mismo tiempo nuestros términos del intercambio y el riesgo en los países emergentes; este shock debería ser muy fuerte pues la situación externa es muy sólida.
    Por último, vale la pena remarcar que la Argentina se encuentra actualmente ante una gran oportunidad para instalar un proceso de crecimiento sostenido. Desde este punto de vista, sin desconocer la importancia crítica de preguntarse sobre qué factores podrían crear escenarios de crisis, deberíamos complementar este ejercicio con reflexiones acerca de cómo aprovechar la buena situación actual para consolidar un proceso socialmente inclusivo de desarrollo”.

    Los tres riesgos
    Lucas Llach, de Cedes, prefiere mencionar riesgos antes que crisis: “Ningún escenario de crisis económica parece cercano. Hablaría más bien de ‘riesgos’. Las posibilidades serían, empezando por la menos improbable: una crisis energética; una recesión mundial provocada por una desvalorización demasiado rápida del mercado inmobiliario estadounidense; una crisis de balanza de pagos del viejo estilo stop and go si la demanda agregada argentina crece más rápido que la producción de bienes comerciables.
    En los tres casos el resultado sería el mismo: crecimiento que se torna más lento o –en un caso extremo– recesión, con aumentos en el tipo de cambio real y la tasa de interés. En ninguno de los tres casos advierto un escenario comparable al de 2001 o 1989, y creo que ni siquiera a 1995”.

    Dilemas macroeconómicos
    Daniel Heymann, de CEPAL, separa la paja del trigo: “Probablemente convenga distinguir entre crisis, en el sentido de grandes rupturas en el funcionamiento económico, y situaciones donde fluctúa el nivel de actividad o se producen dilemas macroeconómicos, pero donde no se pone en cuestión a la solvencia del sector público o de grandes segmentos del privado. La economía ha venido teniendo una recuperación excepcional.
    Es posible que en algún momento la expansión se modere, sea por hechos externos, o por la natural desaceleración de una economía ya recuperada. En tal caso, interesa que el gasto total acompañe ese movimiento, para evitar presiones que pueden llevar luego a una oscilación hacia abajo. La cuestión sería buscar la convergencia hacia un sendero donde la oferta y la demanda crezcan parejo, y se mantengan holguras fiscales y de las cuentas externas”.

    Otros dos años
    El economista jefe de Deloitte, Luis Secco, cree que el ciclo de crecimiento mundial caracterizado por la baja inflación y relativamente bajas tasas de interés, continuará por lo menos en los próximos dos años: “Los pronósticos del FMI y de los bancos de inversión en materia de crecimiento de la economía mundial se corrigieron hacia arriba. Pero siempre existen imponderables. Una desaceleración de EE.UU. más profunda de lo que se espera por estos días; algún rebrote proteccionista en los países centrales; o una guerra con Irán (debido a su reticencia por abandonar su programa nuclear) que congele 20% de la oferta petrolera global, son cuestiones que no pueden ser absolutamente descartadas”.
    “A escala regional, y si bien durante los últimos años se avanzó bastante en términos de mejora de los fundamentals macroeconómicos, aún hay mucho camino por recorrer. La región, salvo Chile (y más recientemente México, y alguna historia interesante en Perú o Colombia), sigue generando algunas dudas sobre la posibilidad de que pudiera mantener el crecimiento económico en el caso de que el ciclo de crecimiento global se diera vuelta”.
    “Con algunas excepciones, cuando uno mira el mapa de Latinoamérica se encuentra con: un capitalismo de dudosa calidad, una pobreza y una distribución del ingreso que no mejoran a pesar del crecimiento y algunos atisbos populistas que generan dudas y preocupación (sobre todo en materia energética). El déficit de inversiones en infraestructura, característico de varios países de la región, puede ser visto como la consecuencia de un capitalismo a medias o, en otras palabras, del rechazo a aceptar al mercado como mecanismo para asignar los recursos.
    “En los últimos años, la captación de inversión extranjera directa ha sido un punto débil tanto para la región como para la Argentina. Hay varias cuestiones por la cuáles la Argentina sigue hoy en día sin ser una alternativa demasiado atractiva para las inversiones internacionales: primero, el tema de los hold outs (la Argentina hoy sigue en default para los centros financieros internacionales); segundo, la cantidad de juicios que hay en el CIADI por las denuncias de todas las empresas a las cuales se les alteraron los contratos; tercero, la incertidumbre que existe en materia de aprovisionamiento energético”. M