FSC pone el foco en medir servicios ecosistémicos para decisiones de inversión

Con un foro regional previsto para el 8 y 9 de septiembre en Puerto Iguazú, Misiones, la entidad plantea que cuantificar y verificar impactos sobre biodiversidad, agua, suelos y carbono puede aportar evidencia para reportes, gestión de riesgos y asignación de capital en sectores dependientes de la naturaleza

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Las empresas comienzan a reformular una pregunta clave para su gestión: no solo cuánto impactan sobre los ecosistemas, sino cuánto dependen de ellos para operar. En esa línea, Forest Stewardship Council (FSC) plantea que el desafío es medir ese vínculo, demostrar resultados y encontrar mecanismos para que la conservación pueda atraer capital.

El interrogante se vuelve operativo cuando se lo traslada a escenarios concretos. Qué pasaría si el agua que necesita una compañía deja de estar disponible, si se degrada el suelo del que depende su producción o si desaparece un ecosistema que protege su territorio. La calidad del agua, la salud de los suelos, la biodiversidad, la captura de carbono y otros servicios ecosistémicos pueden condicionar operaciones, cadenas de suministro y decisiones de largo plazo, con efectos económicos.

Los bosques aparecen como un caso para dimensionar la escala. En Argentina ocupan alrededor del 16% del territorio, según Our World in Data con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en el Global Forest Resources Assessment 2025. A nivel global representan el 30% de las tierras del mundo. Además, capturan netamente unos 7.600 millones de toneladas de CO₂ por año y albergan hasta el 80% de la biodiversidad terrestre, de acuerdo con el Climate and Biodiversity Strategic Framework 2026–2032 de FSC.

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En América Latina y el Caribe, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estima que el 55% del valor del PIB total depende de la Naturaleza. En términos económicos, los servicios ecosistémicos comprenden 15,3 billones de USD anuales en la región, según el informe sobre desarrollo humano de 2026.

El problema, para FSC, es que buena parte de ese valor no aparece en un balance. Un bosque puede almacenar carbono, regular el agua, conservar biodiversidad y proteger el suelo sin que, por lo general, esos beneficios reciban un valor económico. Ese valor tampoco se limita a lo ambiental o económico: incluye una dimensión social por su impacto en el bienestar de las comunidades, la calidad de vida y el desarrollo de actividades productivas.

La entidad sostiene que la evidencia verificable puede convertirse en un activo para la gestión empresarial: respaldar reportes y divulgaciones, dar seguimiento a compromisos, e identificar riesgos y dependencias vinculados con la naturaleza, además de orientar decisiones de inversión y asignación de capital. En esa lógica, desarrolló Impacto Verificado para generar evidencia sobre siete servicios ecosistémicos: biodiversidad, almacenamiento y captura de carbono, agua, conservación de suelos, recreación, valores culturales y calidad del aire.

El sistema apunta a cuantificar impactos y someterlos a procesos de verificación validados por terceros. “Medir permite saber qué ocurrió”, plantea el texto. “Verificar permite demostrarlo”.

En este escenario, FSC realizará el 8 y 9 de septiembre, en Puerto Iguazú, Misiones, el II Foro de Servicios Ecosistémicos FSC América Latina, coorganizado por FSC Argentina y FSC Brasil. El encuentro reunirá a representantes de gobiernos, empresas, comunidades, academia y organismos internacionales para discutir cómo transformar impactos positivos medidos y verificados en oportunidades concretas de financiamiento, conectando proyectos, evidencia y potenciales financiadores.

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