El crédito aparece como uno de los principales condicionantes para la recuperación de la actividad, en un contexto en el que conviven medidas puntuales de financiamiento con una política monetaria restrictiva. Ese es el eje del artículo de la Fundación Mediterránea titulado “El Gobierno admite que falta crédito, pero sigue el rigor monetario”, un informe realizado por Jorge Vasconcelos.
El trabajo ubica en primer plano una serie de medidas anunciadas recientemente: nuevas líneas hipotecarias, préstamos en dólares para empresas no exportadoras y financiamiento para vehículos. En el análisis, esas iniciativas funcionan como señal de que existe una restricción crediticia, aunque su alcance se considera acotado ante dos factores que se retroalimentan: el estancamiento del crédito y la menor liquidez de la economía.
Crédito y actividad
Uno de los puntos centrales del artículo es que “el crédito privado sigue sin despegar”. El texto sostiene que el stock de préstamos permanece estancado en relación con el PIB, y que la falta de financiamiento tiene un impacto mayor en sectores intensivos en empleo.
En esa enumeración aparecen, de manera explícita, comercio, transporte, industria y construcción. El planteo es que, con un volumen de préstamos que no crece en términos relativos, la disponibilidad de fondos para sostener el nivel de actividad se vuelve un límite para la recuperación.
Rigor monetario y liquidez
El segundo eje se apoya en la continuidad de una política monetaria definida como “muy restrictiva”. El artículo precisa que, entre enero y agosto, “solo 22 de cada 100 pesos emitidos por compras de dólares quedaron circulando en la economía”. En el mismo tramo, se indica que el M2 privado y la Base Monetaria continuaron reduciéndose en términos del PIB.
La lectura del informe asocia ese comportamiento con una menor disponibilidad de liquidez, en un escenario donde el crédito no logra expandirse. En la práctica, el diagnóstico combina dos planos: un sistema de préstamos que no se expande en proporción a la economía y una dinámica monetaria que limita la circulación de pesos.
Como tercer punto, el trabajo sostiene que la salida requiere recomponer liquidez sin abandonar el objetivo de desinflación. En esa línea, propone avanzar hacia un esquema monetario “más sofisticado”, con mayor previsibilidad sobre las tasas y condiciones que faciliten la refinanciación de deudas y la recuperación del crédito.












