viernes, 1 de mayo de 2026

    Para los emprendedores, saltar puentes puede ser clave

    Así, en 2004, presentó una suspensión que desechaba los
    aditivos convencionales, en favor de bobinas y carretes de alto voltaje.
    Ahora, negocia con automotrices. Esto ejemplifica –señala Knowledge@Wharton–
    un método llamado “puenteo de conocimientos”. O sea, tomar
    habilidades de un campo y aplicarlas a otro totalmente distinto, creando productos
    o servicios sin precedentes. Un reciente estudio en la filial Singapur de esa
    escuela de negocios aplica la idea a un sector promisorio: la biotecnología.

    “Tómese el caso del emprendedor en serie Alejandro Zaffaroni –señala
    el trabajo–, que ha puesto en marcha con éxito siete empresas en
    ese sector y sus segmentos. Se trata de alguien que no teme las tecnologías
    nuevas y percibe nexos o puentes entre áreas aparentemente muy dispares”.
    Pero, al mismo tiempo, muchos expertos están fascinados ante las tensiones
    internas de una compañía, entre encarar repentinos progresos y
    atender el negocio cotidiano. ¿Cómo pueden embarcarse en “revoluciones”
    si, además, deben cuidar el costo de productos o servicios existentes?

    Ahí está el caso de la universidad de Stanford, donde se inició
    y se patentó la tecnología para recombinar cadenas de ácido
    desoxirribonucleico (ADN). La entidad ha licenciado a muchas firmas y su conjunto
    constituye un laboratorio único. A su vez, las franquiciadas son intensivas
    en tecnología y generan patentes propias que citan a las básicas
    y se citan entre sí.

    Curiosidad y réditos
    Entretanto, los “puenteadores de conocimiento” contratan investigadores
    provenientes de muchas áreas. También entran en alianzas o trabajan
    con inversores de riesgo, un grupo que tiene todo tipo de contactos, pues vinculan
    las empresas en sus carteras a recursos de terceros y mercados laborales centrados
    en ciencia, técnica e innovación.
    Ubicar compañías creativas y comprender cómo adquieren
    conocimientos es apenas un primer paso. Según explican los analistas
    de Wharton, “es preciso descubrir si los nexos deparan ventajas en desempeño
    o en financiamiento. Al fin y al cabo, en el mundo empresario una enorme curiosidad
    carece de sentido si no produce réditos.
    Luego de hacer números, los investigadores concluyen que el puenteo de
    conocimientos es una aventura rentable. Por ejemplo, en el sector farmoquímico
    –al cual pertenece la biotecnología–, un amplio grupo de
    emprendedores tiene mejores posibilidades que otros en cuanto a obtener aprobación
    de la Food & Drug Administration estadounidense. Por lo mismo, consiguen
    más fondos vía ofertas públicas iniciales que quienes no
    “ven” los nexos entre áreas dispares.
    Detectar esa aptitud de atraer capital de riesgo no es fácil, aunque
    existan pilas de estudios al respecto. El trabajo de Wharton ofrece algunos
    indicios de sesgo “antiintuitivo”. Una conclusión señala
    que buscar ese capital les insume tiempo y energías a los managers, impidiéndoles
    percibir nexos entre conocimientos dispares. Otra es que enfocarse en desarrollar,
    fabricar y vender productos suele hacer que una firma deje de privilegiar el
    tipo de investigación que genera patentes.
    Las compañías analizadas en el estudio de Wharton fomentan efectivamente
    puentes entre áreas diversas, pero no sin riegos. A menudo, gente de
    formación heterogénea no se complementa bien y no depara ideas
    ni resultados positivos. Los “puentes” exigen bastante más
    que reclutar cerebros en una amplia gama de campos. También es necesario
    crear una especie de “cámaras compensadoras”, donde se intercambien
    ideas, sugerencias y proyectos. Esos esfuerzos implican el proceso que describía
    Steve Jobs (Apple) en una entrevista de 2004: “Las innovaciones salen
    de gente que se encuentra en cualquier ámbito e intercambia ideas originales”.
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