jueves, 30 de abril de 2026

    El dólar empuja la exportación de vinos

    Los principales bodegueros argentinos aseguran, por ahora en voz baja, que el 2002 será un gran año para el sector, aunque aclaran que sólo para aquellos que ya pusieron un pie en los mercados internacionales. Es que con un dólar a, por lo menos, $ 3 resulta más beneficioso colocar sus vinos en el exterior antes que satisfacer al mercado interno; un escenario similar al que ofrece el sector de los combustibles.


    Las señales abundan: casi no hubo lanzamientos de nuevas marcas en el país; desde octubre a febrero pasados –en plena crisis– algunos bodegueros ampliaron inversiones y, además, optimizaron sus costos para desplazar los insumos en dólares, en los rubros en los que, obviamente, hay producción vernácula.


    Algunos ya midieron la incidencia positiva de la devaluación en la industria. Los investigadores Alfredo Aciar y Lorena Blanco, de la Fundación Instituto de Desarrollo Rural de Mendoza, realizaron un trabajo en el que advierten que la depreciación del peso ofrece dos efectos opuestos sobre la estructura de costos de una línea de producción que tiene como destino la exportación: por un lado, se encarecen los insumos importados y, por el otro, se licuan los costos en pesos.


    En el primer caso, se pueden sustituir insumos importados por nacionales en la medida de lo posible. En el segundo, las ventajas son más que importantes: los costos medidos en dólares disminuyeron, aproximadamente, 55% mientras que los ingresos apenas cayeron 5% a raíz de las retenciones que el Gobierno fijó a las exportaciones. En síntesis, las condiciones de competitividad mejoraron 50%, según Aciar y Blanco.


    A este indicador se suma otro de carácter cualitativo. La cosecha 2002 puede ser la mejor de la década, según algunos especialistas como el francés Michel Rolland, consultor internacional e inversor en los pagos cuyanos.


    Para Rolland, en este aspecto han influido tanto los factores climáticos como la reconversión que experimentó la vitivinicultura argentina en los últimos 10 años (se invirtieron más de US$ 800 millones en instalaciones, cepajes de alta gama y consultoría y comercialización externa). “Se cultiva, se cosecha y se elabora mejor; esto es una realidad. Además, las condiciones geoclimáticas proporcionaron este año un óptimo equilibrio entre el grado alcohólico, madurez y acidez”, explica el enólogo francés, quien no duda que las botellas que en el futuro recen “Argentina 2002” en sus etiquetas serán muy codiciadas por los paladares más exigentes.


    El propio Rolland es uno de los inversores que apostó en plena crisis. Integra el proyecto Clos de los Siete junto a otros empresarios franceses. El grupo ya implantó más de 1.000 hectáreas en la zona de Tunuyán, en el Valle de Uco (el nuevo paraíso del vino, según los especialistas que apuestan a los cultivos en tierras altas), y planea por lo menos seis bodegas pequeñas con tecnología de última generación. La inversión total superaría los US$ 30 millones.

    Siguen las firmas


    Entre quienes confían en este nuevo boom vitivinícola está el bodeguero alemán Wengut Henrich Vollmer, cuya familia posee tierras en Selva Negra, a 70 kilómetros del límite con Suiza. También compró tierras en el Valle de Uco y proyecta una inversión de más de US$ 20 millones, que incluye viñedos, bodegas, un hotel y un restaurante.


    Y hay más. Dos altos ejecutivos de empresas nacionales también invirtieron en una bodega. Se trata de Jacques Louis Montalember (de la sociedad que controla el grupo Quilmes) y Jean Pierre Thibaud, director de la cementera Loma Negra. Crearon la marca Bacchus y sólo miran al mercado externo. Por ahora desembolsaron sólo US$ 1 millón pero ampliarán la apuesta no bien comiencen a elaborar vino.


