domingo, 31 de mayo de 2026

    El año de la desconfianza y de las eternas disculpas

    Cuando la historia revise el año 2002 (e incluso toda la década
    anterior), el dictamen sobre el sistema de compensaciones y retribuciones salariales
    para los principales ejecutivos de las empresas globales será inapelable:
    un disparate, una atrocidad y un latrocinio. Se calcula, según las revelaciones
    del año terminado, que la alta gerencia obtuvo US$ 3.300 millones de
    empresas que envió a la bancarrota.

    Los principales directivos de empresas de primer nivel sustrajeron activos
    pertenecientes a los accionistas en beneficio propio. Parte de la explicación
    reside en la burbuja bursátil de estos años, pero la esencia del
    problema se basa en la estructura de gobierno de las compañías
    y en la falta de control efectivo por parte de los accionistas y de los mecanismos
    reguladores. Una inoperancia que se intenta atacar, aunque los remedios previstos
    parecen recursos gattopardistas, donde se cambia algo para que nada cambie.

    No se percibe que el capitalismo afronta tal vez su crisis más aguda.
    La de la confianza frustrada, la indignación de los inversionistas por
    la falta de credibilidad en la información hecha pública por las
    compañías, consultoras, banca de inversión y fondos jubilatorios.

    Para Alan Greenspan, cabeza de la Reserva Federal, se trata de una “codicia
    infecciosa”. Para el público, la definición adecuada es:
    una obscenidad.

    También –o a causa de las mismas razones– podría
    convenirse en que 2002 fue el año de las disculpas y las apologías
    en los campos público y empresario. Muchos ejecutivos se disculparon
    por sus excesos o por sus torpezas, mientras la justicia los procesaba. Otros
    cayeron en el remolino: simplemente por no conseguir buenos resultados en el
    corto plazo fueron despedidos sin aviso previo ni consideración alguna.

    Los organismos reguladores en Estados Unidos y en Europa se pasaron la mayor
    parte del tiempo explicando que no tienen recursos ni presupuesto para controlar
    la “exuberancia irracional” de los mercados, mientras sus cabezas
    debieron renunciar después de que se probaran sus vínculos con
    la actividad o negocio que supuestamente debían controlar (todo esto
    en el mundo de las naciones más ricas. Entre los países emergentes,
    y especialmente en la Argentina, nadie piensa que una disculpa sea necesaria
    u oportuna).

    Pero las excusas y disculpas no solamente tuvieron que ver, en todo el planeta,
    con excesos o fraudes. Un enorme número de empresas pidió perdón
    a sus clientes (cuyo poder de protesta se ha potenciado) por mala atención,
    fallas en la prestación de un servicio o en la calidad de un producto.

    Heridas que cicatrizan

    Los escándalos corporativos que envolvieron a marcas como Enron, Arthur
    Andersen, World Com, Qwest y Tyco, entre otros, dejaron una herida en la confianza
    ciudadana estadounidense que tardará en cerrarse.

    Con la perspectiva de una mirada argentina, ningún daño parece
    irreparable. Hace exactamente un año todos pensaban que el sistema bancario
    estaba condenado a desaparecer, y ahora está captando depósitos
    a buen ritmo. Es cierto que nuestro entrenamiento para la crisis es muy superior
    al que tienen otras economías.

    Para entenderlo basta con leer las páginas siguientes. A razón
    de una página por mes, hemos historiado lo ocurrido durante 12 meses
    interminables en la economía nacional. Una prolija lectura asombra aunque
    se recuerden los datos, por la profusión, variedad e intensidad de acontecimientos
    relevados cada 30 días. En los próximos años, su lectura
    será obligada para quien pretenda una reconstrucción histórica
    del período.

    La mayoría de los acontecimientos registrados durante ese lapso anual
    (tantos que resulta imposible recordarlos en su totalidad) parecen los títulos
    de una colección histórica:

    • El presidente que duró una semana.
    • El día del triple default.
    • El otro presidente que no pudo cumplir ninguna de sus promesas.
    • El peor comportamiento económico desde 1914.
    • Récord de quiebras y concursos de acreedores.
    • La intransigencia del FMI.
    • Un Congreso inoperante y sospechado.
    • Partidos y dirigentes políticos sin rumbo.
    • ¿Una justicia irrelevante o partisana?
    • Los que aprendieron a sobrevivir.
    • Las exportaciones que no crecieron.
    • Negociación con acreedores externos: sin novedad.
    • Pendiente y grave: las tarifas de servicios públicos.
    • La evolución de la inflación y sus consecuencias.

