Universidad Austral relevó 80 interacciones que acercan a los agroinsumos biológicos

El estudio, publicado en *Business Strategy and the Environment*, analizó más de 80 adquisiciones, alianzas e inversiones de los últimos 15 años para explicar cómo las firmas dominantes de agroquímicos y fertilizantes sintéticos incorporan soluciones biológicas a su I+D y a sus carteras de productos en un mercado con potencial de crecimiento

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La incorporación de insumos biológicos a la agricultura quedó caracterizada en un estudio académico internacional que sistematizó más de 80 interacciones entre empresas líderes de agroquímicos y fertilizantes sintéticos y compañías especializadas en soluciones biológicas, registradas en los últimos 15 años. El trabajo fue liderado por Pablo Mac Clay, del Centro de Agronegocios de la Universidad Austral y del Centro de Estudios para el Desarrollo de la Universidad de Bonn (Alemania), y se publicó en la revista internacional *Business Strategy and the Environment*.

Los biológicos aparecen como alternativas para complementar tecnologías ya instaladas en protección de cultivos y nutrición vegetal. El estudio describe tres grandes grupos: bioestimulantes, con foco en mejorar la respuesta al estrés abiótico, la salud del suelo y la calidad de los cultivos; biofertilizantes, orientados a mejorar la fijación de nitrógeno y la solubilización de fósforo; y productos de biocontrol, que apuntan a reducir dosis de químicos y a contribuir a extender la vida útil de moléculas químicas ya utilizadas.

La investigación se planteó una pregunta de negocio y estrategia industrial: “¿cómo se reconfiguran las grandes empresas tradicionales de insumos para incorporar estas soluciones a sus portafolios y a sus procesos de innovación?”, dijo Pablo Mac Clay, del Centro de Agronegocios de la Universidad Austral. Para responderla, los autores recopilaron y sistematizaron información pública de anuncios corporativos, reportes, informes de prensa, noticias y artículos especializados.

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A partir de esa base empírica, el trabajo identificó interacciones que incluyen adquisiciones, alianzas y acuerdos de colaboración, además de inversiones. Con ese universo, el análisis ordenó las decisiones corporativas en cinco estrategias principales.

La primera es la expansión de portafolio, cuando una firma incorpora productos biológicos ya desarrollados para ampliar rápidamente su oferta. La segunda se apoya en acuerdos de marketing y distribución, que permiten comercializar productos de terceros mediante redes ya consolidadas. La tercera apunta a complementariedades en plataformas tecnológicas, combinando capacidades científicas y de investigación y desarrollo (I+D) entre empresas.

La cuarta estrategia se orienta al desarrollo conjunto de productos específicos. La quinta responde a la exploración de una ventana de oportunidad tecnológica, mediante inversiones en compañías con tecnologías todavía en desarrollo pero con potencial futuro.

El estudio sostiene que estas estrategias reflejan la búsqueda de un equilibrio entre el negocio principal de las compañías dominantes y el avance de productos con una lógica técnica y comercial distinta. “El proceso de incorporación no pasa solamente por sumar nuevos productos, sino también por construir capacidades”, dijo Pablo Mac Clay, del Centro de Agronegocios de la Universidad Austral.

En ese marco, la I+D interna continúa apoyándose en fortalezas históricas, mientras adquisiciones, inversiones y alianzas funcionan como mecanismos para acelerar la entrada al segmento biológico, ganar conocimiento y reducir riesgos en un terreno todavía en consolidación. Además de Mac Clay, el estudio fue firmado por Guillermo Bort y Roberto Feeney, del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, y Jorge Sellare, del Forest and Nature Conservation Policy Group de Wageningen University & Research, en los Países Bajos.

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