Las voces más ponderadas decían que había que aguardar el mejor momento para abandonar la convertibilidad, ya que no podía ser eterna, y a la larga traería más complicaciones que beneficios. La inflación local era muy modesta, pero en dólares. A su vez el dólar, durante buena parte de esa década -los ´90- se revaluó frente a otras divisas haciendo más difícil la posibilidad de aumentar nuestras exportaciones.
Pero la inmensa mayoría, expertos o legos, prefirieron los cantos de sirena. Teníamos uno a uno para toda la vida.
Al final, tuvieron que pasar 10 años, pero se demostró que ello no era posible.
De inmediato, se presentó el siguiente debate: ¿debíamos pasar a una paridad establecida contra una canasta de monedas, a una flotación total o a una flotación sucia? Finalmente, fueron los dolarizadores quienes más alzaron su voz: aquellos que creían -y creen- que el peso debía desaparecer, para ser reemplazado directamente por el dólar.
Los defensores de la dolarización sostienen que esta propuesta se inscribe en una tendencia mundial, y respaldan su tesis poniendo como ejemplo al euro. Por otro lado, argumentan que, con la adopción de la divisa estadounidense se elimina toda incertidumbre sobre el futuro, promoviendo de esa manera una rebaja de las tasas de interés.
Pero lo cierto es que, por un lado, hay una enorme diferencia entre tener una moneda común y adoptar una moneda ajena y, por el otro, que la lógica de la “certidumbre”, llevada a su extremo, podría convertirnos en otro estado de la Unión.
La discusión y el análisis no son demasiado frecuentes en nuestro medio. Pero en los ámbitos académicos internacionales abundan. En esta entrega de Documento, presentamos los siguientes materiales:
- el que sigue, producto de Nouriel Roubini sobre los mitos de la convertibilidad
(ya que en orden de precedencia el tópico viene primero en la discusión).
Aunque data de 1998 -o precisamente por ello- permite comprobar
lo acertado del análisis. - En nuestro sitio de Internet -y en las direcciones que figuran al
final de este ensayo-, otro trabajo de Roubini: “Los pro y los contra
de la dolarización”, donde el profesor de la Universidad de Nueva York
se declara contrario a dolarizar. - Un tercer ensayo, de Steve Hanke y Kart Schuler -el primero reclama
ahora la paternidad de la convertibilidad (veremos qué le contesta
Cavallo)- que le fue presentado a Carlos Menem en Estados Unidos el pasado
11 de junio, con el pomposo título de “Manifiesto para una reforma
económica en la Argentina”. - Un cuarto trabajo, que lleva la firma de Jeffrey Sachs y de Felipe Larrain,
cuya tesis central se opone a la dolarización. Su nombre es elocuente:
“Por qué la dolarización es más chaleco de fuerza que
salvación”. - Finalmente, un artículo de Ricardo Haussman, “¿Cuántas
monedas debería haber? ¿Cinco o ciento cinco?”, a partir del cual
el ex economista jefe del BID se inclina en un sentido contrario que los anteriores
autores.
