
Mientras los gobernantes del mundo se devanan los sesos tratando de encontrar soluciones a la difícil situación económica global, pasan por alto una de las más grandes oportunidades de que disponen: jerarquizar a las mujeres, especialmente en las economías emergentes. Cerca de 1.000 millones de mujeres podrían entrar a la economía global en la próxima década, como empleadas, ejecutivas o emprendedoras. Hasta ahora, muchas han estado limitadas económicamente, desaprovechadas en un mundo que las mantiene invisibles para la economía global. Al obstaculizar su crecimiento, los países siguen desperdiciando un recurso valioso.
Un estudio realizado para Booz Company por DeAnne Aguirre, Leila Hoteit y Karim Sabbagh analiza el posible impacto de la entrada de casi 1.000 millones de mujeres a la fuerza laboral mundial en 2020.
Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el organismo de Naciones Unidas que elabora estadísticas sobre la fuerza laboral del mundo, unos 865 millones de mujeres estarán en edad de trabajar (o sea entre 20 y 65 años) para el año 2020 pero carecerán de los requisitos fundamentales para aportar a sus economías nacionales. Bien porque no tendrán la educación o la capacitación necesarias para trabajar o porque no pueden hacerlo debido a limitaciones legales, familiares, logísticas o financieras.
De esos 865 millones, 812 viven en naciones en desarrollo y emergentes.
Solucionar este problema es mucho más complicado que fomentar el crecimiento económico en un solo país porque las mujeres están desparramadas por el globo y tienen obstáculos muy diversos. Tanto en economías desarrolladas como en las que están en vías de desarrollo, las mujeres tienen menor tasa de participación en el mercado laboral y reciben menos sueldo que sus colegas varones por la misma tarea. Las conquistas económicas en este grupo casi siempre se lograron a pesar de fuertes fuerzas sociales en contra. En realidad, los factores que mantienen a las mujeres fuera de las economías nacionales son tan amplios e interconectados que los Gobiernos y empresas con deseos de ayudar al grupo que Booz llama The Third Billion, nunca saben muy bien por dónde empezar.
Políticas que confieren poder
El Índice del Tercer Billón (recuérdese que para el mundo anglosajón billón equivale a 1.000 millones para los hispanoparlantes) es un proyecto de investigación en profundidad realizado para evaluar el desempeño de más de 100 países en cuanto al poder que confieren a sus mujeres. Para elaborar sus conclusiones los investigadores de Booz & Company tomaron datos recopilados por el World Economic Forum y la Economist Intelligence Unit, dos instituciones que estudian la brecha de género en el mercado laboral y los problemas económicos de la mujer.
El modelo analizó el desempeño de los países sobre la base de tres grupos específicos de “inputs,” o políticas implementadas para fortalecer el poder económico de las mujeres. Ellas son igualdad de oportunidades educativas para las niñas, leyes sobre acceso al trabajo y apoyo a emprendedoras) como crédito, capacitación y otras formas de asistencia).
Luego analizaron los “outputs,” o indicaciones de cuán bien las mujeres han sido integradas a las economías nacionales. Los tres grupos de outputs fueron inclusión (participación de las mujeres en la fuerza laboral); progreso (número de mujeres entre los trabajadores profesionales, líderes empresariales y dueñas de empresas); e igualdad de salario a igualdad de trabajo.
La hipótesis central del Índice del Tercer Billón era que los inputs más fuertes debían relacionarse con los outputs más fuertes: o sea, cuanto más fuertes fueran las políticas para delegar poder en las manos de la mujer, mayor sería su estatus económico. Los resultados confirmaron la hipótesis. Los países con una base sólida de inputs, o sea de políticas tendientes a poner a la mujer en un pie de igualdad con el hombre en el trabajo y en la economía nacional, rindieron resultados notablemente mejores.
Algunos países ya han puesto en práctica estas políticas y están generando resultados. Por ejemplo, la Argentina, uno de los países que mostró una fuerte correlación entre inputs y outputs fue una de las primeras naciones latinoamericanas en sancionar leyes que regulan las condiciones laborales para mujeres. Tiene un fuerte sistema educativo, en el que más niñas que varones completan la educación secundaria y terciaria (algo poco común en América latina). Las mujeres avanzaron también en la esfera política: desde 2007 el país tiene una presidente mujer, Cristina Fernández de Kirchner, y las mujeres representan 24% del Parlamento nacional, la proporción más alta del mundo. Japón cuenta también con una fuerte base legal de apoyo a las mujeres.
En general, el índice sugiere que jerarquizar económicamente a las mujeres estimula el crecimiento del PBI. Los cálculos de Booz, que el equipo califica de conservadores, indican que si las tasas de empleo femenino en EE.UU. fueran iguales que las del masculino, el PBI general aumentaría 5%. En España, ese cambio elevaría en 10% el PBI y en las economías en desarrollo el efecto es todavía más pronunciado.
En última instancia, esas políticas no solamente benefician a las mujeres. En realidad mejoran las condiciones socioeconómicas para todos. Además de inputs y outputs, el estudio analizó un tercer conjunto de datos que llamó “resultados”, que incluyen cosas como PBI per cápita, tasa de alfabetización y mortalidad infantil. Estos son independientes de las variables de inputs y outputs pero los países con fuerte desempeño en jerarquización de la mujer resultaron también tener fuerte desempeño en esas mediciones sociales.
Con la economía global todavía en dificultades y logrando apenas una lenta y despareja recuperación, está en el interés de todos ayudar a las mujeres a aprovechar al máximo su potencial. No es posible lograr un verdadero progreso social sin el progreso económico del Tercer Billón. Los investigadores, además, hacen especial hincapié en remarcar que los logros en casi todos los casos, representan progreso relativo y no éxito absoluto. Muchos de los países que lograron las mejores posiciones en el ranking se beneficiaron de las comparaciones con otros.
