Pipireta cumple 17 años desde su creación por Eugenia Corigliano y Adrián Damiano, con un modelo de negocio centrado en la producción en Argentina y la venta exclusivamente online. La marca, instalada en Paternal, combina comercialización mayorista y minorista y llega a clientes de todo el país, en un escenario de cambios económicos y transformaciones en los hábitos de consumo.
Los fundadores definieron el origen del proyecto como una búsqueda de diferenciación a través del diseño. “Pipireta nació en la búsqueda de hacer prendas distintas, con identidad”, dijeron Eugenia Corigliano y Adrián Damiano, fundadores de Pipireta. Esa idea inicial se sostuvo a lo largo del tiempo como un criterio para decidir frente a variaciones en costos, condiciones de producción y reglas de mercado.
En ese recorrido, la empresa planteó la necesidad de adaptación como parte de la gestión cotidiana. El negocio se desarrolló en un contexto en el que los emprendedores deben tomar decisiones rápidas y encontrar alternativas para sostener la actividad. Corigliano y Damiano asociaron esa dinámica a cambios permanentes en la forma de producir y comercializar, sin abandonar el rumbo original.
En los últimos años, mientras una parte de la industria textil exploró alternativas de fabricación en otros países o recurrió a la importación de productos terminados, Pipireta reforzó su apuesta por la producción argentina. La decisión se apoyó en una lógica empresarial y en una convicción sobre el valor de lo local como diferencial de mercado. “Cuando se puso de moda comprar afuera, nosotros quisimos poner de moda a Argentina”, dijeron Corigliano y Damiano.
La estrategia no se orienta a competir en una guerra de precios con productos fabricados a gran escala en otros mercados. La compañía ubicó su ventaja competitiva en la creatividad y el diseño como atributos centrales para sostener su propuesta. En esa línea, los fundadores señalaron que la marca busca ofrecer algo que no sea una prenda más, con una identidad reconocible.
Las ilustraciones ocupan un lugar central en esa diferenciación: todas son originales y creadas por artistas argentinos. Cada diseño se desarrolla desde cero con el objetivo de generar identificación en quien lo elige. “Buscamos que lo que dibujamos sea algo que te identifique”, dijeron Corigliano y Damiano.
La empresa también vinculó esa propuesta con un cambio en la relación entre indumentaria y consumo: la ropa dejó de ser solo funcional y pasó a integrarse a la forma en que las personas expresan quiénes son y qué valores quieren mostrar. En ese marco, los fundadores asociaron la continuidad de la producción local con una dimensión económica, al señalar que detrás de cada prenda hay ilustradores, talleres, proveedores y trabajadores, y que emprender implica construir relaciones con esa red.












