Apertura importadora y bienestar: el nuevo reparto de grandes locales comerciales

La convergencia de apertura arancelaria, estabilización cambiaria y retracción de competidores locales reordena el mix comercial en avenidas porteñas y edificios de usos mixtos, con una disponibilidad de locales premium cercana a uno de cada diez espacios desocupados y un avance de gimnasios y servicios de bienestar como anclas de alquileres

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El mercado de locales comerciales en Argentina atraviesa un punto de inflexión por la convergencia de la apertura arancelaria, una relativa estabilización cambiaria y la retracción de competidores locales. Ese escenario acelera un reordenamiento del mix comercial en las avenidas porteñas y en los edificios de usos mixtos, con impacto sobre el tipo de inquilinos que ocupan grandes superficies y sobre la dinámica de circulación en planta baja.

En ese marco, los locales de más de 500 metros cuadrados sobre arterias principales dejaron de concentrarse en grandes operadores tradicionales, como indumentaria nacional, hipermercados o bancos. El espacio comenzó a ser disputado por cadenas internacionales de bajo precio, formatos de *wellness* y gimnasios de alto volumen, con propuestas orientadas a la experiencia más que al producto. “Estamos ante la primera ola de marcas internacionales que entran al mercado argentino con una ventana de oportunidad histórica”, dijo Mariano Basile, socio de Gewin Real State.

La disponibilidad en locales comerciales de primera línea ronda actualmente uno de cada diez espacios desocupados. Ese nivel de vacancia se interpreta como señal de reordenamiento antes que como caída de la demanda global, con un cambio de ganadores y perdedores dentro del universo de inquilinos. Las marcas locales de indumentaria de mediana calidad aparecen como las más expuestas a la transición, mientras que sostienen su presencia quienes encontraron una diferenciación genuina o se replegaron hacia segmentos que los operadores internacionales aún no atacan.

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Una de las transformaciones visibles es el ascenso del fitness como ancla comercial en edificios de usos mixtos. Proyectos como Icon Belgrano destinan hasta 1.000 metros cuadrados para actividades deportivas y ocupan roles que, en otros ciclos, tuvieron supermercados o sucursales bancarias. “El gimnasio no es un amenitie más del edificio: es el elemento que ancla al residente y al usuario externo”, dijo Basile.

La lógica de tráfico también cambia. Mientras que supermercados y bancos generaban circulación diaria de alta frecuencia y baja permanencia, el gimnasio introduce un patrón de uso con retornos semanales y estancias más largas. Ese comportamiento potencia locales de servicios complementarios que se organizan alrededor de la propuesta de bienestar, como nutrición, estética y medicina funcional.

La pandemia y la consolidación del trabajo híbrido dejaron pisos de oficinas subutilizados que buscan nuevos usos. En esos espacios se instalan centros de yoga, clínicas de estética, consultorios de medicina funcional y estudios de nutrición, en reemplazo de ocupaciones previas como estudios contables y legales. Gewin describe este fenómeno como la aparición de “servicios de experiencia”, con presencia en corredores como Belgrano, Núñez y el Polo Concepción en Colegiales.

Desde la perspectiva del propietario, estos operadores tienden a demandar contratos a largo plazo, con ingresos estables durante años. Además, su modelo de negocio depende menos del stock físico y de la cadena de importación, ya que la cuota mensual del socio funciona como ingreso recurrente y predecible.

El perfil comercial de la planta baja también se vincula con la valuación residencial dentro del mismo edificio. Un piso residencial en un inmueble con gimnasio de cadena, café de especialidad o servicios de salud “cotiza diferente —y mejor—” que uno con un kiosco o una ferretería. En paralelo, Basile advierte sobre el riesgo de confundir sofisticación con valor sostenible cuando se desplazan comercios de proximidad en busca de un mix aspiracional que impacta en el corto plazo, pero puede deteriorar la habitabilidad cotidiana que sostiene la demanda en el tiempo.

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