Principales resultados
El grupo de países con sólidos inputs y outputs fue llamado “en la senda del éxito”, y corresponde a economías desarrolladas. Un segundo grupo está formado por países que están “tomando las medidas correctas” y son aquellos que han puesto en marcha una lista de políticas de inputs y están empezando a ver los frutos de este trabajo. Difieren entre ellos ampliamente en otras dimensiones políticas y sociales, e incluyen países como Malasia, Túnez y Venezuela. Por otro lado, un pequeño número de estados, entre ellos China y Camboya, son los que denominan como “forjando su propio camino”, que están obteniendo resultados modestos, pero aún no han instalado una base sólida de inputs.
En este grupo se encuentra España, en el puesto 15 del ranking, con 63,8 puntos, es el país latino con mayor puntuación y ocupa el décimosegundo puesto entre los países europeos del informe, en el que las mejores puntuaciones son para Noruega, Suecia y Finlandia (con 70,6; 69,5 y 69,3 puntos, respectivamente. Al mismo grupo que España pertenecen otros países latinoamericanos como la Argentina (35) y Brasil (46); junto con Uruguay, Panamá y México (38, 40 y 42, respectivamente).
El siguiente grupo de países, clasificados como “promedio”, se compone de aquellos en los que se han dado pasos lentos para mejorar medidas o inputs de progreso económico de las mujeres y que, en consecuencia, no han visto grandes resultados. Naciones como Colombia, Costa Rica, Chile, Serbia y Tailandia pertenecen a este grupo.
Por último, hay países que todavía no han abordado el problema, que han sido denominados como los que están “en la puerta de salida”, la mayoría de los estados árabes, además de Nicaragua, Indonesia, Laos y Nigeria. Esta categoría representa el mayor grupo de los 128 países y representa una gran oportunidad económica para muchas regiones del mundo.
Los tres primeros puestos del ranking son para Australia, Noruega y Suecia, mientras que las peores puntuaciones las han obtenido Sudán, Pakistán y Yemen.
Los desafíos comunes
Las mujeres que integran el Tercer Billón representan una multitud de nacionalidades, etnias y religiones. Viven en ciudades, pueblos y villorrios o granjas. Son jóvenes y maduras, casadas y solteras, experimentadas o inexpertas. Son producto de los lugares donde viven, con las limitaciones y oportunidades de sus regiones, países, estados y ciudades. Por eso requieren un conjunto de soluciones especiales para realizar su potencial.
Hay muchas razones por las cuales los países de todo el mundo no han logrado realizar el potencial económico de las mujeres. Básicamente o no están preparadas o no están habilitadas para sumarse a la fuerza de trabajo. Preparadas significa haber recibido una educación suficiente, generalmente definida como la terminación de la escuela secundaria. Habilitadas se refiere a tener suficiente apoyo social y político para introducirse en el mercado laboral. Ese apoyo abarca las dimensiones familiar, logística, legal y financiera.
En general, la mayoría de los países tendrán que atender un conjunto similar de desafíos.
La carga del cuidado de personas. En países ricos y pobres la responsabilidad de atender a niños, enfermos y ancianos cae casi exclusivamente en las mujeres. La OCDE calcula que pasan casi 2,4 horas más que los hombres en trabajos no remunerados por día. En los países menos desarrollados, el trabajo no remunerado incluye también tareas domésticas que compensan falta de infraestructura, como es salir a buscar agua y combustible. Un estudio reveló que si a estos trabajos se les asignaran un valor monetario, constituiría entre 10 y 39% del PBI.
Los Gobiernos pueden intervenir para atender más a estas poblaciones y liberar a las mujeres para que trabajen si así lo desean. Esta intervención no necesita adoptar la forma de instalaciones estatales. Pueden, con medidas, fomentar un cambio de actitud en la población. Alemania comenzó a ofrecer un bono equivalente a dos meses de sueldo si los padres tomaban licencia por paternidad. El sector privado también puede tomar medidas para solucionar este problema con horarios más flexibles de trabajo y guarderías gratuitas para empleados.
Falta de crédito. Los programas de préstamos a mujeres están hasta ahora limitados a los microcréditos, un sistema de pequeños préstamos respaldados por la actividad de la comunidad. Es algo, pero su impacto se limita a pequeños negocios informales en el sector servicios y no a startups en sectores clave como tecnología.
Claramente los Gobiernos no pueden, y no deben, obligar a los bancos a prestar a un determinado segmento comercial. Esas medidas fuertemente intervencionistas pueden dañar la credibilidad de los beneficiados. Pero al menos los reguladores pueden asegurarse de que el campo de juego sea parejo.
Insuficiente representación en la alta gerencia. El techo de cristal sigue existiendo. Una investigación tras otra muestra que los directorios siguen siendo abrumadoramente masculinos aun en países donde las mujeres representan un mayor porcentaje de graduados universitarios que los hombres y una gran parte de la fuerza laboral. El uso de cuotas parecería un instrumento burdo, pero debería ser visto como una medida necesaria hasta que la cultura evolucione y las mujeres accedan por derecho propio al salón ejecutivo.
Falta de apoyo a emprendedoras. Finalmente, las empresarias necesitan apoyo estructurado. Los desafíos que deben superar para triunfar son tantos que no pueden hacerlo solas. En economías desarrolladas, necesitan acceso a energía y tecnología. En mercados en desarrollo, necesitan capacitación en las funciones básicas comerciales.