    Recuperación

    Seguramente el resto del mundo también se recuperará de esta
    crisis de confianza. No es la primera vez que ocurren acontecimientos similares.
    Las burbujas no son monopolio del año fenecido, ni siquiera del siglo
    pasado. La historia registra innumerables episodios similares: los latrocinios
    de los administradores de la Compañía de las Indias Orientales,
    que además contrabandeaban el opio chino hacia Europa; la famosa burbuja
    de los tulipanes en la Holanda del siglo XVII; igual que la burbuja del Mississippi,
    donde un experimento de emisión monetaria en respaldo de la Louisiana
    francesa terminó en el primer empapelado de paredes con papel moneda.

    La diferencia con lo ocurrido en los últimos meses es que nadie creía
    posible la repetición de estos hechos por la supuesta vigencia de mecanismos
    de control y de transparencia en un mercado financiero maduro.

    Las recomendaciones de los bancos de inversión atraparon a millones
    de inversionistas de buena fe, que confiaron en la calidad de los consejos recibidos.
    La consecuencia es un fuerte movimiento para escindir a la banca universal de
    la banca de inversión, y de las consultorías financieras, íntimamente
    vinculadas hasta ahora.

    Hasta McDonald’s debió excusarse con los vegetarianos (y con los
    hindúes) por sus papas fritas supuestamente aptas para ellos, cuando
    el aceite usado para freírlas, en realidad, tenía contenidos animales.

    Afortunadamente, MERCADO no tuvo que afrontar el mismo dilema que confronta
    cada año la revista Time cuando elige al hombre o la mujer del año.
    Esta vez abundaban los villanos y escaseaban los buenos ejemplos (Time distinguió
    a tres mujeres valerosas que arriesgaron sus puestos al denunciar fraudes y
    escándalos en las empresas y organismos en los que trabajaban). Tal vez
    una buena candidata hubiera sido la segunda esposa de Jack Welch, el gerente
    más exitoso y aclamado en décadas. Al ventilar su demanda de divorcio
    puso de relieve la increíble codicia de Welch y su rimbombante estilo
    de vida financiado por General Electric, la empresa de la cual se había
    jubilado con todos los honores. Un triste final, inmerecido para tan buenos
    antecedentes.

    Riesgo de guerra preventiva

    Este año puede haber guerra: aunque muchos sostienen que el conflicto
    con Irak es evitable e innecesario, el equipo de Bush no parece cejar en su
    empeño. La nueva teoría de las guerras preventivas que supone
    legítimo golpear primero si se espera un ataque, será muy discutible
    pero no evitará los bombardeos.

    Estados Unidos necesita desplazar la crisis financiera global al escenario
    bélico y, además, mantener control sobre una zona petrolera vital
    para su futuro. A decir verdad, nadie sabe si el petróleo subirá
    o bajará en caso de guerra abierta. Si las hostilidades duran mucho,
    el precio puede irse a las nubes; si son muy cortas, se puede derrumbar el precio
    del crudo, algo que ni siquiera conviene a las petroleras estadounidenses.

    En cuanto al suministro petrolero, la gran posibilidad es Rusia (cuya economía
    se recupera más velozmente de lo esperado). Washington vería con
    agrado a este nuevo proveedor, pero las grandes firmas petroleras desconfían
    del clima de negocios en la ex Unión Soviética.

    La superioridad militar de Estados Unidos es más hegemónica que
    nunca: su armamento es mayor que el de los 20 países que le siguen y
    su presupuesto es enorme. Aun así, apenas gasta poco más de 3%
    del PBI en este rubro, y la tendencia es al constante aumento.

    En síntesis, en el escenario global se percibe una nueva visión
    hegemónica de Estados Unidos y toda la voluntad de ejercerla; un temor
    –justificado– hacia el terrorismo internacional que, para muchos
    críticos, puede terminar en un clima que violente los derechos ciudadanos
    de los estadounidenses.

    En los campos económico y empresario, el american way of business ha
    sufrido un golpe mortal; las empresas de la vanguardia tecnológica están
    en serios problemas y, esta vez, no hay locomotora que arrastre a la economía
    global: Estados Unidos lucha por definir si terminó la recesión
    o si hay riesgo de deflación; Europa está atrapada en la rigidez
    de su sistema monetario; y Japón no sabe cómo salir de su crónica
    anorexia.

    En la literatura empresaria sobresale en forma estridente un clamor por mayor
    responsabilidad de empresas, directorios y gerentes. Es la hora de rendir cuentas
    a una sociedad desconfiada. Mientras tanto, el marketing, que tanto espacio
    solía ocupar, se concentra en resolver el permanente conflicto entre
    mucha innovación y escasos recursos. M