El benchmarking ESG (ambiental, social y de gobernanza) se utiliza para comparar de manera sistemática el posicionamiento de una organización con el de sus pares en temas relevantes de sostenibilidad. El enfoque apunta a interpretar la evolución del mercado, mitigar riesgos, impulsar la innovación y fortalecer la confianza de los grupos de interés, en un escenario donde la disponibilidad y madurez de los datos volvió estos análisis más accesibles.
El alcance de un benchmark ESG puede abarcar desde la estrategia general de sostenibilidad hasta cuestiones específicas, como el clima. En ese proceso, se consideran dimensiones como el enfoque adoptado, el nivel de ambición y la identificación de mejores prácticas. La comparación con pares se plantea como una herramienta para ordenar decisiones y ajustar prioridades cuando cambian regulaciones, expectativas de los stakeholders y la dinámica competitiva.
Beneficios y niveles de análisis
El análisis competitivo puede realizarse en distintos niveles: estratégico, temático o a nivel de reporte integral. Grant Thornton lo organiza en tres beneficios principales. El primero es el conocimiento del mercado, al incrementar la comprensión sobre tendencias sectoriales, mejores prácticas y desafíos generales o específicos de cada temática ESG. El segundo es la definición de metas, al funcionar como insumo para fijar objetivos ambiciosos y estructurar la estrategia organizacional. El tercero es la diferenciación, al facilitar la identificación de un posicionamiento distintivo frente a la competencia.
En esa línea, Alejandro Chiappe, socio de Advisory Services de Grant Thornton Argentina, sostuvo: “El benchmarking no es un fin en sí mismo, sino un mecanismo para definir una dirección y mejorar el impacto”. También agregó: “En un contexto en el que las regulaciones, las expectativas de los stakeholders y la dinámica del mercado evolucionan rápidamente, esta herramienta permite a las organizaciones fundamentar sus decisiones estratégicas, realizar ajustes oportunos y aumentar su impacto”.
Cuándo aplicarlo y qué mirar
Entre los momentos de aplicación, se destaca el uso posterior a la Evaluación de Doble Materialidad (EDM). Una vez identificados los temas relevantes para la organización, el benchmarking permite comparar el nivel de esfuerzo y ambición con otros actores del sector, con impacto en la toma de decisiones en el directorio.
También aparece el benchmarking temático para impacto de largo plazo, en aspectos como la circularidad o la acción climática. En esos casos, el análisis puede incluir prácticas fuera del propio sector, con el objetivo de impulsar mejora continua e innovación. Un tercer uso se vincula con el desarrollo de políticas y reportes, durante el establecimiento de métricas y la elaboración de informes de sostenibilidad. Para garantizar efectividad, la recomendación es definir criterios de comparación (enfoque, alcance y fuentes de información) de manera pragmática y evitar la dispersión que genera un exceso de indicadores.
En experiencias recientes, se aplicó el enfoque en una gran empresa logística para inspirar el desarrollo de un objetivo climático a partir del mapeo de metas de sus pares, y en una institución financiera que preparaba su informe anual 2024, con el objetivo de igualar y superar el nivel de reporte ESG del sector e integrar impactos, riesgos y oportunidades materiales en las operaciones diarias.












