Las subas de mayo en prepagas, alquileres, transporte, agua y otros servicios vuelven a presionar el presupuesto doméstico y trasladan parte del impacto a las expensas. En un contexto de inflación todavía activa, la administración de edificios deja de concentrarse en el pago de cuentas y apunta a gestionar consumos, con medidas orientadas a la eficiencia y a la revisión de contratos.
Martín Eliçagaray, especialista en tecnología aplicada a la propiedad horizontal y fundador de Simple Solutions, ubicó el margen de ahorro en decisiones operativas y de inversión. “Hoy hay herramientas concretas para gastar menos sin resignar funcionamiento. La clave es invertir bien y controlar”, dijo Eliçagaray.
En electricidad, una de las medidas inmediatas es reemplazar tubos fluorescentes y lámparas halógenas por LED, con una reducción de entre 75% y 90% del consumo en iluminación. A ese recambio se suma la eliminación de usos innecesarios: sensores de movimiento en palieres, escaleras, subsuelos y ascensores evitan que las luces permanezcan encendidas durante todo el día. En el caso de los ascensores, también se recomienda automatizar la iluminación y la ventilación para que no funcionen cuando están fuera de uso.
Otro punto técnico con impacto en la factura es el factor de potencia. Ajustar la instalación eléctrica con capacitores y llevarlo a niveles cercanos a 0,95 permite evitar recargos de la distribuidora, aun cuando no se trate de un aspecto visible para el consorcista.
En el rubro agua, el foco se ubica en pérdidas y mantenimiento. “En agua, el foco está en las pérdidas”, precisó Eliçagaray. Una fuga en cisterna o en cañerías comunes puede implicar miles de litros diarios. “El agua que cae es dinero que se pierde”, dijo el especialista. Detectar y reparar a tiempo aparece como una de las medidas de impacto más rápido.
Las bombas de agua también entran en revisión: si trabajan forzadas por pérdidas o mala regulación, consumen más energía y se desgastan antes, lo que eleva costos y aumenta el riesgo de arreglos mayores. En paralelo, la limpieza de tanques admite ajustes: la normativa exige controles anuales, pero no necesariamente una limpieza sistemática sin diagnóstico. Realizar análisis bacteriológicos y fisicoquímicos antes de contratar el servicio puede evitar gastos innecesarios.
En áreas comunes, la incorporación de aireadores y sistemas de doble descarga contribuye a moderar el consumo. En exteriores, se plantean cambios de hábitos como regar de noche o madrugada para reducir evaporación y reemplazar mangueras por baldes en la limpieza.
En servicios, Eliçagaray señaló que, en algunos edificios, tercerizar limpieza o vigilancia puede resultar más económico que mantener personal propio, con control en la contratación. La renegociación también aparece como herramienta básica: pedir presupuestos comparativos y revisar abonos vigentes. A esto se suman temporizadores, automatización de bombas y sistemas de monitoreo para ordenar consumos y detectar desvíos. “Son inversiones que se amortizan rápido y generan alivio sostenido”, sostuvo.












