Juegos de mesa modernos, una opción doméstica para retomar rutinas tras el receso

Con el regreso a la actividad escolar tras las vacaciones de invierno, la editorial Devir propone integrar juegos de mesa modernos en casa como complemento no institucional para el segundo semestre, con foco en toma de decisiones, funciones ejecutivas y habilidades de convivencia que también se entrenan alrededor del tablero

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Terminado el receso de invierno, en muchas familias vuelve el ritmo escolar con horarios, obligaciones y presiones, y suele achicarse el espacio cotidiano de actividades compartidas con los chicos. En ese marco, la editorial Devir plantea incorporar en el hogar los Juegos de Mesa Modernos (JMM) como una práctica doméstica que no funciona como herramienta de estudio, sino como complemento por fuera del aula.

El planteo se apoya en la idea del juego como “puente analógico”, capaz de sostener rutinas y, al mismo tiempo, habilitar aprendizajes sin la presión institucional. La lógica es simple: en la mesa se aceptan reglas, se toman decisiones y se atraviesan errores en un entorno acotado, con tiempos definidos y con interacción cara a cara, en contraste con consumos más pasivos.

Para Daniel Alemany, profesor y licenciado en Psicopedagogía, el juego crea un territorio particular porque las reglas se asumen por deseo propio y no por imposición externa. En ese “refugio lúdico”, el error cambia de sentido: deja de operar como estigma y pasa a ser parte del proceso para ajustar una estrategia. “A diferencia del aula, donde muchos estudiantes se sienten expuestos o con vergüenza de plantear sus dudas, en la mesa de casa el error se naturaliza de inmediato”, indica Alemany.

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El especialista vincula esa dinámica con el juego de reglas, en línea con aportes de Jean Piaget: equivocarse se vuelve un paso necesario para probar otra táctica en la jugada siguiente. Ese aprendizaje también se conecta con el entrenamiento de funciones ejecutivas, un conjunto de habilidades asociadas al autocontrol y la adaptación a cambios. “El juego activa de manera orgánica funciones ejecutivas esenciales, como frenar un impulso antes de actuar o flexibilizar una estrategia cuando el tablero cambia de rumbo”, señala.

Desde Devir Argentina, el Marketing Manager Juan Del Compare pone el foco en el diseño de estos juegos y en su contraste con la experiencia frente a pantallas. “Frente a una pantalla, el chico recibe un estímulo pasivo y muy veloz. En un juego de mesa ocurre todo lo contrario: hay que esperar turnos, pensar estrategias, mirar al otro y aceptar que no siempre las cosas salen como uno espera”, afirma.

Del Compare destaca, en particular, mecánicas asociadas a los Eurogames, donde el azar se reduce y la toma de decisiones gana protagonismo. En esa lógica, aparece la “cultura del error”, entendida como la posibilidad de identificar con claridad qué decisión llevó a un resultado y qué corregir en la próxima partida.

Además de lo cognitivo, el juego en familia suma un componente social ligado a la convivencia escolar: negociar, competir, respetar turnos y sostener reglas compartidas. “Lo más interesante es que cuando empieza la partida desaparecen las jerarquías. En la mesa no hay padres ni hijos: todos son jugadores bajo las mismas reglas”, agrega Del Compare.

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