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“Los últimos 20 años cambiaron la actividad bancaria”, dice Cyrus Mewawalla, autor del thriller financiero “City of Thieves” donde hace una pintura descarnada de los financistas de la City de Londres. Relata allí la historia de un hombre que lucha por proteger su buen nombre y honor en un mundo donde el honor ha dejado de tener valor.
Para Mewawalla, cuyo nom de plume es Cyrus Moore, todos los negocios tienen un costado no ético. Las tabacaleras negaron durante años que su producto causaba cáncer; los supermercados destruyeron a los almacenes y los autos envenenaron el planeta. Pero en el negocio bancario la ética es central a su existencia misma. Los bancos no venden cigarrillos, alimentos ni autos, venden confianza. Al banco va la gente a entregar su dinero y confía en que lo tendrá cuando lo necesite.
A lo largo de los últimos 20 años, mientras los Gobiernos occidentales relajaban gradualmente los controles regulatorios en el sector bancario, los banqueros comenzaron a abusar de esa confianza. Usaron, por ejemplo, el dinero de sus clientes para hacer apuestas de alto riesgo. Cuando las ganancias llovían, se autopremiaban con bonos abultados, pero cuando la suerte se dio vuelta se mandaron a mudar dejando a los contribuyentes en la estacada.
Estrictamente hablando, nada de lo que hicieron es ilegal: los bancos necesitan acceso a los depósitos para realizar otras actividades. Sin embargo, Mewawalla les atribuye una conducta de “codicia y engaño”. La cultura de codicia, arrogancia y engaño que fomentaron los bancos de inversión con prácticas muchas veces reñidas con la ética fue un aporte importante a la crisis bancaria que estalló en 2009.
En un mercado desregulado debería funcionar el mercado. Pero aquí no. Los bancos se aprovechan de sus clientes y el mercado no los castiga. ¿Por qué? Porque los clientes siguen volviendo. ¿Por qué? Porque la banca de inversión es esencialmente un oligopolio. Si una gran empresa busca una fusión o reestructurar su deuda necesita acudir a un gran banco y no hay tantos para elegir.
Mewawalla propone segmentar bancos según diferentes tipos de riesgo, desde el banco minorista hasta el fondo de cobertura, y cobrarle a cada segmento según el riesgo que supone para la economía. También, crear un fondo de seguros para sostener rescates y no dejarles la carga a los contribuyentes.
Negociaciones reñidas con la ética
En muchas negociaciones surgen dilemas éticos cuando los intereses económicos chocan con intereses morales y las partes deben optar entre ventaja competitiva e integridad. Muchas veces, también, las partes negociadoras son personas honradas que cometen equivocaciones éticas a pesar de sus buenas intenciones. Porque no siempre se ve con claridad la línea que separa lo que se debe de lo que se puede hacer. Es en esas circunstancias cuando es fácil que la gente crea que está actuando según los preceptos de la ética y en realidad no es así.
Horacio Falcao, autor de Value Negotiation: How to Finally Get the Win-Win Right cree que la mentalidad de “ganar o perder” que impera casi siempre en una negociación se da porque la gente tiene miedo de perder. En su libro aboga por la negociación enfocada en el valor y no en el poder. La actitud correcta en una negociación, dice, no es derrotar al otro sino crear el máximo valor posible para ambas partes.
Falcao propone un método negociador que brinda una plataforma para manejar el conflicto de intereses y avanzar hacia una solución ética y económica que maximiza valor.
El arte de la negociación ética está en tener el coraje que hace falta para manejar las tensiones que pueden surgir durante las conversaciones. Fracasa quien tiene miedo de manejar una situación difícil. Fracasa quien no tiene coraje para mirarse en el espejo cada vez que se actúa olvidando la ética y admitir la necesidad de cambiar de conducta. De lo contrario está el otro camino, el de retirarse de la mesa de negociaciones sin firmar. Nunca, dice Falcao, deberíamos cerrar un acuerdo que dañe el respeto que sentimos por nosotros mismos.