    Sebastián Bagó, dueño de los laboratorios farmacológicos, adquirió tierras en Mendoza al igual que el financista Francisco de Narváez. Por ahora, ambos preparan el terreno para entrar en el negocio de los vinos. No se conoce el monto de las inversiones, pero fuentes del sector aseguran que rondarían los US$ 2 millones.


    Otros que invirtieron, aunque poco más de US$ 3,5 millones, son Pedro Mayol –cuñado del industrial Enrique Pescarmona y socio minoritario de la bodega Lagarde– y Antonio Carrasco, hijo de los fundadores de Navarro Correas. Se trata de dos proyectos distintos: el primero es una bodega boutique en el Valle de Uco y el segundo –integrado por otros tres accionistas– se enfoca hacia el mercado del champagne.


    Con todo, las inversiones más resonantes de los últimos meses provienen de las firmas Sophenia y Monteviejo. Entre las dos capitalizarán unos US$ 10 millones en tierras, tecnología e instalaciones durante los próximos dos años.


    Sophenia es un grupo encabezado por el argentino Roberto Luka –ex director general de Finca Flichman– y otros socios. El nombre deriva de la conjunción de Sofía y Eugenia, los nombres de las hijas de los accionistas principales. Buscan vinos de alta gama y posicionamiento en los mercados europeos y americanos.


    Monteviejo, en cambio, está encabezado por la francesa Catherine Pere Vérge y otros socios galos. También proyectan una bodega en el codiciado Valle de Uco y gastarán cerca de US$ 5 millones.


    Por eso, muchos ya se frotan las manos y hablan de la reedición del boom vitivinícola del trienio ´95/´97. En ese período, España y Francia sufrieron problemas de sequía y sus cultivos mostraron rendimientos desparejos. Los bodegueros de la Argentina pudieron ingresar más cómodamente a mercados antes vedados y exportaron caldos finos en cantidad, pero sobre todo mosto y vino a granel que, por ejemplo, los españoles fraccionaban y etiquetaban en la península y vendían al resto de Europa. Entonces, la Argentina pasó de colocar en el exterior 0,8% de su producción total a 4%, primero, y 8%, unos meses después.


    En la temporada 2002/2003 puede suceder lo mismo. La relación peso-dólar es beneficiosa para los exportadores y emerge un factor más que importante en el mundo de los negocios: la suerte. Es que en el hemisferio norte la cosecha 2001/02 tuvo altibajos; fue buena en España y Estados Unidos y no tan buena en Francia e Italia. En Sudamérica el rendimiento también fue desparejo porque Chile soportó un año complicado en términos climáticos; mientras que Australia obtuvo una temporada regular. Sólo Sudáfrica tuvo tanta estrella como la Argentina.


    No obstante, los principales observadores del sector advierten que el crecimiento de las exportaciones será impulsado fundamentalmente por la venta de mostos (caldos concentrados con alto valor de azúcar) y también vino a granel para su posterior fraccionamiento y venta. Esto afectará fundamentalmente al mercado interno, donde caerá la oferta y subirán los precios para el consumidor final. Pero ése ya es otro problema en el que los bodegueros, por ahora, no quieren ni pensar.

    Los números de la industria

    • US$ 800 millones invirtió el
      sector durante la última década.
    • US$ 40 millones llegaron al Valle de
      Uco en los últimos meses, un paño de tierra ubicado a
      unos 80 kilómetros al suroeste de la capital de Mendoza, con
      una altura promedio de 2.000 metros.
    • 40 litros per cápita es el consumo
      promedio anual en la Argentina. En la década de los ´70 superaba
      los 72 litros.
    • US$ 200 millones es lo que exporta
      actualmente el sector; muy lejos de los US$ 600 millones que coloca
      Chile en el exterior o los US$ 920 millones de Australia.
    • 8% del total producido en la Argentina
      se exporta. Chile hace lo propio con 51% de su producción.
    • 50 son las bodegas que exportan. Hay
      1.200 registradas en el INV y sólo unas 550 en actividad.
    • US$ 1.500 millones mueve el negocio
      argentino del vino.